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¿Por qué Chile crece? ¿Por qué nosotros no?

El éxito en materia económica del país suramericano es innegable. La economía chilena ha crecido un 5.6 % durante los tres primeros años de la administración de Sebastián Piñera.
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 Estos logros no son fruto de la casualidad, sino consecuencias de políticas que mejoran la eficiencia de la economía que, a su vez, han beneficiado a los grupos más vulnerables y a la clase media. Algunos argumentan que el crecimiento sostenido de esa economía durante los últimos tres años se debe a la buena suerte de haber tenido altos precios del cobre en el mercado internacional. Sin embargo, el problema con el mercado del cobre son sus altos costos de producción, lo que deja menos ganancias por este mineral.

Chile le ha apostado al dinamismo de la inversión. Se ha visto favorecido por un escenario de bajas tasas de interés, tanto a escala internacional como local. Además, las buenas políticas económicas internas han disminuido el riesgo del país, lo que estimula la inversión. La baja en los impuestos al crédito y a la producción, las mejores expectativas de los consumidores y aumentos de la productividad justifican también este buen ciclo. Sin alta inversión no hay alto crecimiento económico sostenido.

Este país, como el nuestro, ha debido enfrentar un escenario internacional particularmente turbulento desde 2010. Estados Unidos sigue estancado tratando de salir de la recesión y Europa está en una recesión generalizada. Esto ha afectado las exportaciones, particularmente en el segundo semestre del año pasado. En ese escenario, haber crecido como lo ha hecho Chile es mucho más meritorio.

Los fuertes aumentos del consumo privado también ayudan a explicar el crecimiento de los últimos años y este, a su vez, se explica por el bajo desempleo, los aumentos en las remuneraciones y las buenas expectativas que tienen los consumidores sobre el futuro económico del país. La gente gasta más cuando está optimista del futuro y ese es el caso en la actualidad.

También se ha tenido aumentos importantes en la Productividad Total de Factores, la que pasó de ser de -0.4 % a un +0.6 % al presente. De hecho, la productividad laboral ha resurgido. Esto no es menor, pues Chile tuvo muchos años productividad laboral estancada. Los aumentos en la productividad laboral son importantes para que el aumento de los salarios no sea transitorio, sino que fundado en ganancias de productividad y, por lo tanto, pueden durar décadas si se mantienen las políticas públicas que impulsan la productividad de los trabajadores.

Por otra parte, una programada disciplina fiscal, una reforma estructural bien planeada y realista, y un gasto fiscal que crece moderadamente contribuye a hacerle espacio al crecimiento del sector privado, al quitarle presión al alza en las tasas de interés, y posibilitar con ello más y mejores empleos.

¿Será sostenible en el tiempo este crecimiento económico? Depende, por una parte, si en el futuro el ciclo económico internacional los empuja a mayores tasas de crecimiento; y por otra parte, si internamente son capaces de completar las reformas estructurales que lleven a aumentar el crecimiento de largo plazo; es decir, aumento de la productividad, la inversión, el empleo y mantener un Estado más eficiente y disciplinado en el gasto.

Todo lo anterior ayuda a comprender por qué un país que antes crecía en forma mediocre, hoy lo hace con mucho dinamismo. Por eso, se tiene la posibilidad de lograr un mayor bienestar para los salvadoreños si se piensa quién puede gobernarnos bien de cara a las diversas propuestas que se presenten en las venideras elecciones.

Por eso, no da lo mismo quién nos gobierne.

Tags:

  • Chile
  • economia
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