¿Se habrá tocado fondo?

Tocar fondo es un término psicológico asociado con un estado de ánimo del ser humano. Muchas veces se le identifica con depresión o con pérdida de motivación en la vida o en su razón de ser.
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 Es en efecto una crisis; todo ser humano y la sumatoria de todos ellos, constituidos en sociedad, pueden experimentar estos estados de ánimo o de conciencia.

Los expertos aseguran que ayuda el aceptarlo, puesto que ello constituye un punto de inflexión y de despegue para salir de la crisis. Vivir con la verdad es la forma más humilde de iniciar la búsqueda de la solución. “Aceptar la realidad no es negarse a transformarla, es la única forma de transformarla eficazmente”. Siendo positivo, si has tocado fondo, solo se puede avanzar, ya nada puede ir peor, todo marchará como debe ser.

Pareciera que la cultura del subdesarrollo impide a la mayoría ser humilde y a una minoría aprovechar la ignorancia casi generalizada para ejercer su dominio. En países en los cuales no existe una noción precisa de la incidencia del evento electoral y de un llamado a formar nuevas autoridades de gobierno en el futuro de estos, la frecuencia de esa llamada fiesta cívica conlleva costos sociales altos en términos de lo que se deja de hacer y de la práctica tradicional de borrón y cuenta nueva de gobierno a gobierno.

Por otra parte, se transita por la vida sin plan y sin objetivos en un día a día impresionante. En ese contexto se celebran elecciones frecuentemente, por lo que el impedimento secular de un proyecto nación por el ejercicio de una politiquería es el costo máximo de ese ejercicio, sobre todo para un país que ya tocó fondo y no tiene la humildad de reconocerlo, como hicieron las culturas asiáticas cuando decidieron planear su futuro.

Se aproxima o se llega a ese “fondo”, cuando los principales indicadores macroeconómicos presentan niveles mínimos y críticos o cuando existe una deuda de tal magnitud que si fuese empresa ya sería objeto de embargo y entonces el término apropiado a nivel país es default; a lo que se agrega que la categoría de Estado fallido es irrefutable.

El problema es que pareciera no preocupa esa situación, con expresiones como “yo no puedo hacer nada por cambiar las cosas”. Y es que el término crisis pierde sentido en un proceder de dejar hacer dejar pasar. La cultura de la indiferencia y el clima social creada por ella propicia también que la política se vea como algo cada vez más ajeno. No hay conciencia ciudadana en el sentido estricto y en el presente solo se privilegia el poder y el consumo, como valores sociales dominantes.

Se habla mucho de participación ciudadana, pero poco sobre la calidad e intensidad de esa participación en un país en el cual la temática predominante es el combate a la violencia y a la basura en lugar del aumento de la cobertura e incremento del presupuesto para educación y salud.

Afortunadamente la campaña política concluirá y los discursos falsos desaparecerán y vendrá el momento de participar en un diálogo positivo a partir del hecho que moral y espiritualmente ya tocamos fondo y que social y económicamente ya nada podrá ser peor. Esa es una buena noticia, no se podrá estar peor de lo que estamos. Enhorabuena podremos renacer o nacer de nuevo.

Siempre existirá la esperanza de apostarle a la educación como lo han hecho otros países que hoy en día ocupan los primeros lugares en productividad y competitividad.

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  • subdesarrollo
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