19,000 niños enfrentan penurias para educarse en escuelas unidocentes

A diario, miles de niños de la zona rural costarricense dejan sus casas de madrugada para recorrer los extensos y quebrados caminos que los separan de su escuela. En un mismo salón estudian, juntos, compañeros de primero a sexto grado con un solo maestro. Les faltan libros, materiales e internet, pero les sobran ganas para aprender de español y ciencia. Ni esas carencias, ni las propias de su hogar los detienen en su ruta de aprendizaje.
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Bien temprano. Antes de las 5 de la mañana, los hermanos Werner, Endi, Fiorella y Yorsiani Moya terminan su desayuno para tomar fuerzas e iniciar el viaje de 3 kilómetros hasta la escuela unidocente de Santubal, un pueblo en las faldas del volcán Turrialba.

Bien temprano. Antes de las 5 de la mañana, los hermanos Werner, Endi, Fiorella y Yorsiani Moya terminan su desayuno para tomar fuerzas e iniciar el viaje de 3 kilómetros hasta la escuela unidocente de Santubal, un pueblo en las faldas del volcán Turrialba.

Con el mínimo. Los niños en grados que van de primero a sexto reciben clases en una misma aula y con un mismo profesor.

Con el mínimo. Los niños en grados que van de primero a sexto reciben clases en una misma aula y con un mismo profesor.

Largo camino. Son las 5 de la mañana. Para no ensuciarse el uniforme, Endi, Fiorella y Yorsiani (izq. a der.) se levantan los ruedos de sus pantalones. Apuran el paso para poder llegar a la escuela antes de las 7 de la mañana.

Largo camino. Son las 5 de la mañana. Para no ensuciarse el uniforme, Endi, Fiorella y Yorsiani (izq. a der.) se levantan los ruedos de sus pantalones. Apuran el paso para poder llegar a la escuela antes de las 7 de la mañana.

Raíces. Los viernes, los estudiantes de la escuela Santubal reciben clases de cabécar con un profesor de la zona, quien habla este dialecto tan fluido como el español.

Raíces. Los viernes, los estudiantes de la escuela Santubal reciben clases de cabécar con un profesor de la zona, quien habla este dialecto tan fluido como el español.

Sin hambre. Cuando llegan a la escuela de Santubal, todos los estudiantes pasan al comedor antes que a las aulas. Así, el profesor se asegura de que todos los niños vayan a clases bien desayunados.

Sin hambre. Cuando llegan a la escuela de Santubal, todos los estudiantes pasan al comedor antes que a las aulas. Así, el profesor se asegura de que todos los niños vayan a clases bien desayunados.

19,000 niños enfrentan penurias para educarse en escuelas unidocentes

19,000 niños enfrentan penurias para educarse en escuelas unidocentes

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Entre febrero y diciembre, Jéssica Quesada se levanta, todos los días, a las a las 5 de la mañana para ir a la escuela. Tiene 12 años y vive en una casa construida con tablas de madera, donde el único cuarto lo comparte con su hermana Ángela y su mamá.

Luego de desayunar se mete a un improvisado baño afuera de su casa, donde una gran bolsa negra sirve de cortina y un palo de madera es el gancho para colgar la ropa.

Ya con su uniforme puesto emprende camino hacia la escuela unidocente de Flor de Islita, en Puntarenas. Ahí todos los niños –desde primero hasta sexto grado– comparten la misma aula, el horario y un mismo profesor.

Lea el resto del reportaje en el nuevo sitio de Séptimo Sentido: "19,000 niños enfrentan penurias para educarse en escuelas unidocentes".

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