¿Quién le pone el cascabel al gato?

Le he agregado solo tres palabras al título principal del libro (El cascabel al gato) en el que José Piñera –a quien se considera como el padre de la criatura– describe los orígenes, entretelones y alcances de la reforma del sistema de pensiones en Chile y que en poco tiempo se convirtió en un referente obligado para transformar los llamados sistemas de reparto, que por diversas razones –entre ellas las de orden demográfico, los excesivos beneficios respecto a las cotizaciones y hasta la falta de transparencia– habían entrado en crisis.
Enlace copiado
¿Quién le pone el cascabel al gato?

¿Quién le pone el cascabel al gato?

¿Quién le pone el cascabel al gato?

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Enlace copiado


Nosotros adoptamos el modelo chileno –basado en la capitalización individual– en 1998, pero en sus casi quince años de existencia se han debido hacer ajustes que han tenido como denominador común eludir con medidas paliativas la pesada carga que el antiguo régimen ejerce sobre las finanzas públicas, ya bastante comprometidas por el cuestionable manejo que se ha hecho de las mismas durante mucho tiempo. Alrededor de esta temática giró un evento realizado el jueves anterior, por la Asociación Salvadoreña de Industriales y en el cual participaron ponentes de ASAFONDOS, FUNDAUNGO, FUSADES y la SSF.

La sostenibilidad de lo que queda del antiguo régimen (ISSS e INPEP) y la rentabilidad y consolidación del privado (administrado por las AFP) constituyeron la esencia de las diferentes ponencias, remarcando el desafío que tenemos como sociedad para lidiar con un problema que tiene visibles implicaciones políticas, económicas y sociales que necesariamente deben abordarse con visión de país.

El hecho de que los compromisos gubernamentales asociados con la deuda previsional ronden ya los $400 millones anuales y expliquen el 50% del déficit fiscal constituye una muestra contundente de que el sistema como un todo está en serios problemas. Obviamente, esta carga se acrecienta a medida que se retiran empleados públicos y privados que por decisión propia o por los requerimientos legales se quedaron en el antiguo régimen. La solución que el gobierno anterior encontró para enfrentar sus obligaciones fue crear en 2006 un fideicomiso que emite títulos (CIP) que forzosamente tienen que ser adquiridos por las AFP en una proporción de su cartera “normal”. Sin embargo, en un poco más de un quinquenio, el coeficiente respectivo debió ser elevado del 30% a 45% en vista de los compromisos crecientes del Estado.

Dejando de lado los desatinos cometidos con anterioridad y los elementos de conveniencia política subyacentes, con la figura mencionada, se fijó por decreto una tasa de interés que deberían pagar los CIP. En los hechos, esta disposición ha significado un castigo legal para la rentabilidad de las pensiones; es decir, para los ahorros de los cotizantes. Un estudio elaborado para FUNDAUNGO señala que la rentabilidad del sistema comenzó a deteriorarse a partir de la dolarización –que paradójicamente se vendió como algo que contribuiría a mantener el valor real de las pensiones– lo que, sumado al deterioro causado por dicha tasa y las pocas alternativas de inversión, dio paso en septiembre de 2011 a una rentabilidad negativa. La alta concentración de la cartera de las AFP en títulos del Estado (alrededor del 85%) también conlleva un enorme riesgo para la inversión en sí misma. De seguir el cuadro previsional esbozado, el Estado salvadoreño continuará caminando de manera más acelerada e irremediable al precipicio fiscal, mientras los protegidos por el sistema privado recibirán al final de su vida laboral una pensión pírrica que estará muy lejos de sus expectativas y sacrificios. Y esto sin considerar el sistema previsional de la FA. Soluciones, por supuesto que las hay, pero todas conllevan un costo político muy grande. ¿Qué gobierno sería capaz de “ponerle el cascabel al gato” con acciones tales como apretarse el cinturón, subir las cotizaciones, aumentar la edad de retiro o abrir los espacios para que los fondos previsionales puedan invertirse en proyectos privados? Pero como dijo el presidente de la ASI en la inauguración del evento, o se toman medidas drásticas o se “pondrá en riesgo de colapso todo el sistema”.

Lee también

Comentarios