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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Es tarde para hacer cambios en el gabinete del Órgano Ejecutivo 2014-2019. Faltan 14 meses para que finalice el mandato. Han administrado el Ejecutivo 46 meses y han estado gobernando ininterrumpidamente 106 meses.

La campaña electoral inicia legalmente el 2 de octubre. Faltan 6 meses. Durante los siguientes cuatro meses conoceremos las ofertas de los candidatos a la presidencia. La campaña electoral finaliza el 30 de enero. Para entonces tendrán 4 meses más de gobierno. El 3 de febrero estamos convocados a las urnas. Si hay segunda vuelta, volveremos a las urnas el 10 de marzo. De allí, la ocupación será el relevo. Y el 1 de junio de 2019, estaremos con nuevo gobierno.

En estos 14 meses que les faltan para administrar el Ejecutivo y con el entorno electoral que estaremos viviendo, lo peor que puede pasarles es tener funcionarios en proceso de aprendizaje, distorsionando el quehacer de las instituciones para hacer concesiones partidarias.

En su momento fueron insensibles a la información que periódicamente se difundió sobre el desempeño gubernamental. Una y otra vez despreciaron públicamente la información de las encuestas. La Secretaría de Comunicaciones no pudo cumplir con la función de “generar en la opinión pública una imagen favorable de la labor que realiza el Gobierno de la República”.

Radio El Salvador y Canal 10 de Televisión se ocuparon permanentemente de funcionarios e instituciones, pero no lograron posicionar logros. Los festivales del Buen Vivir, aunque periódicos y de elevados costos, sirvieron para hacer pasar un buen rato pero no para lograr votos. Hubo convocatorias de participación ciudadana pero escasas decisiones ejecutivas.

A 14 meses de salir del gobierno, la presidencia informa sobre la creación de un equipo evaluador para analizar las deficiencias del Ejecutivo. ¿Qué indicadores asumirán para evaluar con objetividad? ¿Actividades desarrolladas? Ojalá que no porque con esto, cualquiera llena papeles y más papeles, y todos quedan bien. ¿Resultados cuantitativos y cualitativos en territorios y poblaciones con nombre y apellido? ¿Logro de objetivos? ¿Ejecución presupuestaria? ¿Costo per cápita?

Importa evaluar resultados concretos y verificables. Importa evaluar el costo directo e indirecto por beneficiario. Importa analizar la racionalidad del gasto. En esta evaluación es clave tener presente las atribuciones y funciones legales de cada institución. Y es clave porque el Órgano Ejecutivo ha crecido y da la sensación de que una y otra institución hacen lo mismo. Y así se gastan el presupuesto pero los resultados son deficientes. Importa también que los funcionarios no justifiquen su incapacidad aduciendo falta de recursos financieros.

Esto y más era necesario hacer. Esto y más era necesario informar periódicamente. Es tarde para cambiar a los “liderazgos” institucionales. Pero es tiempo de definir cinco resultados esperados antes que cierre este gobierno y poner a todos a trabajar en ellos.

¿Por qué se quedaron cómodos dejando pasar el tiempo? ¿Por qué no se ocuparon en administrar la motivación y el talento de los 165,000 servidores públicos (no incluye M. de Defensa)? ¿Por qué son condescendientes con los “suyos”? ¿Por qué a otros les dan los peores calificativos? Hay más preguntas pero no hay tiempo para esperar respuestas ni buscar responsables.

Hay que responder a la presión partidaria pero sobre todo, ocuparse de 3 a 5 resultados utilizando o reorientando recursos disponibles. Eso espera la gente.

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