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Ya no permitamos que la conflictividad del tipo que sea siga comportándose como el factor más determinante de la dinámica nacional

Ojalá que haya verdaderamente un cambio de dirección en lo referente a la percepción y al manejo de la problemática nacional.
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Todas las condiciones de la realidad presente en el país apuntan directamente hacia el imperativo de establecer bases realistas para lograr y consolidar entendimientos nacionales. Y no sólo son las condiciones financieras, tan críticas por cierto, las que actúan en esa dirección, sino también las condiciones políticas, que se han complicado cada vez más por el juego irresponsable de las tendencias confrontativas. En estos días, el surgimiento de desafíos a la racionalidad, como es por ejemplo la declaratoria de inconstitucionalidad de partes sustanciales de la Ley de Amnistía de 1993, pone sobre el tapete la necesidad insoslayable de hacer uso de la sensatez y de la prudencia, que han estado tan ausentes del quehacer nacional en los momentos más desafiantes del proceso de posguerra, pese a que la solución de la guerra y la puesta en práctica de dicha solución se basaron precisamente en la prudencia y en la sensatez.

Como lo que ha ocurrido respecto de la Ley de Amnistía abre un nuevo capítulo de incertidumbres en el ambiente, por la posibilidad de que lo que siga sea un descontrol de iniciativas revanchistas de toda índole, no ha sido de extrañar que las voces opinantes más generalizadas apelen al buen juicio, para no permitir que se instale en el país una nueva refriega de acusaciones y contraacusaciones ya en el ámbito de la administración de justicia. Los salvadoreños tenemos que poner el interés de la estabilidad y de la proyectividad nacional sobre todo; y si se hace uso de acciones legales, que sea siempre justamente al amparo de la ley y no de las pasiones reivindicativas a toda costa.

Lo que en esta coyuntura queda subrayado y enfatizado inequívocamente es que los salvadoreños ya no podemos, bajo ninguna circunstancia, continuar empeñados en chocar hasta por las causas más triviales, cuando lo que la realidad nos está demandando en forma urgente y apremiante son soluciones para los principales problemas que nos agobian. En este punto, las fuerzas políticas tienen una responsabilidad de la más alta significación, porque son ellas las que se mueven de manera más visible y determinante sobre el escenario del fenómeno real. Y si por algo seguimos entrampados en tantos atolladeros es porque en vez de ir limpiando el terreno con la debida lucidez actuante lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario: el empecinamiento en crear y mantener trincheras donde debe haber sitios de encuentro.

Ahora, los llamamientos a la reflexión constructiva están apareciendo a diario, y no como resultado de cambio teórico de posiciones, sino como anuncio ojalá real de un renuevo práctico de actitudes. Es la necesidad la que impulsa este giro evolutivo, que ojalá pueda ir derivando en acciones concretas, que al final desemboquen en una forma mucho más positiva y constructiva de asumir la dinámica nacional, que hasta el momento ha sido un laberinto que a cada paso obstaculiza la marcha. Tenemos suficientes muestras vivas de lo que se padece colectivamente cuando el cuerpo social va perdiendo sus sintonías básicas y se convierte en una tierra de nadie. Ya hay suficiente experiencia acumulada al respecto como para persistir en los errores crónicos.

Ojalá que haya verdaderamente un cambio de dirección en lo referente a la percepción y al manejo de la problemática nacional. Un cambio efectivo y visionario es lo que necesitamos, sin coloraciones ideológicas ni distorsiones interesadas.

Tags:

  • amnistia
  • confrontacion
  • prudencia
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