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Y la carta número tres...

Con la tercera carta de Luis Almagro a Nicolás Maduro se consolida un muro que difícilmente podrán saltarse los gobernantes latinoamericanos con inclinaciones totalitarias.
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Las dos primeras misivas del secretario general de la OEA al presidente venezolano surgieron durante el proceso electoral de 2015 en el que finalmente se impuso la oposición política al obtener la mayoría de diputados en el Congreso. En la primera epístola el excanciller uruguayo reclamó al sucesor de Hugo Chávez por no garantizar la seguridad de los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y debido a la falta de equidad en la competencia electoral. La segunda correspondencia se presentó con posterioridad a los comicios cuando Maduro hizo todo lo posible por trastocar la voluntad popular surgida de las urnas al desconocer los resultados que favorecían a sus opositores.

Y esta semana llegó la carta número tres. Algunas de las imputaciones más significativas que el secretario general hizo a Nicolás Maduro son las siguientes: “No soy traidor. No soy traidor ni de ideas, ni de principios, y esto implica que no lo soy de mi gente. (...) Pero tú sí lo eres, Presidente, traicionas a tu pueblo y a tu supuesta ideología con tus diatribas sin contenido”. “Debes devolver la riqueza de quienes han gobernado contigo a tu país, porque esta pertenece al pueblo”. “Debes devolver los presos políticos a sus familias”. “Nunca podrás devolver la vida a los niños muertos en los hospitales por no tener medicinas, nunca podrás desanudar de tu pueblo tanto sufrimiento, tanta intimidación, tanta miseria, tanto desasosiego y angustia”. “Que nadie cometa el desatino de dar un golpe de Estado en tu contra, pero que tú tampoco lo des”. “Tú tienes un imperativo de decencia pública de hacer el referéndum revocatorio en este 2016”. “Negar la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir, te transforma en un dictadorzuelo más”.

De acuerdo con el artículo 72 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, “todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario, un número no menor del veinte por ciento de los electores inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de referéndum para revocar su mandato”. El referéndum revocatorio es un mecanismo de democracia directa, del tipo reactivo, que los ciudadanos tienen el derecho de invocar, si la Constitución del respectivo Estado lo consigna y cuando se cumplen los requisitos establecidos en la ley.

A diferencia de Hugo Chávez, su antecesor y mentor, quien también fue sometido a una consulta de este tipo en agosto de 2004, Nicolás Maduro está haciendo uso de todo el poder que le otorga la presidencia para evitar un “examen popular” de su gestión que seguramente reprobaría y terminaría de forma anticipada con su mandato. Por este motivo el inquilino del Palacio de Miraflores está rompiendo el orden constitucional decretando un “estado de excepción y de emergencia económica” con el que pretende intimidar a los ciudadanos y a la oposición política venezolana para que desistan del derecho que el mismo “Chavismo” introdujo en la Constitución de 1999.

Lo correspondiente ahora mismo es activar la Carta Democrática Interamericana, que la OEA aprobó en 2001, para que las recriminaciones de Almagro no se interpreten como un asunto personal cuando los atropellos a la institucionalidad y a los derechos de los venezolanos saltan a la vista, arriesgando la estabilidad política y principalmente la vida de los que rechazan al régimen vigente, el cual, según el expresidente uruguayo José Mujica, está presidido por alguien “más loco que una cabra”.

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