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"Yo me inventé un papá"

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"Yo me inventé un papá"

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Faltaban 5 días para que ella naciera cuando murió su papá. Pero le alcanzó a dejar un nombre, Irma Isabel, y también le heredó su apellido, Figueroa. Más adelante otro hombre le daría el suyo, Herrarte. Ahora se llama Irma Isabel Figueroa de Herrarte.

La pandemia me dejó algo muy bueno. Era junio de 2020, estábamos en plena cuarentena, yo ni me acercaba a la puerta, pero ese día me trajeron unas medicinas de la farmacia y tuve que salir a recibirlas. Vi que de la casa de enfrente sacaban muebles y los subían a un camión, los vecinos estaban dejando la casa. Inmediatamente pensé en que esta podría ser una buena oportunidad para traerme a mi mamá a vivir cerca, pues desde que mi papá murió se quedó sola, con Mercedes su "nana", viviendo en la casa que había compartido con él por casi 50 años y se negaba a dejar. Pero en esos días con las restricciones de la cuarentena nos resultaba difícil verla, solo hablábamos por teléfono y muchas veces no parecía estar bien, lo cual era comprensible en medio de aquella soledad e incertidumbre.

Por la situación que vivíamos, el proceso no fue tan sencillo, pero el 13 de julio de 2020 ella inició lo que yo pienso es una nueva etapa de su vida. Ahora de la puerta de mi casa a la de ella solamente hay 38 pasos. Esto me permite verla todos, o casi todos, los días. Nuestras conversaciones se han vuelto rutinarias, hablamos de lo que leemos en el periódico, le dedica toda la mañana a leerlo, creo que lee hasta las noticias deportivas. Hablamos del capítulo de la noche anterior de la novela de las 8, la cual ahora no dejo de ver para poder explicarle lo que no termina de comprender o lo que no alcanza a escuchar.

Hace pocos días hablábamos de lo agradecida que estoy con Dios porque mis nietos tienen con ellos un buen papá y ella me dijo algo así: "sí, hija, porque eso de crecer sin papá es triste, yo ni siquiera lo conocí y sentía mucha tristeza cuando oía que mis compañeras hablaban de sus papás. Pero un día mi mamá había hecho pollo y a mí se me ocurrió meter un pedazo en un pan para llevar a la escuela. Cuando mis compañeras me vieron comiéndomelo me preguntaron que quién me lo había comprado y yo les dije que mi papá. Yo me inventé un papá y me gustó, desde ese día yo también hablaba de él".

No puedo explicar cómo me sentí al escuchar esa historia, me imaginé a esa niña rodeada de sus compañeras hablando de ese papá que realmente no existía. Pensé en cómo había hecho mi abuela para criar ella sola a tres hijos, con un sueldo de empleada. Desde que recuerdo la vi trabajando. No era madre soltera, era madre viuda. Se llamó Carmen viuda de Figueroa hasta que murió casi a los 95 años. Pensé en que yo tuve a mi papá por 62 años y me parecía algo muy normal.

Desde ese día no puedo sacar de mi mente esa frase "yo me inventé un papá". He dudado mucho escribir sobre esto, porque me parece un tema muy íntimo. Pero siento la necesidad de hacerlo para llamar a la reflexión a esos padres "ausentes" y a esos hijos que no valoran suficiente tener con ellos a su papá. También lo hago como un homenaje a la Niña Irma, la semana pasada cumplió 85 años y se siente feliz.

Yo le prometo que nunca, nunca, se tendrá que inventar una hija.

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  • Ana María Herrarte

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