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Yo soy yo e internet

Los impactos que causaron las intervenciones virtuales rusas en las elecciones en Estados Unidos y en varios países europeos ponen aún más en evidencia la gran incidencia que tiene internet y las redes sociales en la percepción de los ciudadanos. No hay duda de que las “fake news” o noticias falsas, la suplantación o clonación de identidades, las campañas difamatorias, etcétera, influyen enormemente en lo que las personas piensan de otras personas, de las instituciones o de los acontecimientos.

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Roberto Rubio-Fabián / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En otras épocas y circunstancias, la distancia entre lo que realmente eras y lo que se creía que eras no parecía tan grande. Por ejemplo, en un pueblo, en una colonia, la gente se conocía y existía más información de primera mano; la percepción que se tenía de las personas estaba más cercana a su realidad. Sin embargo ahora, en esta era de las comunicaciones globales inmediatas, la desconexión entre la realidad y la percepción que se tiene de la misma puede ser total y descomunal.

Twitter, Facebook, Instagram, las redes sociales, te pueden hacer planetariamente visible... y vulnerable. Hoy en día, el conocido filósofo/físico francés Descartes más bien diría: “Estoy en internet, luego existo”. O parafraseando al filósofo/ensayista español Ortega y Gasset y su famosa frase: “Yo soy yo y mis circunstancias”, en estos tiempos podemos afirmar: “Yo soy yo e internet”. En efecto, en cierta medida ahora eres lo que internet dice de ti. Ya no solo te conocen tus familiares, tus vecinos, tus compañeros de colegio o trabajo; ahora puedes ser “conocido” por miles o millones que no te conocen. Bastan un par de teclas para que multitudes se formen una percepción de ti, de una institución, de un hecho... para bien o para mal.

Hoy en día, la percepción colectiva que proporciona internet sobre personas o instituciones es poderosa, y lo es más cuando se trata de dirigentes económicos, sociales, políticos o religiosos. Como lo es también la percepción colectiva frente a los acontecimientos, como eventos electorales o decisiones de política pública o empresarial. Personas, instituciones, hechos, se pueden levantar en el prestigio o caer en el desprestigio de forma espumosa y sin sustento real.

Conocedores de ese poder de la percepción colectiva que circula por la fibra óptica y las ondas satelitales, hay países, grupos, personas que perversamente se dedican a edificar falsos líderes y destruir a los que los critican u oponen a ellos (por cierto, ya conocemos en nuestro país a esas bandas de troles y sus acciones gansteriles). Desgraciadamente, hay quienes han descubierto el poder de un instrumento que ha servido para aproximar a millones de personas en tiempo real, con todas las enormes virtudes y progresos que ello significa, en un arma de maldad para hacer prevalecer sus intereses autoritarios y corruptos, para afectar a todos aquellos que luchan por la democracia y contra la corrupción e impunidad.

No es ni será fácil combatir la manipulación malévola de la percepción colectiva en internet. Sin embargo, a los ciudadanos nos queda, entre otras, el arma de la duda. Hoy más que nunca recordemos que “la duda también mueve montañas”.

PD: Las declaraciones vertidas por altos dirigentes del Frente la semana pasada indican que estos siguen con su ejercicio de Necrología Política. La dinámica histórica apunta hacia el cielo y ellos buscan enterrarse en la tierra. Olvidaron que el muro de Berlín ya cayó.

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