¿Los cristianos votarán por esas aberraciones?

Cuando se habla del riesgo que el Islam implica para el Cristianismo, algunos ingenuamente piensan en la libertad de cultos. Nada hay de malo, dicen, en que dos religiones convivan en un mismo país. La musulmana es, piensan, como cualquiera otra, digna de tolerancia y respeto. La realidad obliga a negar, o examinar con lupa, tales rosáceas visiones.
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El atentado terrorista de París puso brutalmente en relieve la barbarie que a diario asestan musulmanes, extremistas, o simplemente exaltados, a sus mismos correligionarios, pertenezcan a la suya u otra secta, o con mayor ferocidad, contra los miembros de confesiones ajenas, especialmente la cristiana.

La segunda ciudad de Inglaterra es apodada “el califato de Birmingham”, por la fuerte presencia de población musulmana, que es del 22 % en general y llega al 70 % en algunos barrios, donde los ingleses se sienten tan excluidos que están emigrando, como los habitantes de ciertas colonias en San Salvador. A una manifestación convocada para condenar la masacre de París, apenas llegaron 6,000 musulmanes, coreando “esto no es Islam”.

Pero en abultada contrapartida, al menos 15 escuelas públicas de Birmingham (y seis de Londres) han sido investigadas por imponer “una ética islámica agresiva”, de acuerdo con el así conocido “Informe Caballo de Troya”, preparado a instancias del Ministerio de Educación. En él se da la voz de alarma por “el riesgo del extremismo en las escuelas” y se puso en marcha por denuncias de un complot para adoctrinar a los niños en el “radicalismo islámico”, confirmando que en las escuelas se ha extendido la enseñanza de “una rama particularmente dura del islamismo suní”, que puede crear una generación de “jóvenes vulnerables a la radicalización”, el cual ha ido ganando terreno a través de puestos directivos en las escuelas. Si esto sucede, digamos, en las milenariamente sólidas instituciones educativas británicas ¿qué podría ocurrir en las nuestras ante una concienzuda infiltración musulmana?

“Esto no es Islam” preconizó el presidente de Níger al participar, con otros altos dignatarios de Estado, en la demostración antiterrorista de París. “Esto sí es Islam” parecieron responderle las turbas hostiles que lo recibieron a su regreso, contra las cuales hubo de intervenir la fuerza armada para evitar que incendiaran la catedral católica de la capital, Niamey, pero no hizo nada para impedir en el interior del país la quema de iglesias y el linchamiento de cristianos.

Esto no es Islam, podría repetirse, sino acciones de hordas desbocadas. Pero hay actos oficiales religioso-estatales peores.

Por internet se ha recordado el reciente caso de un niño de 8 años que por robar un pan en el mercado fue colocado en el suelo de forma que la rueda de un automóvil se la pasaron encima del bracito hasta destrozárselo. O el de similar edad, por un hecho igual, amputado de pie y mano, los cuales mostraba sangrantes el verdugo religioso. En estos días, en ese mismo país, Irán, 7 mujeres supuestamente adúlteras, sin más proceso que la denuncia de un hombre, esperan la muerte por lapidación. Serán enterradas hasta los hombros y apedreadas, eso sí, conforme la Shar'ia, ley penal religiosa, es prohibido usar piedras demasiado grandes que puedan matarlas inmediatamente; o tan pequeñas que no les hagan daño.

Antes, a los que protestábamos por las atrocidades de los comunistas en Camboya o en Angola se nos decía que eso no nos importaba, por lejano. Luego las tuvimos aquí.

Birmingham, Níger, Irán se ven remotos; pero su amenaza y barbarie vendrán acá, si las cohonesta el voto cristiano.

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