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¿Y la unión centroamericana?

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José Roberto Osorio

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Contrastando con el panorama que prevalecía hace pocos días, LA PRENSA GRÁFICA ha informado en sus páginas noticias recientes y esperanzadoras acerca de la unión centroamericana. En efecto, se conoce que los presidentes de Guatemala y El Salvador han llegado a importantes acuerdos, que falta concretar, pero que podrían abrir una nueva etapa en las relaciones entre países de la subregión y particularmente entre los ya mencionados.

Ambos países tendrán cielos abiertos tras la firma de un convenio bilateral que en esencia permitiría abaratar el costo de los vuelos y que se manejen como nacionales, es decir, considerarlos como vuelos domésticos.

Otra destacable decisión es eliminar las aduanas entre los dos países. El presidente de El Salvador ha expuesto que espera resultados en unos 30 días.

Estos pasos agigantados contrastan con la situación que se había configurado anteriormente, en la que se observaban incluso retrocesos en los tímidos avances logrados hasta esas fechas.

Por ejemplo, desde 2017, el gobierno de Nicaragua implantó el trámite de "Información anticipada para el Ingreso y Egreso organizado, ágil y seguro a Nicaragua de visitantes de otras Nacionalidades".

Estas medidas se decidieron a pesar de que en la Constitución de Nicaragua, el art. 5 establece: "Nicaragua privilegia la integración regional y propugna por la reconstrucción de la Gran Patria Centroamericana". Asimismo, el art. 9 reza: "Nicaragua defiende firmemente la unidad centroamericana, apoya y promueve todos los esfuerzos para lograr la integración política y económica y la cooperación en América Central, así como los esfuerzos por establecer y preservar la paz en la región".

De igual manera, las disposiciones migratorias comentadas van en contra del Convenio Centroamericano de libre movilidad o CA-4, firmado en junio de 2006 por cuatro de los países del norte de América Central (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua), que establece la libre movilidad entre los ciudadanos de los países firmantes sin restricciones adicionales más que sus documentos de identidad nacional.

En esa época, las autoridades en El Salvador solo recomendaron: "Si no es necesario viajar a Nicaragua, no lo haga".

El gobierno de Honduras reaccionó estableciendo la misma medida desde noviembre de 2018, aplicable a los nicaragüenses que pasan por su territorio ya sea por turismo o por tránsito. La medida en términos "diplomáticos" se estimó recíproca a la establecida por Nicaragua a los hondureños desde enero de 2017.

Frente al panorama anterior, en ese momento, algunas voces se preguntaron: ¿Será que volveremos a la noche oscura de los años ochenta en pleno siglo XXI? Pues, por el bien de la población, pero no de aquellos de la mezquindad política y revanchista, que solo cuando les conviene hablan de la unión centroamericana"; agregando: "Se espera que no volvamos a ser el complemento perfecto de la intolerancia, la miopía económica la que desgraciadamente tienen aún algunas cabezas políticas en la región, pisoteando el derecho de los pueblos hermanos centroamericanos".

Las medidas migratorias que dificultan el libre tránsito desentonan con declaraciones y otros acuerdos de migración y desarrollo, pero cabe reiterar que las novedosas y recientes medidas bilaterales acordadas por los gobernantes de Guatemala y El Salvador podrían incidir para que otros países, que no están bajo el yugo de una dictadura, se sumen a las iniciativas, creándose un marco favorable para una firme y duradera integración de los pueblos de América Central.

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