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¿Y ahora qué?

Ganaron los republicanos en Estados Unidos, país de destino del 50 % de las exportaciones, del origen del 50% de los flujos netos de inversión extranjera directa que ingresa a El Salvador y de gran parte de las remesas familiares, que suplanta a cualquier rubro de exportación con creces y concretamente representan el 16 % del PIB. EUA es ni más ni menos el lugar donde residen 2.1 millones de salvadoreños.
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Los impactos pueden ser negativos o positivos, el tiempo se encargará de dar la respuesta, lo que me preocupa es que en este país suceda lo que suceda, abundan los inmutables, a pocos les preocupa lo que acontece en el mundo, en EUA y las posibles repercusiones en el país por ser este absolutamente dependiente. La ignorancia de la mayoría induce a pensar que es por este factor que dicen que todo seguirá igual. En fin, nada remediamos con preocuparnos es una expresión que se escucha con frecuencia. Yo quisiera tener la misma actitud, pero no pertenezco a esa categoría.

Exaspera la absurda polarización política del país que contribuye a que no se haga nada, a pesar de que todos los demás países de Centroamérica, incluyendo Panamá, superan a El Salvador en crecimiento económico. Este último desde hace varios años no alcanza el nivel del 3 %; también registra menores niveles de inversión extranjera directa y ha sido objeto de una reducción importante en “su nota”, por las calificadoras de riesgo mundialmente reconocidas, altamente influenciada por esa dañina y absurda polarización.

La pregunta del millón: ¿será que ante la perspectiva de repatriación de salvadoreños y el posible retorno de inmigrantes desocupados en el futuro próximo y de la reducción de los niveles de remesas familiares, los políticos, que son un porcentaje bien bajo de la población, se mantengan haciendo daño a una sociedad con sus actitudes egocéntricas y a la mayoría de la población desencantada de ellos. Conservarán esa actitud: “no a un acuerdo nacional” más estratégico que nunca, coyunturalmente hablando?

Será que los políticos se harán los desentendidos ante una posible política intolerable a la inmigración por parte de EUA o desconocen la incidencia que tiene la política Monetaria de la Reserva Federal y de un posible giro en la cooperación internacional. Estarán preocupados por la posibilidad de algún cambio o suspensión de los acuerdos de libre comercio. Intuirán que la economía salvadoreña es una de las más expuestas en Latinoamérica a mayores riesgos, sospecharán que esta podría ubicarse entre las cinco primeras más vulnerables. No sé si los políticos tienen una versión menos negativa en vista de su aparente positivismo que justifica su irracionalidad.

Yo desearía que la lógica predominara y que la razón prevaleciera y que no se impongan el egoísmo, la soberbia y los pensamientos tóxicos, que al parecer están prevaleciendo en los líderes de los países considerados poderosos. Con más razón disfrutaría que en los países pobres con incapacidad productiva para generar puestos de trabajo con mayor ritmo que su tasa de natalidad, se impusiera, “en los tomadores de decisiones”, el sentido común. También desearía que una práctica de deportaciones masivas fuese una pesadilla o simplemente el título de un libro de García Márquez: “Crónica de una muerte anunciada”.

Ojalá que los enunciados racistas, antiinmigrantes, xenofóbicos y sexistas no pasen de ser pensamientos y declaraciones emotivas y que el viento se encargue, como lo hace con las cenizas, de disiparlos.

Pero lo anterior es bien exógeno, lo endógeno y por ende factible es el comportamiento patriótico y la racionalidad de los políticos salvadoreños.

Tags:

  • elecciones
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