¿Percepción?

Esta semana he leído al menos tres relatos de esos que lo obligan irremediablemente a uno a salir de la burbuja. Que lo obligan a empaparse de la realidad y conocer detalles que afortunadamente (todavía) no nos ha tocado vivir.
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El más reciente lo puede encontrar ahora en las páginas de la revista Séptimo Sentido, un relato cargado de dilemas. Una madre que, amenazada por una pandilla, decide enviar sola a Estados Unidos a su hija (una menor de cinco años). No la comience a juzgar, hace falta conocer a profundidad los detalles como para entender el drama al que esta mujer debió enfrentarse.

Entonces allí, como en otros momentos, uno se indigna en serio con los funcionarios, con quienes critican sin compasión, con los que dicen que todos los que se quejan de la inseguridad mienten y sobredimensionan el problema.

Quizá creen que andamos buscando debajo de las piedras las historias. Bastaría con que le preguntara a un colaborador cercano cómo va su vida, cómo se desplaza, cómo está su familia. Que le pregunte a quien lo cuida, a quien cuida su jardín, a quien cuida su casa o lava su vehículo.

Seguro todos tendrán algo que relatar en esta vorágine que a muchos les toca protagonizar en primera persona.

Porque el funcionario que afortunadamente se moviliza en carro, vive en un lugar “seguro”, puede pagar un colegio privado para sus hijos, tiene muy poco que decir sobre lo que pasa en los buses, en las noches de regreso a casa, en las comunidades que viven con miedo.

No es justo que un funcionario nos hable de percepción, o diga que tenemos la percepción de que este país es cada vez más inseguro, porque dice él que no lo es.

Creo que todos en este pedazo de tierra conocemos a alguien a quien han extorsionado, o asaltado.

Los asesores de los funcionarios deberían instarlos a ser más respetuosos con el ciudadano común, a informarse mejor, a conectarse con la realidad, pero, sobre todo, a mostrar un poco de empatía y solidaridad con quien no tiene detrás de sí un séquito que lo proteja.

La indignación también suma cuando uno ve alrededor los esfuerzos que propician para combatir la delincuencia. O cuando ve ir y venir información poco concreta en temas relevantes y delicados para el país, sobre si se estableció o no una nueva tregua, por ejemplo.

Si algo le ha faltado a este país es la verdad. Desde antes de la firma de los Acuerdos de Paz hasta este día, falta que nos digan la verdad.

Bien le haría a la sociedad empezar a reconocer en qué nos hemos estado equivocando para pasar al siguiente paso y cambiarlo.

Mucho de lo que hay que hacer debería iniciar en el hogar, pero también deberían las familias contar con lo mínimo para cubrir sus necesidades básicas.

Mientras tanto, al menos hoy, nosotros deberíamos comenzar a solidarizarnos con el que está al lado, para ver si rompemos un poco la burbuja (el confort).

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