Lo más visto

¿A dónde se fue mi tiempo?

El ritmo acelerado del día a día tiene un efecto poderoso en la percepción que tenemos de nuestra calidad de vida. Frecuentemente nos hace perder la noción de las horas y los días haciéndonos tropezar con un fin de semana que no sabemos cómo ha llegado tan rápido.
Enlace copiado
¿A dónde se fue mi tiempo?

¿A dónde se fue mi tiempo?

¿A dónde se fue mi tiempo?

¿A dónde se fue mi tiempo?

Enlace copiado
Lo preocupante de que se nos escurran los días sin que nos demos cuenta es el hecho de no tener conciencia en qué invertimos todo ese tiempo y esas energías que al llegar la noche nos han abandonado casi por completo.

La espiral que ha embestido al mundo de los negocios, de las comunicaciones y la vida entera se presenta con una fuerza imponente e imparable. Sin embargo, el problema surge cuando se pierde el control sobre la voluntad y el proceder consiente de cómo enriquecer nuestra vida dentro del marco de esta realidad. Es importante que la cotidianidad cobre un sentido real para nosotros para que aprendamos a vivirla como queremos y no simplemente a sobrevivirla como por inercia.

Considero que unas de las cuestiones más inminentes de nuestra cultura es la incapacidad de aceptar la realidad tal como es y de vivir el presente en un sentido positivo. Suele pasar que se recibe la mañana del lunes con la mente puesta en el fin de semana de modo que las menudencias del día a día transcurren sin brillo para nosotros. Se dice que cuando la inteligencia se pone a buscar argumentos los encuentra de todos los colores; y si no los encuentra los crea sin demasiado esfuerzo. Siempre habrá un razonamiento que encuentre una fisura en la voluntad.

Comúnmente a estos razonamientos los llamamos excusas. Para cualquier inteligencia mediana resultan fáciles de encontrar. Pareciera que las excusas más accesibles son aquellas que justifican por qué no podemos estar contentos, por qué no tenemos tiempo para ayudar a otra persona en el trabajo, por qué estamos demasiados cansados para escuchar a quien tiene un problema o una alegría, por qué estamos demasiado ocupados para dedicar tiempo a contribuir a alguna causa buena. En fin, salir de nosotros mismos y de la espiral de argumentos que nos absorbe y que a veces no nos permite ver más allá de nuestros intereses personales más inmediatos, y que al final del día es lo que conduciría a una vida más completa.

Decía Gertrude Stein que el mundo recibe tanta información durante todo el día que pierde su sentido común. A veces no es más que el sentido común lo que perdemos y lo que nos permitiría encontrar la novedad en la monotonía, el dejarnos sorprender con un detalle y agradecer las cosas que generalmente damos por sentado.

En este mundo tan exigente de lo inmediato se vuelve crucial la paciencia con uno mismo y con los demás. Dice el dicho que los males que no tienen fuerza para acabar la vida, no la han de tener para acabar la paciencia. Suele pasar que se desaprovechan muchas cosas por anticiparse a lo que ha de ser o ha de venir y en ese ínterin ansioso e impaciente transcurre la vida.

Es importante estar vigilantes en la rutina diaria a todo lo que edifica y enriquece por más pequeño en apariencia, para que los grandes sueños inspiren nuestro día a día pero no se conviertan en espejismos que nos inhabilitan para disfrutarlo.

Lee también

Comentarios