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¿Cuándo habrá más sorpresas?

Cuando uno comienza a ver con más frecuencia reorientaciones de fondos para el Ejecutivo no es raro pensar en cuánto más necesitará para terminar esta gestión.
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Este jueves, durante la plenaria, 56 diputados votaron para reorientar $73.4 millones procedentes de $215 millones que inicialmente serían utilizados para pagar deuda de corto plazo. Parte de este dinero reorientado está destinado a pagar el subsidio al gas del que goza una buena parte de la población, pero de nuevo, se trata de gasto corriente, de un gasto que debería estar presupuestado e incluido en los fondos que genera el propio Estado.

Pero la realidad es otra. Es como que una empresa tuviera que hacer un préstamo cada mes, para pagar los salarios de sus empleados. Los salarios de los empleados deberían salir de las ganancias del negocio, si no, no hay equilibrio entre lo que entra y lo que sale y la empresa puede irse a la bancarrota. Suma deuda y echa mano de préstamos o tarjetas de crédito.

Lo mismo pasa con el Estado, este dinero, destinado inicialmente para abonar a una deuda que ya existe, se está usando para salir del paso de gastos que deberían estar cubiertos.

El estado de las finanzas no es nuevo ni se ha creado en estos cuatro, pero lo cierto es que no hemos encontrado la forma de sanarlas. Lejos de eso, aprobar otra reorientación solo quita un poco más la esperanza.

Pero también está el otro escenario. ¿Cómo salir del apuro si no es de otra forma? ¿Qué pasa si no se aprueba?

Nadie lo quiere averiguar porque para sorpresa de los mismos diputados, el jueves lograron mayoría calificada. ARENA y CD se han mantenido renuentes en dar sus votos en dos intentonas anteriores. Los opositores condicionaban sus votos y le solicitaban al Ejecutivo mostrar los gastos de viaje del presidente. Pero no fue necesario. En la plenaria, uno de sus miembros, el diputado suplente de ARENA Armando Grande, decidió dar su voto, rompiendo así con la disposición de su partido.

Dos cosas preocupan de esta sorpresa de plenaria. La primera, y para mí de momento la más importante, es cuánto más necesitará este Gobierno para salir del hoyo financiero. ¿Cuándo veremos la próxima orientación de fondos? ¿Cuánto más dinero será? ¿Cuánto más crecerá la deuda del país? ¿Qué medidas tomará el Estado para dejar de endeudarse y atraer a sus arcas más dinero?

Y lo segundo, la dinámica gestada en la Asamblea Legislativa. Cada semana hay una sorpresa, alguien más se cambia de bando o vota por lo que dijo que no iba a votar. De este apartado, me llaman mucho la atención dos declaraciones del diputado Grande. Por un lado, decir que en su partido lo maltratan. Uno piensa, entonces, si eso justifica romper un acuerdo partidario o si es una venganza porque lo han tratado mal.

Lo segundo, la declaración que le dedica al vicepresidente de ARENA, Ernesto Muyshondt: “Lo que diga Muyshondt a mí me tiene sin cuidado, porque si de corrupción hablamos, nos podemos ir a los penaltis”, aseguró el mismo jueves Grande.

Pareciera que el diputado está asumiendo que ambos son corruptos, o quizá, solo no midió sus palabras y pecó de ingenuo.

El tema ya nos pasa factura con organismos multilaterales. El mismo jueves, el Banco Mundial dijo que “suspendió de manera indefinida” un préstamo de $150 millones solicitado por el Gobierno. No pinta bien.

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