ÁLBUM DE LIBÉLULAS (143)

Uno de sus profesores en la educación básica le dijo un día sin más explicaciones: “Vas a ser personaje”.
Enlace copiado
ÁLBUM DE LIBÉLULAS (143)

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (143)

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (143)

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (143)

Enlace copiado
1166. LÍNEA TRAZADA

 Él no se lo dijo a nadie, porque no acababa de entender el mensaje, si es que alguno había. Siguió su vida de siempre: la de un niño tímido, la de un adolescente reflexivo, la de un joven adulto responsable. Y todo indicaba que sería, en todo sentido, un ciudadano común en el correcto sentido del término. Hasta que recibió aquel mensaje en su correo electrónico: “Vas a ser personaje, pero siempre en silencio”. Era la misma voz, desde distintos aires. Entonces optó por escapar hacia otra latitud geográfica, a probar suerte sin expectativas. Y estaba de pronto en lo que aparentaba ser una isla desierta. La recorrió de punta a punta, y en realidad no había nadie. Salvo él, personaje condenado al perfecto silencio sin historia…

1167. LA MÁS RECIENTE ENCUESTA DE OPINIÓN

Las encuestas de opinión están de moda en todas partes, y los políticos, cada vez que alguna aparece, se colocan el vestuario que les conviene. En esta oportunidad, los resultados de la encuesta parecían ajenos a toda realidad conocida, porque evidentemente respondían a preguntas hechas desde algún rincón muy poco visitado de la conciencia colectiva. Ya la primera pregunta era un indicio fuera de serie: “¿Qué nubes prefiere: las serenas, las impacientes o las distraídas?” El producto era un triple empate de cifras. Siguiente pregunta: “¿Cómo prefiere dormir: boca abajo, de lado, boca arriba o simplemente levitando?” Otro empate. Una más: “¿Cuál memoria prefiere: la azucarada, la agridulce, la picante?” Un empate más. Como si la imaginación quedara siempre en suspenso… ¿Para qué seguir?

1168. LIBERACIÓN INESPERADA

Cuando el salón de la funeraria se quedó solo, porque ya no se estilan las velas de toda la noche, hubo un curioso movimiento en la zona donde estaba el ataúd cerrado con muchas coronas y ramos alrededor. Fue como si una ráfaga de viento hubiera entrado sigilosamente con el propósito de destapar la caja, que crujió antes de permitir que se levantara la tapa. Cuando esto ocurrió, el que estaba adentro pareció asomarse al borde, con evidente cautela. No quería asustar a nadie, y menos asustarse a sí mismo. En realidad estaba solo en una víspera sin fin, pero tal condición, que de seguro en otra circunstancia le hubiera parecido angustiosa, ahora se le hacía una oportunidad mágica. Se incorporó. Salió del cajón. Avanzó en la penumbra, con la cautela de los recién llegados. Se perdió de vista. ¿Alguien lo notaría?

1169. CIBER CONDRÍACO

Para él aquello era un regalo personal de la tecnología sin límites. Siempre desconfió de los diagnósticos médicos, porque se limitaban a frases y a recetas, cuando lo que él necesitaba eran excursiones por el territorio desconocido de su organismo. Un territorio que, como los que conociera en su remota infancia, alternaba las hondonadas y las escarpaduras. Pasaba horas y horas al pie del tablero, haciendo consultas gratuitas. Todas imaginarias, porque en verdad su salud era de hierro. Pero como pasa con frecuencia, el hierro se oxida, y el suyo no fue la excepción. Un malestar desconocido comenzó a hacerle mella. No era un dolor específico, sino una serie de punzadas interiores, que parecían dardos lanzados desde algún centro de trolles. Cerró su laptop y su iPad, con aire definitivo. Las angustias físicas persistieron. Fue a ver a un médico común.

1170. HORIZONTES .COM

En el límite del pequeño patio hubo un pozo desde que él tenía memoria. Se asomaba a él cada vez que pasaba cerca, y la sensación de intimidad profunda se le fue haciendo tan natural que a su alrededor empezaron a identificarlo con el ensimismamiento sombrío. Fueron pasando los años, y él se alejó del lugar para educarse en otro sitio, donde ya ninguna casa, ni siquiera las que gozaban de patio, tenía pozo. Y curiosamente eso le produjo un cambio de perspectivas mentales. Era como si fuese emergiendo de sí mismo desde la profundidad de su pozo anímico. Entonces, cuando se sintió afuera, tuvo aquel respiro liberador que nunca había imaginado, y salió de inmediato al aire libre. ¿Qué aire era ese? Lo buscó a su alrededor, e imaginó que podía hallar una pista en si laptop abierta. La dirección le brotó sin pensarlo: HORIZONTES.COM.

1171. EN ALERTA MÁXIMA

Los delincuentes que pululaban libremente por la zona habían declarado una especie de toque de queda, para que los vecindarios quedaran en silencio durante el tiempo que durara el mandato. Así fue, porque los bichos no amagan. Parecía un lugar abandonado, en el que hasta los focos del alumbrado público parecían a punto de cumplir la orden. Una sombra de repente cruzó como si huyera, aunque fue a detenerse ahí no más, frente a la puerta de aquella casa que por tanto tiempo había estado presuntamente desocupada. Adentró comenzó a sonar una música apenas perceptible, que no era de instrumentos conocidos. Se entreabrió la puerta. Adentro había junta de notables. Era la clica de los invisibles. Se estaban reuniendo para conocer los efectos del toque de queda. Y aquella sombra recién llegada era el único sobreviviente.

1172. VIERNES NEGRO

En la televisión, en los medios escritos y en las redes sociales el bullicio de las ofertas con rebaja era un verdadero tsunami consumista. Viernes Negro, Ciber Lunes. La pesca delirante de voluntades dispuestas. Entre estas, la de aquel preso que acababa de recobrar la libertad luego de estar recluido por más de veinte años por un delito de sangre. Era viernes, y salió a la calle a recorrer vitrinas y mostradores, más por seguir la corriente que por interés propio. El bullicio popular lo fue conduciendo hasta aquella pequeña vitrina donde sólo había un rústico caballo de madera. ¿De qué podía servirle semejante objeto? Pero, en impulso irresistido, pasó en el interior y pidió que se lo mostraran. Entonces descubrió que lo que había visto en la vitrina era el reflejo de una antigua postal que alguna sonriente antepasada le había enviado desde las praderas del Viejo Oeste.

1173. LA HISTORIA SE REPITE

Las fumigaciones contra los zancudos transmisores de virus se habían vuelto virales. Por todas partes aparecían aquellos nubarrones instantáneos, soplados desde máquinas manuales. La guerra tenía dimensión global, pero pernoctaba en los vecindarios más pobres. Él no era un indigente, pero vivía como si lo fuera. Se acomodaba en cualquier umbral, sin protección alguna. A su alrededor nunca dejó de estar presente la colonia de figurillas voladoras, globalmente satanizadas, que él protegía como deidad responsable. Alguna vez sería proclamado Insecto Redentor.

Lee también

Comentarios

Newsletter