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¿Elegir líderes sensatos o ególatras?

Existe en la dirección estratégica de empresas una herramienta que se llama “el mapeo de la situación o del mercado”.
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Si aplicamos este ejercicio sencillo al trabajo de dilucidar quién debería ser el líder que herede la compañía familiar, dirija la gremial, el partido o el sindicato; o resulte elegido para administrar la alcaldía, el gobierno o la Asamblea Legislativa de un país, la tarea consiste en tres pasos: uno es poner en el centro de la hoja el nombre del candidato. El siguiente es escribir, cerca o lejos del candidato, según influya más o menos, los nombres de quienes le rodean y de los consejeros más cercanos; finalizando con ubicar cuáles son sus intereses y qué tan elevados y transparentes aparecen.

Las razones de este ejercicio estratégico son muy sencillas: a cada quien se le conoce mejor por los amigos verdaderos que tiene alrededor (“dime con quién andas y te diré quién eres”, reza el dicho popular); y entre más desinteresados sean los intereses que lo muevan, más libre es de tomar decisiones con visión de nación o en beneficio del Bien Común, de la empresa, gremial, partido político o asociación. Por ejemplo: si alguien tiene la costumbre de preguntarse de primero y solamente, cuando le piden que se involucre en una buena causa, “¿que hay aquí para mí?”, posiblemente no va a generar tanta confianza como aquel que ante la misma cuestión, tiene el buen hábito de participar en la defensa de unos principios, aunque ello le haga ganar un poco menos en su negocio. Esta última persona no piensa en el corto plazo, sino que sabe ver la bondad de trabajar unidos en el largo plazo, levantando la mirada del propio ego u ombligo (ya sea de su familia, empresa, gremial, sindicato, asociación, comité, o mercado cautivo), pues está familiarizado con aquel dicho de “hoy por ti, mañana por mí”. Estaríamos entonces frente al líder sensato.

Esta clase de liderazgo lo ejerce quien no permite que su ego le invada y le aprisione “en un giro insaciable sobre sí mismo, que le haga difícil o imposible abrirse a la predilección de otro... Es verdad que la energía la tenemos en la dotación del amor propio y que amar es transformar la dirección y el sujeto al que va el amor propio, en vez de hacia sí, hacia un amado... ¿Cómo hacer la metamorfosis? ¿Y si para amar fuera necesario plantearse un programa personal y discreto de obtención de virtudes, paso a paso, naturalmente, en dosis posibles?... Agustín de Hipona dijo que las virtudes son el orden interno del amor. Siempre que tenemos un problema, crisis o negrura, paradójicamente dentro hay una luz; aunque solo sea aquella que nos alumbra la verdad de por qué nos hemos metido en problemas y qué parte tiene uno en el embrollo. Es la luz del diagnóstico, que es la antesala del tratamiento o solución. Leonard Cohen tiene un pequeño gran pasaje en una de sus canciones: Todo tiene una grieta... y así es como entra la luz”. Profesor J. Viladrich.

P. D. Quien pudiendo ir a cuidar urnas, a cuidar el voto, no lo hace, peligra quedarse viendo su ombligo... perdiendo entonces el derecho a opinar por haber dejado que otros decidan el futuro de su familia.

Tags:

  • elecciones
  • asamblea legislativa
  • liderazgo
  • sensatez

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