Lo más visto

Más de Opinión

Y después de la alternancia... ¿qué sigue?

En términos políticos, en los últimos cincuenta años y hasta el día de hoy, la sociedad salvadoreña ha dado muestra evidente de su capacidad de obediencia y apego al libreto histórico de la evolución democrática.
Enlace copiado
Y después de la alternancia... ¿qué sigue?

Y después de la alternancia... ¿qué sigue?

Y después de la alternancia... ¿qué sigue?

Y después de la alternancia... ¿qué sigue?

Enlace copiado


Hemos pasado por una preguerra, una guerra político-militar y luego nos sumergimos en un largo período de transición denominado posguerra para instaurar la tan ansiada y mentada democracia, pero del que ya no se atina si es eso o una guerra social en proceso de convertirse en una peligrosísima anarquía.

A lo largo de los últimos cinco lustros de nuestro proceso histórico, los salvadoreños hemos experimentado y sido testigos del montaje, estructuración y reacomodos de un sistema político partidario que a decir verdad se ha limitado a existir en su propio mundo y de acuerdo con sus propios intereses; pero que no ha sido de mucha utilidad al país en lo relativo a concebir, diseñar, producir y desarrollar las condiciones favorables y propicias para su verdadero desarrollo social y su real crecimiento económico. La deuda en estos aspectos de parte de los partidos políticos es mucha y está a la vista.

La última gran aventura histórica experimentada por El Salvador en torno a fortalecer su democracia fue haber conseguido la alternancia político partidaria en el ejercicio del poder; pero la lección aprendida de esta vivencia no ha resultado ser un hecho político trascendente y beneficioso para el país. Y si resumimos y analizamos todas las experiencias de gobierno que hemos tenido en estos últimos veinticinco años, podemos preguntarnos: ¿Y de qué ha servido todo este proceso para el progreso real de nuestra Nación?... Pues ciertamente, no de mucho. Los indicadores relativos a la prosperidad están quietos.

La conciencia ciudadana nos dicta que hay que decir la verdad y bajo el estricto apego a la realidad comprobada. Por eso, es preciso señalar que en los últimos tiempos, El Salvador ha tenido gobiernos que no han funcionado bien como motores de superación constante para el pueblo y mejora continua para el país en su conjunto. Y más lamentable aún, es que en los últimos lustros hemos tenido una saga de presidentes trastornados, que a la postre han resultado ser sujetos hedonistas, nihilistas, materialistas, ambiciosos y cultores de corrupción y nada más. Los anales periodísticos así lo registran. Lo que menos han tenido es la compostura de verdaderos estadistas. Resultaron personas a quienes la investidura presidencial les quedó demasiado grande. Su triste paso por la historia nacional no les consigna el mérito de haber legado trascendentales beneficios y aportes a la evolución y el progreso del país.

A estas alturas, los salvadoreños ya probamos casi de todo en materia de vivencias políticas. Y lo que hemos experimentado desafortunadamente ha sido desastroso, lo confirma la triste y angustiante realidad que nos rodea.

Cabe entonces preguntarnos: Y después de la alternancia... ¿Qué sigue? Talvez, quizá... pasar de la democracia representativa a la construcción de la talvez y quizá “salvífica” democracia participativa. Probablemente y a lo mejor dentro de esa anónima y extensa ciudadanía se halle la reserva patriótica, técnica, moral y política que el país requiere para recuperar las esperanzas fallidas de un mejor futuro para el pueblo y su posteridad... Será cuestión de averiguarlo. Lo que sí se percibe como paso evolutivo siguiente es la urgente necesidad de que la ciudadanía se organice y se vuelva protagonista de la construcción de su propio destino. Este es el nuevo reto nacional.

Tags:

  • democracia
  • alternancia
  • corrupcion
  • ciudadania

Lee también

Comentarios