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¿Y los dientes hablan?

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Médico neumólogo pediatraA medida que la distancia entre ricos y pobres aumenta en nuestro país, pocas consecuencias han sido tan ignoradas como la humillante brecha en el cuidado dental. ¿Por qué atractivas mujeres y hombres guapos han escondido por años sus sonrisas con sus manos? Nuestro país está tan dividido entre personas afluentes y personas con dificultades para obtener aún lo más básico para vivir dignamente –incluyendo para visitar al dentista. Y los dientes son señales visibles, que hablan de esa agobiante pobreza.

La gente pobre depende de clínicas dentales públicas y salas de emergencia de hospitales para tratar dientes dolorosos y descuidados. No pueden pagar costosos rellenos y coronas dentales, muchos simplemente piden que les extraigan los dientes. Con 50 % de nuestra población viviendo en extrema pobreza, es fácil estimar que casi 1 de 2 salvadoreños mayor de 60 no tiene tan solo un diente natural. En contraste, salvadoreños afluentes gastan –cada año– cantidades de dinero para tener sus dientes más blanquitos.

Dientes blancos y derechos están asociados con éxito social –casi todo el mundo en la TV o con buen trabajo los tienen. Gente paga cientos de dólares por diente para ocultar mínimas imperfecciones. Mientras miles de hombres y mujeres salvadoreñas que trabajan arduamente no tienen dinero para pagarle al dentista. Esa brecha es por lo que personas de bajos ingresos continúan quejándose de esa creciente disparidad con la gente afluente.

En zonas rurales –donde residen los más pobres– incluso el agua está contra ellos. Muchos hogares dependen de agua de pozo, la cual no contiene floro. Un amigo dentista recientemente comentaba: “Los problemas dentales que vemos en campesinos son absolutamente horribles”. A nivel nacional, miles de salvadoreños no están conectados a un sistema de agua potable con floro y por lo tanto no se benefician de lo que es considerado uno de los grandes avances en salud preventiva.

Personas con infecciones y dolores bucales acuden a hospitales con problemas atribuidos a falta de cuidados dentales; pero las salas de emergencia no están equipadas para solucionar problemas dentales. Médicos en estas salas solo les recetan antibióticos y analgésicos, creando así un círculo vicioso.

El uso creciente de medicamentos está arruinando aún más los dientes. Muchas medicinas causan sequedad de la boca, que produce mayor formación de cavidades. Cuando mi amigo comenzó su práctica dental hace 35 años, personas tomaban menos medicinas que las que –a menudo– innecesariamente toman al presente.

San Salvador tiene la mayor concentración de dentistas en el país y muchos ofrecen servicios de alta escala en lujosas oficinas. Miles de salvadoreños, por el contrario, viven en zonas con escasez de dentistas. Tenemos menos dentistas donde la necesidad es mayor. ¡La odontología no es para los pobres! ¡Dentistas no andan a caballo! El Gobierno debe explorar posibilidades que atraigan dentistas a ejercer en áreas necesitadas.

Algo más: dentistas recién graduados tienden a establecer prácticas individuales en zonas afluentes, donde tienen mejor oportunidades de hacer dinero para cubrir gastos de clínica incluyendo costoso equipo dental. Esos gastos son pasados al paciente. Si estos dentistas practicaran en grupos, esto daría oportunidad para establecer servicios dentales en áreas necesitadas y a precios razonables.

La urgencia de crear un sistema nacional de seguro médico-dental para atender los problemas de salud de nuestra enorme población pobre no necesita enfatizarse más.

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