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Y se acabó...

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Tal como está el mundo, tan revuelto y podrido parecería que llegaría castigo o justicia. Un Dios ya cansado con cada generación, sin embargo por iluminación del Espíritu Santo el papa Francisco anunció un año de la Misericordia. Un año que ya terminó y que debió tomarse en serio, que debió aprovecharse al máximo, sacándole el jugo.

Pero, esto me llevó a pensar lo que decía un sacerdote: “Dios es justicia, y la puerta del cielo es angosta”. Pero por otro lado me decía otro sacerdote: “Dios es amor, es tan misericordioso que quiere que todos se salven”.

¿Entonces? en Dios ¿cómo se combinan la misericordia infinita con la justicia, también infinita? ¿Deja Dios de ser justo siendo infinitamente misericordioso?

Lo que pasa es que no hay “combinación”, sino “identificación”: misericordia y justicia forman parte del mismo amor de Dios, porque es un amor que perdona (la misericordia perfecciona la justicia).

Nosotros los hombres apenas entendemos esto porque practicamos poco el perdón: nos cuesta pedir perdón y nos cuesta perdonar.

Precisamente, el sacramento de la penitencia –el sacramento de la Misericordia– nos permite captar (un poco) la realidad del pecado a la luz de la Misericordia infinita de Dios. La lógica humana nos hace entender que ante algo malo, le sigue su consecuencia. Sin embargo, ante algo gravísimo Dios siempre nos perdona.

Por eso diría yo, sin error a equivocarme, que el perdón es algo de lo que gozamos los cristianos. Una de las imágenes más paradigmáticas del perdón cristiano es la acogida de Jesús ya en la Cruz al ladrón arrepentido. En son de broma se dice incluso: ¡ladrón, que hasta el cielo robó!

Él le dice a Jesús: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Y Él le respondió: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Este buen ladrón reconoce que merece estar en el suplicio, es decir, aquella la justicia humana que Pilatos ha sentenciado justamente. Sin embargo, la Justicia divina –Cristo como Juez– lo eleva al cielo, y se lo garantiza antes de morir. ¿Hubo algún error? No, simplemente que el amor divino es excelso porque incluye el perdón cuando se acepta el perdón.

Y así vemos cómo Dios quiso que el hombre fuera un ser infinitamente más grande que las demás creaturas, “alguien” y no “algo”, alguien capaz de calentar y de alegrar su tan sensible corazón de Padre, de sorprenderle, de tratar de competir con Él en generosidad, cariño y ternura.

Porque, con solo saber que Él nos ama debemos tener una alegría singular que le da sentido a nuestra vida. Ya que la agonía física, biológica, natural de un cuerpo (por hambre, por sed o por frío) dura poco, muy poco y es saciada en lo temporal. Pero la agonía del alma insatisfecha dura toda una vida, y solo el “amor maravilloso de Dios” la puede saciar.

Tags:

  • dios
  • mundo
  • justicia
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