¡Ahí vienen los yanquis!

Hace algunos años, décadas, explicaba un disidente cubano que la política interior más importante de aquella bella isla era el grito de batalla: ¡Ahí vienen los yanquis! generaba pánico en la población, movilizaba la defensa civil y el aparato militar; todos hacia las playas a esperar a los odiados yanquis, quienes, claro está, nunca llegaron.
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¡Ahí vienen los yanquis!

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El constante vaivén de los episodios de pánico era el remedio preferido de la dictadura, mantener a la población en un estado de alarma permanente, haciéndole así olvidar a ese castigado pueblo la precaria situación de su existencia. ¡Ah! El enemigo externo, el culpable de todos los males ¡el diablo! Entidad tan difamada a través de los tiempos. ¡El diablo me hizo hacerlo!

Como decía el asesino en serie “Son of Sam” o el famoso predicador del sur de Estados Unidos. Así de sencillo, así de fácil, siempre y cuando haya a quién o qué culpar todo está, o estará, bien (¿los veinte años de ARENA? ¿Los cinco de Funes?).

El gritico de combate fue destronado de su popularidad por el fin de la guerra fría; pero como toda vieja canción siempre hay maestros de la insensatez que las tratan de poner de moda otra vez. Destacan por nuestros lares los aspirantes a dictadores, caricaturas de caudillos, de nuestros hermanos hacia el sur. Patético drama el de los “chamos” allá en Venezuela, de culpar al “Imperio” del descalabro económico que el mismo régimen ha creado, convirtiendo a más de la mitad de ese gran pueblo en dependientes de la “generosidad” del gobierno, destinado a esperar la próxima ocurrencia del régimen.

La guerra económica de los privados fue antes; hoy, la caída del precio del petróleo, causada por el Imperio para afectar a Venezuela nos dicen. Qué insensatez más grande, sería como culpar a los países asiáticos de conspirar contra nuestro querido El Salvador por introducir la fibra sintética, causando la desaparición del algodón y el henequén.

No tienen la más mínima pista de las realidades del mundo globalizado. Triste y lamentable es ver al “caudillo” emprender su gira mendigando préstamos, sentado en las reservas de oro negro más grandes del planeta, como dijo el asesinado cantautor “...tenía petróleo pero se murió de sed”.

En nuestro querido El Salvador los gritos de combate ¡hay vienen los yanquis! ¡Estoy en las entrañas del enemigo! persisten, sin significativa resonancia entre la población: la carrera preferida de nuestros jóvenes es marcharse hacia Estados Unidos, los viejos dependen de sus remesas y cada vez que vienen los yanquis vienen a hacer obras: carreteras, programas de desarrollo, reconstrucción, centro de escuchas, consultas médicas, becas, entre muchas otras.

El otro grito de batalla que suena en nuestro medio: ¡hay vienen los comunistas! ¡El siglo XXI! también sin significativa resonancia en la población: el comunismo se fue por la borda con la extinción de la Unión Soviética, China se hizo capitalista, y Cuba, bueno, ni hablar, hoy más cerca del Imperio.

Lo del siglo XXI, hoy reconocido como una vulgar patraña, pues no hay nadie a quien convencer, más del 80 % de la población lo rechaza. El grito de batalla de un lado u otro es usado por los políticos para distraer a la población de los problemas, de sus fracasos.

Seamos francos, no tenemos a quien culpar más que a nosotros mismos, nadie nos va a sacar de donde estamos más que nosotros mismos, cumplamos con nuestras obligaciones ciudadanas, contribuyamos y exijamos de nuestros funcionarios, la fórmula es clara: trabajar, ahorrar, contribuir, participar y exigir... exigir... exigir. No seamos alcahuetes con nuestros funcionarios, para eso se les paga. Dios, Unión, Libertad.

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