¿Y entonces qué hacemos?

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Decano de la Facultad de Maestrías de la UTEC “No se percibe un líder” y “Definitivamente no hay líder” son encabezados de sendos artículos que el suscrito preocupado de la problemática país y por la apatía de sus habitantes decidió hacerlos. También porque quienes toman las decisiones, por su poder económico o político, no dan indicios de que las tomarán. La campaña proselitista, como siempre disfrazada, ya empezó y el que hable o comenta algo diferente está fuera de libreto del drama de las elecciones.

Hay todavía opciones: Seguir exponiendo como buen ciudadano propuestas de accionar obvio y básico para el normal desarrollo del país, señalamientos específicos de anomalías en el accionar institucional o engrosar las filas de esos apáticos que han prometido no complicarse. Me agrada escribir, sentirme útil y tener algún grado de participación ciudadana. Lo que sí procuro es mantener una posición apartidista y no hacer señalamientos de personas naturales o jurídicas con nombre, apellido o razón social; mucho menos sin pruebas fehacientes.

En tal sentido tengo preferencia marcada por demandar, en forma reiterada, la realización de acciones que no se ejecutan y que son básicas para el desarrollo normal de un país, al prevalecer obviamente intereses particulares. Pareciera que las exigencias país y la apatía ciudadana reclaman de la existencia de un individuo con cualidades y poder inexistente en el presente, que pueda obligar acciones necesarias e impostergables para la viabilidad país.

Ese personaje tendría que exigir de sus colaboradores resultados obvios y tangibles. Acabar con la violencia, la corrupción, el robo, la indisciplina, la improductividad, la incultura, etcétera. Todos queremos que alguien acabe con estas placas que moldean el perfil de nuestra sociedad, pero los apáticos abundan. Al acudir al antecedente país y mundial todo apunta que solo un tirano (bueno, por supuesto) de esos que han existido en muchos países, incluso el nuestro, podría acabar con estos males. Pero ese personaje no existe: ¿y entonces qué hacemos?

A un amigo le preguntaba: ¿Qué hago para estar con Dios? Y me respondió: “Pórtate bien”. En una especie de parangón, si queremos que el país se aproxime a algo parecido a un paraíso terrenal y no tenemos un auténtico líder, ¿qué hacemos? Bueno, entonces seamos parte de la solución y no del problema. La sumatoria de ese buen comportamiento será la fórmula mágica. Todos y cada uno de los ciudadanos de un país llevamos un niño bueno, un líder, un maleante, un criminal, etcétera. Depende de lo que predomine de nuestras actitudes. Juntos lograremos un país decente o nos autodestruiremos.

De nuestra particular decisión y de la que predomine dependerá el futuro del país. Esa decisión podría resultar más clave que el culto a la personalidad y las reiteradas elecciones.

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