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ÁLBUM DE LIBÉLULAS ( 125)

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1025. HORÓSCOPO EMERGENTE

Pasada buena parte del tiempo previsible de vida terrena, había empezado a sentir que lo más importante era aliarse con el tiempo. Y para ello, su tiempo disponible debía moverse a sus anchas. Afortunadamente, su mujer andaba en la misma onda, aunque con otros matices. Él era del signo Libra; ella, del signo Escorpión. Aire y agua. Perfecto para asumir la aventura de la navegación. Y lo natural en sus condiciones astrológicas era hacerlo en un velero. Pero no había veleros disponibles. Entonces, no les quedaba más recurso que acudir a las soluciones simbólicas. Si lo material ponía obstáculos, lo psíquico podía dar respuestas. Y una noche se durmieron abrazados, invocando los poderes del agua y del aire. En el sueño, se les apareció el velero y ambos supieron de inmediato que ese velero era la perfecta imagen del tiempo vivido y por vivir.

1026. LA INESPERADA LIBERTAD

Aquel crepúsculo era irreproducible en palabras. Los naranjas, los azules y los grises estaban posesionados de las láminas del cielo, haciendo del contraste su recurso a la vez impávido y fugaz. Nada de eso necesitaba de azotea: todo podía ser percibido y vivido a través de una rendija. Esa rendija que tenía él su disposición en el ínfimo lugar que le servía a la vez de vivienda y de capilla. La noche llegaría muy pronto, y había que apresurar el juego de las sensaciones radiantes. Cerró los ojos, se puso en actitud meditativa, y acercó el rostro a aquella rajita de luz. Así permanecía cuando le sobrevino el impulso irrefrenable. Extendió los brazos, en lo que daba el espacio a su disposición, y entonces todos los lìmites se disolvieron como por encanto. Era el momento de volar. El crepúsculo estaba esperándolo con todas sus luces en actitud de acogida.

1027. POR EL CAMINO DE POLVO

La carreta conducida por la yunta de bueyes venía bajando la cuesta pedregosa, como todos los amaneceres, cargada de tambos de leche recién sacada del ordeño madrugador. El que la conducía era Criseldo, aquel mocetón robusto que había llegado hacía poco de las serranías del norte. Iba rumbo al pueblo vecino, que estaba a menos de una legua. El Sol iba subiendo por las lomas, como un gato de monte. Al llegar a la calle principal, que también era de polvo, los bueyes se detuvieron sin recibir ninguna orden para ello. Criseldo se bajó del pescante de la carreta y se puso a mirar hacia el sur, por donde venían las camionetas de la capital. Ahí llegaba una, que se detuvo enfrente. De ella descendió una mujer rubia y elegante. “¿Me puedes dar un pocillo de leche fresca?” Él, en su aparente rustiquez, entendió el mensaje.

1028. MUNDOS IRREALES

El padre Marcelo vivía desde hacía tiempos en aquel valle recogido entre colinas, como párroco de la única iglesia de los radiantes alrededores. Lo que los lugareños no sabían era que el padre Marcelo tenía una inquietud escondida: la inquietud de conocer mundo. Un verano de tantos, llegó al lugar un desconocido con apariencia de científico en vacaciones. Y lo era en verdad: un astrónomo deseoso de observar el cielo libremente. Como tenía devoción religiosa, se hizo amigo del cura. Y un día, en la sacristía, le dijo: “Padre, padezco una inquietud no resuelta: conocer mundo”. El padre Marcelo se iluminó: “Yo también”. “Quiero decir: mundo astral”. El padre le explicó: “Mire lo que son las cosas: yo lo que necesito es conocer mundo terrestre”. Ambos sonrieron. Acababan de comprobar en alma propia que nadie se conforma con lo que tiene.

1029. MISIÓN QUE FLUYE

Lo que necesitaban en los entornos era un pequeño río. O siquiera un ojo de agua. Pero ni en envierno corrían quebradas. Cuando el ingeniero Fuentes llegó, enviado por la empresa, tuvo muy pronto la sensación de que, aparte de su propia evolución profesional y del proyecto de diversificación agrícola, lo había movido una energía que le llegaba desde las raíces de la Madre Tierra. Su decisión fue entonces heroica para sí mismo y una locura para los demás: renunció al trabajo ajeno y se dedicó al propio. ¿Y cuál era ese trabajo? Hacer que el Padre Cielo se animara a entrar en el juego. Ingeniería del alma natural. Y de pronto apareció el primer manantial en los entornos, en pleno verano. Los lugareños no lo vincularon con la inspiración del ingeniero, pero sí le pidieron que hiciera todo lo posible para que no fuera a secarse…

1030. ORDEN SUPERIOR

Soplaba la brisa fresca entre la intensidad solar acariciadora. El cielo, libre de nubes, parecía una infinita plaza vacía; pero nada en los entornos daba impresión de vacío. Al contrario, lo que podía percibirse, con sólo poner un poco de atención, era la presencia de todo lo que palpitaba alrededor. Ella era una adolescente que vivía en un tugurio controlado por las maras, aunque eso no le quitaba la ilusión de recibir mensajes finos y diáfanos. Salió al estrecho pasaje a reencontrarse con esa otra sensación: la de la vida libre en medio de las trampas del ambiente. De pronto, dos muchachos sospechosos se le acercaron. Ella se detuvo y los miró a los ojos. “Váyanse a su mundo de sombras: no tienen nada que hacer en la luz”. Y la orden fue tan fuerte que se escaparon corriendo. La brisa y el Sol la envolvieron en un manto de protección perfecta.

1031. MISIÓN DE LA HOJARASCA

Cuando caminaba por el interior del espacio arbolado el crujir de la hojarasca le reproducía la sensación de los senderos transitados recurrentemente. Esa excursión no podía hacerla a diario, porque las ocupaciones cotidianas para ganarse la vida se lo impedían, y en los fines de semana la atención familiar le embargaba las horas. ¿En qué momento hacerlo, entonces? Por las noches, mientras todos dormían, como un merodeador sigiloso. Aquella noche era una de ésas. Al salir, descubrió que había plenilunio. Y, al penetrar entre los árboles, sintió que lo que le rodeaba era un bosque infinito. Y, por ende, una hojarasca sin fin. El crujir de las hojas muertas le produjo una energía insospechada. Como un elíxir inspirador que duraría para siempre. Al día siguiente empezó su propia búsqueda. Lo dieron por desaparecido, cuando era todo lo contrario.

1032. DESTINO VIRTUAL

Andaba deambulando por los pasillos monumentales del aeropuerto de Dubai, mientras esperaba que transcurrieran las horas para tomar su vuelo hacia Bengaluru, India, en busca de un refugio en los alrededores montañosos. Estaba dentro de una muestra espectacular de la arquitectura de punta e iba hacia una aldea perdida entre los ramajes más vetustos. ¿Cuánto tiempo duró aquel deambular que se parecía tanto al de los peregrinos que nunca se fatigan en el trayecto? El suficiente para perder el vuelo. Pero esa era una contingencia sin mayores efectos en su búsqueda real. Ahora ya estaba en la nube, como un cibernauta ancestral

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