Vuelven las promesas II

El país ya no puede seguir sobreviviendo, requiere de un renacimiento impulsado por trabajo y no por discursos.
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Rafael Rodríguez Loucel / Decano de la Facultad de Maestrías, UTEC

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La campaña política se inició con la mención de precandidatos, resultados de encuestas y entrevistas a aquellos ciudadanos que tienen la obsesión de detentar el poder gubernamental y que en el presente se observan en una galería de fotos “que adornan nuestras calles”, en un país que se destaca por la carencia absoluta de intencionalidad, en los tomadores de decisiones, de alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar colectivo.

Es triste una campaña política en circunstancias en las cuales las clasificadoras de riesgo argumentan que la evaluación baja del país es en gran parte “por la extrema polarización política” y la carencia de acuerdos sustanciales. El temor de un bipartidismo a ultranza contrarresta esfuerzos aislados y patrióticos de salvadoreños que quieren vivir en paz, trabajando, pagando sus impuestos y ser la solución y no el problema.

Esos que han procurado una vida con propósito no les ha agradado la ansiedad de algunos que quieren disfrutar a placer de las arcas nacionales a perpetuidad. Sobre todo en un país de continuo bajo crecimiento económico y una inequitativa distribución del ingreso, por lo que el despilfarro, el robo y la corrupción resultan ser ofensas, en un país en retroceso integral, con una inmensa mayoría sobreviviendo.

Se escucha el clamor de búsqueda de un líder con mucha capacidad, aunque por el evidente problema cultural pareciera que lo que se necesita es un tirano, de esos que han existido en países pequeños y pobres, hoy en día disputando los primeros lugares en desarrollo.

Más que exclamaciones vanas y discursos pletóricos de promesas, el país requiere de una generación ambiciosa, con empresarios y políticos honestos para aspirar en los próximos veinticinco años a un nuevo El Salvador. El país ya no puede seguir sobreviviendo, requiere de un renacimiento impulsado por trabajo y no por discursos, por mayor producción y no por promesas de plaza, por competitividad y no por un trillado léxico.

Según la reciente encuesta del CIOPS-UTEC, “el 45.4 % de los entrevistados considera que los actuales diputados de la Asamblea Legislativa legislan a favor de intereses personales y el 28.1 % a favor de intereses políticos; 10.4 % a favor de intereses empresariales. Solo 11 % está legislando a favor del pueblo. También se preguntó sobre la corrupción y el 91.5 % declaró que este fenómeno existe en todos los órganos del Estado: Judicial, Legislativo y Ejecutivo”.

Señores políticos, jóvenes de la nueva generación, “por enésima vez”, sean el cambio. Los paisanos retornan de EUA, la ayuda externa se extingue. Un renacer requiere urgentemente el país; recuerden que hasta ahora no se han concretado cambios fundamentales que requieren los problemas estructurales. Los políticos añejos solo han cambiado frecuentemente... de opinión.

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