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¿Tenemos calidad en turismo?

Hace unos años tuve la oportunidad de recibir y recorrer el país junto a uno de los desarrolladores de turismo de talla mundial (responsable en gran parte del desarrollo de Cancún en los setenta).
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Nuestro objetivo era recorrer toda la parte alta de Chalatenango y analizar la factibilidad de qué tipo de desarrollo se podría ejecutar.

En nuestro paso por La Palma de regreso a San Salvador decidimos tomar algo en un “coffee shop” local con excelente producto.

Necesitábamos utilizar los baños y para sorpresa nuestra el mejor café del lugar no tenía baños, nos vamos al restaurante de al lado y los baños se encontraban en tan mal estado que hubiésemos preferido no utilizarlos.

El Salvador es único en su medida, en cuestión de dos horas nos podemos trasladar de bellas playas a increíbles montañas y lagos. Ese potencial único que tenemos no lo estamos sabiendo explotar como se debe. La razón es que no existe un esfuerzo gubernamental en volver competitivos los servicios turísticos acompañados de un desarrollo integral de las zonas.

El ente rector del turismo debe y tiene que evaluar seriamente si vale la pena ejecutar los montos de inversión en promoción o arreglar primero la casa y luego promover el país. Productos de calidad sí que hay, pero lamentablemente estos son contados con los dedos de las manos.

Necesitamos redireccionar el desarrollo turístico enfocado en mejorar la entrega de la calidad del servicio del pequeño y mediano empresario paralelo al desarrollo de las zonas, con inversión en educación, infraestructura y medio ambiente. De qué sirve visitar La Palma si no hay buenos servicios, un pésimo acceso (carreteras llenas de basura, ripio, paredes pintadas, ventas en desorden, charraterías por todas partes). O bien, llevar turistas a las playas si estas se encuentran sucias, con pobres servicios y cero infraestructura de apoyo al turista que genere un valor agregado al destino.

Como resultado de un conjunto de factores negativos tenemos un flujo restringido los fines de semana, Semana Santa, vacaciones de agosto y de diciembre. Los pequeños y medianos empresarios se la ven literalmente a palitos, ya que la mayoría de los visitantes son nacionales y los extranjeros, que son los que facturan hasta tres veces más que el nacional, son muy limitados. Debemos aprender del caso nicaragüense, específicamente la Ciudad de León, hace 15 años era una ciudad deprimida y hoy en día es receptora permanente de turistas extranjeros durante todo el año, se benefician por igual, grandes y pequeños, tour operadores receptivos, restaurantes, discotecas, productos rurales, etc.

EL MITUR debe acompañar al pequeño y mediano empresario en la mejora del producto por parte de expertos, combinando la sencillez con el buen gusto, brindar facilidad de acceso a créditos blandos, hacerlos competitivos y mejorar el destino con inversiones que generen valor agregado a los recursos y atractivos turísticos nacionales para luego promoverlos internacionalmente.

Si no ponemos atención en mejorar la calidad de las regiones de forma integral como política de Estado y no de Gobierno, asistiremos a todas la ferias de turismo en el mundo pero siempre permaneceremos por detrás de nuestros vecinos debido a la poca competitividad del producto y destino. Amemos El Salvador, demostrémoslo.

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