“No se haga la de los panes”

Las alarmas por la inseguridad suenan y suenan. Estamos en máxima emergencia.
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“No se haga la de los panes”

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Los homicidios han hecho mil pedazos las estadísticas y cuentan la muerte de muchos ciudadanos honrados, valientes, de buenos policías, de experimentados investigadores, de jóvenes, de padres, hermanos. Las extorsiones en igual sentido van devorando a su paso a cuanto sector esté de por medio, tal como denunciaron en Las Playitas, La Unión, y como ese, muchos otros ejemplos, y miles más que no se denuncian. El control territorial de las pandillas en algunas zonas geográficas es total, si no pregunten en el sector de Metalío, Sonsonate, como uno de tantos. Un escenario bien complicado.

Se ha anunciado la entrega del primer informe y recomendaciones de las jornadas de trabajo del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia y no dudo que habrá buenos frutos. Tengo la certeza de que muchas de las apreciaciones emanadas de las mesas de este diverso grupo ya las habremos escuchado, y tengo otra certeza de que la aplicación de muchas de estas se enfrentarán al obstáculo del financiamiento y otras caerán en el saco de la visión individualista de los egos institucionales y de funcionarios. Espero que esta vez sí se puedan poner en marcha los planes sugeridos de este tipo de mesas de trabajo.

Pero dentro de este amplio marco de trabajo en esta amarga realidad de criminalidad por la que estamos pasando, no todos están dando la cuota debida. El llamado a que todos trabajemos por la seguridad es para algunos palabras al viento, cae en saco roto y se han hecho los disimulados. Me refiero, en esta ocasión, al Poder Judicial dirigido desde la Corte Suprema de Justicia con mandato sobre unas 10,000 personas que laboran en ese rubro, que por el momento podemos decir es la institución que ha pasado de largo el llamado a combatir la inseguridad, como si no fuera con ella. Y desde mi punto de vista sí tiene grandes tareas pendientes en este campo, tiene responsabilidades directas y tiene una inmensa cantidad de recursos e información de utilidad.

Por las manos de los magistrados, jueces, resolutores, directores, analistas, gerentes, coordinadores, psicólogos, trabajadores sociales, notificadores de los diversos departamentos, de los cientos de tribunales pasan a diario miles de casos, expedientes, y viven experiencias directas y frontales con la delincuencia. Tienen mapas judiciales, tienen estadísticas que utilizadas de manera adecuada deberían estar contribuyendo a la identificación de problemas que probablemente aún no han sido detectados por otras instituciones, conocen otras variables de la realidad, tienen el recurso humano para proponer cambios en leyes o nuevas leyes que se ajusten al entramado salvadoreño. La Corte Suprema tiene en su poder importantísimas decisiones, por ejemplo las extradiciones de criminales solicitadas por Estados Unidos, cuyo ejemplo lo tenemos en países vecinos como Honduras y Guatemala, y ya no se diga Colombia.

En otras épocas por lo menos se le veía al presidente del máximo tribunal presentarse en algunas reuniones de análisis, y veíamos cómo algunos buenos jueces participaban de forma activa en foros de discusión en donde la visión y experiencia pesaba y aportaba. Pero al presente, además de los viernes de sentencia de la Sala Constitucional, las conferencias de Medicina Legal, de alguna polémica de la Sala de lo Contencioso, de algunas informaciones de la sala de prensa de los tribunales en San Salvador, alguna que otra huelga y actividades sindicales, y de las ya clásicas huidas de la prensa del actual presidente de la Corte, no hay mucho más por contar. Hay que gritarle: “Hey, no te hagás el de los panes, si vos debés...”. Talvez así capta.

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