Votar blanco/nulo o botar lo nulo

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Nathalie Schwartz / Economista

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Frente a una clase política que se burla del clamor ciudadano y que no es capaz de emprender el camino de las reformas necesarias para vislumbrar un país diferente y de derechos, la apatía social es cada día más fuerte y el voto blanco/nulo representa un hartazgo de cara a un sistema poco democrático, mínimamente representativo y generador de un modelo desigual y corrupto.

La clase política es experta en culpabilizar, incriminar y condenar. Pero incapaz de responsabilizarse, comprometerse y garantizar finalmente un mayor bienestar para la mayoría. Buscar culpables evita asumir responsabilidades y da la sensación de que se ha resuelto un problema o que se podría resolver un problema si se descarta al culpable.

La campaña electoral está llena de abrazos, promesas, donaciones y publicidades tramposas. Carece de verdaderos cuestionamientos y efectivas respuestas para poder transformar al país.

Existen muchos problemas en el país que también son tabúes, dependiendo de los partidos políticos. Al final, los partidos políticos se ponen de acuerdo en algo: dejarlos tales cuales. La corrupción, el nepotismo, la evasión/elusión fiscal, la formalización de la economía, la cantidad de diputados (84), municipios (262) y sobre todo de empleados en la Asamblea Legislativa (2227), las leyes engavetadas (ley de la función pública, ley de aguas, etcétera), el hacinamiento carcelario, la inseguridad creciente, la falta de oportunidades educativas y laborales, el sistema de salud deficiente, las necesarias depuraciones de algunas instituciones del Estado, etcétera, comparten algo en común: nunca se resuelven.

Frente a una irresolución no sancionada y una responsabilidad compartida no aceptada, los resultados son muy desalentadores. Y nos toca ir a votar el próximo 4 de marzo, desesperanzados por un verdadero cambio.

Votar blanco se define en la Constitución como una expresión de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos. Si el voto blanco gana por mayoría absoluta (50 % más 1), las elecciones deben repetirse y sin los mismos candidatos.

Para los desencantados por los partidos políticos y cansados de ver las mismas caras una y otra vez, es una fantasía que conllevaría a obligar a los partidos políticos presentar otros candidatos. Un borrón y cuenta nueva.

Aunque esa perspectiva representa una gran ilusión para algunos, el voto blanco no tiene posibilidad de ganar por mayoría. Incluso si ganara, no es fehaciente que los partidos políticos propongan, en una segunda terna, una planilla con candidatos competentes, probos, íntegros y enfocados en el bien común.

Votar blanco/nulo es una opción, pero botar lo nulo y votar por candidatos que nos parecen más adecuados es otra opción. Botar a los que se han lucrado del Estado, que no han servido los intereses de la mayoría, que han frenado las necesarias reformas tan indispensables para el país, a los que nunca dieron los resultados esperados. Y votar por una o varias caras, de manera cruzada o no, para vislumbrar un cambio, aunque este parezca utópico. Y a pesar de que no exista seguridad alguna en cuanto al futuro desempeño de la o las caras escogidas. Abrir la página web del TSE antes del 4 de marzo, ver el listado de los candidatos y escoger con base en la información que se pueda recaudar sobre los candidatos.

Seleccionar a uno o varios candidatos con la esperanza de que la renovación sea realmente positiva y no sea únicamente una renovación de caras.

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