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Ya que hay Presupuesto debidamente aprobado habría que potenciar la eficiencia

No hay que perder de vista que el Presupuesto anual es sólo el eslabón de una cadena que debe mantener su coherencia en el tiempo para que pueda haber progreso sostenido, prosperidad previsible y desarrollo realmente identificable. De lo contrario seguiríamos expuestos a la impredictibilidad que ha sido un flagelo para nuestra sana evolución...
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Desde hace ya bastantes años, la problemática presupuestaria ha venido siendo un quebradero de cabeza para todos los actores nacionales en juego, porque el hecho de que se diera un constante desajuste entre lo presupuestado en el papel y lo practicable al respecto en los hechos agudizaba las incertidumbres sobre el verdadero desempeño fiscal. Año tras año se venían padeciendo los efectos de la ficción presupuestaria, hasta que la justicia constitucional se pronunció en forma correctiva, para impedir que se continuara produciendo tal entuerto. Esto ha hecho posible que el Presupuesto General del Estado correspondiente a 2018 se haya aprobado con bastante más apego a lo que debe ser, aunque desde luego quedan muchas cosas por depurar y por perfeccionar.

Uno de los requisitos indispensables para que el proceso en su conjunto vaya entrando comprobablemente en fase de credibilidad es que lo que se hace desde las distintas esferas institucionales corresponda a lo que está planteado como proyecto de trabajo en el año que está empezando, en conexión con lo que se tenga que plantear y ejecutar en los años venideros. No hay que perder de vista que el Presupuesto anual es sólo el eslabón de una cadena que debe mantener su coherencia en el tiempo para que pueda haber progreso sostenido, prosperidad previsible y desarrollo realmente identificable. De lo contrario seguiríamos expuestos a la impredictibilidad que ha sido un flagelo para nuestra sana evolución, como puede constatarse con lo que ha venido pasando sobre todo en los tiempos más recientes.

Consideramos, como ya quedó dicho desde el primer momento, que la aprobación del Presupuesto General de 2018 se suma a otra señal prometedora, como fue la reforma de pensiones que también se basó en un ejercicio consensuado. Y por ahí tendrían que ir los esfuerzos principales de aquí en adelante: por la vía de los entendimientos que posibiliten salidas efectivas a los diversos estancamientos que nos aquejan. Que todos entiendan de una vez por todas que las visiones unilaterales nunca serán suficientes para habilitar las soluciones serias y sostenibles; sólo la participación interactiva de todos los sectores y fuerzas será capaz de ponernos en dirección constructiva.

Esperamos que las buenas señales, aunque muestren aún defectos y debilidades, habiliten la necesaria colaboración para entrar en los carriles de un nuevo rumbo nacional, que sea el correcto según los análisis técnicos y las apreciaciones ciudadanas. Subrayamos una vez más el término eficiencia, porque si algo mantiene en angustioso vilo a la sociedad en su conjunto es la percepción de ineficiencia sobre todo en el desempeño de la gestión pública.

Ya no es admisible que se pierda tiempo irrecuperable y se desperdicien recursos que son cada vez más escasos en políticas incompletas y en estrategias insuficientes. Hay que reorientar la planificación, reordenar la función financiera y poner en lugar preeminente la satisfacción de las necesidades y aspiraciones de la gente. De lo contrario el riesgo de regresión no nos dejará en paz.

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