Y la persecución comenzó: (2ª parte) la política...

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José Miguel Fortín Magaña

José Miguel Fortín Magaña

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Hace 15 días hablábamos de la persecución religiosa que los cristianos viven en el mundo; algunas veces brutal, como en Asia o África; y otras velada, como en Latinoamérica y en El Salvador; y comentábamos que hoy hablaríamos sobre la persecución política. Una serie de eventos recientes en Suramérica, así como la actitud de varios de nuestros políticos criollos, nos hace suponer que el tema en cuestión no es una mera suposición para el futuro, sino una dramática realidad, ya vigente entre nosotros.

Lo triste es que no solo nos estamos refiriendo a los terribles acontecimientos que acaso pueden vivir los cubanos desde los 1960 o a la caótica historia de regímenes dictatoriales que casi todo el subcontinente tuvo durante el siglo XX. Lo triste es que el caudillismo, que es hijo de los Partidos políticos corruptos, ha aparecido en formas diversas desde Venezuela hasta Nicaragua; y hoy se apodera de México y de El Salvador; en donde los que son mayoría se sienten con la fuerza para intentar acabar con cualquiera que disienta; y los gobernantes se pavonean creyéndose intocables, con el silencio cómplice de las fuerzas que se suponía representaban a aquellos que no lo estaban en el Gobierno.

Nuestro país está perdiendo a pasos agigantados la posibilidad de mantenerse en democracia y los matones del presidente ya vociferan sobre la posible reelección de su líder, aun cuando esto ni siquiera debería discutirse por ser absolutamente inconstitucional y protegido por las cláusulas pétreas contenidas en la Carta Magna; pero lo mismo pasaba en Nicaragua y Honduras, o en la Bolivia de Morales; y sus presidentes encontraron formas para reelegirse.

Hoy el grito de batalla del califato del nuevo signo es destruir a todos los que disientan; sean Partidos o personas, atacando a cualquiera que se les oponga, con la furia propia de una jauría de zombis, hasta que el miedo paralice a sus adversarios y terminen aceptando todo lo que el gran visir desee; como acaba de ocurrir recientemente cuando la mal llamada oposición, con la excepción de un instituto político, terminó aprobando un presupuesto lleno de vacíos e inconsistencias, que será la soga con la que ellos mismos se ahorquen (como lo comentaba recientemente el distinguido analista don Marvin Portillo).

Claramente hay personas que se nutren del gobierno y aplaudirán por tanto, todo lo que este haga; hay además muchos que optan por no pelear con quien tiene el Poder y prefieren repetir como ciertas las fábulas que el presidente de turno invente; y hay además, quienes por mezquinos intereses, como en el caso de Managua (pero ya también aquí en El Salvador), establecen una especie de acuerdo tácito con el régimen, el que permite hacer negocios a cualquiera, siempre y cuando no se metan en política y callen delante de cualquier desmán.

Pero esta gente olvida que el diablo paga mal a quien bien le sirve; y que tarde o temprano, igual que como ocurrió en otros países, si la dictadura se establece, se perderán todos los derechos; y por tanto, no solo es lícito preguntar quién pagó el viaje de Osiris Luna, sino también, quién paga las ausencias del ciudadano presidente y de su esposa y de su hija y de la niñera y de la enfermera y los ayudantes y del séquito que los acompaña; porque en una democracia, en una verdadera, los gobernantes tienen la obligación de dar cuentas al Pueblo y no pueden simplemente mandar a sus esbirros para que descuarticen mediáticamente a quienes no opinan igual.

La persecución política ha comenzado.

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