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¡Ya basta, farsantes!

Vivimos en una dictadura infame que ya se despojó desde hace varios meses de cualquier ropaje de democracia y que persigue a sus opositores, disfrazando la cacería con el mote de combatir la delincuencia, pero encarcelando a tantos o amenazando a más, habiendo muerto más de 50 personas en manos del Estado.

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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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¡Ya basta, farsantes!

Debo confesar que estar poniendo el dedo en la llaga, intentando que los salvadoreños abran los ojos delante de un régimen corrupto que miente continuamente e improvisa, endeudándolos, algunas veces me cansa, ante la aparente pasividad de la mayoría. Y cansa más estar recibiendo insultos y amenazas todo el día, por parte de los matones que siguen al presidente; así que de vez en cuando, como sucedió hace 15 días, decido escribir sobre algún tópico diferente o con una óptica más analítica; pero en esta tierra nuestra, gracias al quehacer del clan bukele, da lo mismo; porque los seguidores del sátrapa, igual maldicen y amenazan, dado que no leen (puesto que no saben, o si lo hacen, no entienden).

Hoy vuelvo a la carga, después de medio mes de descanso, para señalar nuevamente los abusos del poder, y aplaudimos el valor de tantos otros que también se expresan contra el opresor; no porque sean movidos por intereses mezquinos, sino por el deseo intrínsicamente humano de la justicia, manifestándose por quienes no tienen voz y pierden sus más elementales derechos, incluso la vida. Bravo por Cristosal, y por la Compañía de Jesús desde la UCA; bravo por el Pastor Mario Vega y por las iglesias cristianas, católica y evangélicas que se oponen con arrojo al opresor; bravo por las ONG independientes y por los periodistas incómodos; bravo por los pocos medios de difusión que no se han vendido, que como LA PRENSA GRÁFICA, son valientes para informar al Pueblo; bravo, al fin, por todos los salvadoreños de bien, que siguen enarbolando la bandera de la libertad y que desde sus casas o en la plaza pública alzan la voz de la conciencia.

Vivimos en una dictadura infame que ya se despojó desde hace varios meses de cualquier ropaje de democracia y que persigue a sus opositores, disfrazando la cacería con el mote de combatir la delincuencia, pero encarcelando a tantos o amenazando a más, habiendo muerto más de 50 personas en manos del Estado, y provocado la migración forzada de gran cantidad de acosados políticos, incluyendo en este conjunto a viejos adversarios y a jóvenes desprotegidos que migran en busca de horizontes mejores, donde las pandillas por un lado y la policía por el otro les deje ser y desarrollarse sin trabas o amenazas.

Todo el aparataje estatal se encuentra hoy a disposición del sultán; y desapareció hace tiempo la seguridad jurídica o una fiscalía independiente. Los niveles de cinismo son inauditos, como cuando el líder de estos facinerosos llamó malditos a quienes negociaran con los delincuentes de las maras, pero olvidó convenientemente que él mismo lo estaba haciendo, según informó el periódico "El Faro".

Y hoy, recientemente, en tanto ponen a un payaso a reportar una supuesta violación contra el tránsito de una acera, por un moderno edificio perteneciente a una honorable familia, enemiga del sultán simplemente por el capricho del acomplejado presidente, hoy deciden clausurar su apertura porque sí, sin competencia para hacerlo por el Ministerio de Obras Públicas, cuando fue el mismo bukele quien firmó como alcalde autorizando el diseño. Qué desfachatez la de este gobierno, incapaz al punto del ridículo.

Y el colmo, lo que hace decir ¡ya basta, farsantes!, es que en tanto paralizan la construcción del progreso por parte de quienes darán trabajo a miles, esos mediocres funcionarios no solo toleran, sino que alientan la ilegalidad, ahí, donde realmente está; lo que nos hace pensar que lo del edificio Milenium es una burda cortina de humo.

Y así, por ejemplo, mientras se distrae la atención de la gente, el manejo de los criptoactivos del país, en un evidente acto de corrupción, ha sido depositado en la cuenta personal del dictador; hecho que reconoció él mismo, cuando tuiteó que se encontraba desnudo en el baño de su casa, chiveando el dinero de los salvadoreños desde su celular. ¡Hoy resulta que los bitcóins no son del Estado, sino de bukele! ¡Qué descaro y qué sensación de impotencia delante de tanta sinvergüenzada y de un manejo tan turbio de la Cosa Pública!

¿Quién autorizó la transferencia de ese dinero a la billetera de este mal funcionario? ¿Qué decreto legislativo lo avala? ¿Cuánto dinero del erario público ha sido transferido y usado ilegalmente? Por lo pronto, y arropados como están por la oscuridad de la corrupción, no lo sabremos. Pero un día, próximo si Dios quiere, esta caterva de malsines enfrentará su propio destino. Porque solo dos cosas tenemos por ciertas: que la muerte un día nos alcanzará, y que la justicia de Dios es infalible.

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  • farsantes
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