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ÁLBUM DE LIBÉLULAS (152 )

1239. CAMBIO DE ESQUEMA
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Él era director de proyectos especiales en la empresa, y aquella mañana el jefe principal lo llamó a su despacho. Pensó que sería para tratar temas del trabajo normal, pero de inmediato se dio cuenta de que había algo más. El jefe no tardó en hacerle una pregunta completamente inesperada: “¿Cuándo fue la última vez que leyó un libro sobre inspiraciones sobrenaturales?” Se quedó en Babia. El jefe, luego de unos instantes de observación silenciosa, insistió en el punto: “Es que estamos iniciando un proceso de reciclaje estratégico, y queremos trascender a otros planos”. Él se animó entonces a decir algo propio: “Si usted me pide que haga una hoja de ruta para pasar a esos otros planos, acepto”. Poco tiempo después, la empresa era otra: se había vuelto una instancia voladora para atender pedidos desde el más allá.

1240. FICCIÓN NOMINAL

Los nombres van girando en el tiempo, como si fueran una ruleta sin descanso: su abuela se llamaba Hortensia, su madre se llamaba Margot y ella se llamaba Jennifer. Cada momento tiene su nomenclatura, y bastaría con tener a la mano el repaso integral de las partidas de nacimiento del momento respectivo para reconocer los pálpitos del gusto personalizado. Estaban las tres sentadas aquella tarde alrededor de la mesita en el corredor interior que daba hacia el traspatio recién puesto al día. Tomaban té verde y comían pastelillos sin gluten, según la tendencia imperante. Hablaban de lo que siempre hablaban: de las pequeñas cosas cotidianas, que nunca llegaban a mayores. Y siempre salían a relucir los maridos. Atención con ellos. El tercer marido de la abuela se llamaba Brian; el segundo de la madre, Damián; el primero de la hija, Ildefonso … ¿El mundo al revés?

1241. PLAN DE REALIZACIÓN

Empecé a sentirme incómodo conmigo mismo cuando todas mis percepciones sobre la realidad que me rodeaba me comenzaron a parecer opacas o a punto de deshilarse. Nunca me había pasado nada semejante, y la sensación era menos esperable ahora cuando iba entrando por fin en una ruta hacia lo que yo quería en definitiva: ser predicador sin iglesia. Quizás era momento oportuno para salir en busca de algún refugio donde pudiera pensar sin interrupciones. Lo encontré poco después de iniciar la búsqueda, y me trasladé con las pocas cosas que me serían necesarias. Fue una decisión certera, y no tardó en llegar el momento de entrar en práctica de prédica. Hoy estoy realizado y puedo detallar mi experiencia. El refugio era una cueva. El entrenamiento fue el silencio. Mis feligreses se confundían con las sombras de la memoria.

1242. JUEGO DE TRETAS

La comunidad en que vivían desde siempre mermaba a diario, como si hubiera una irreprimible tentación de éxodo. Alguien dijo un día en un encuentro de amigos: “Cuando nos vayamos todos, ya van a ver…” Y uno de los presentes le respondió: “¿Qué vamos a ver si ya entonces no vamos a estar aquí?” Entonces el que había hecho el primer comentario se animó: “Bueno, y si es así, ¿por qué no hacemos un experimento original?... ¿Qué les parece si nos organizamos como hacen los delincuentes y algunos nos vamos clandestinamente y otros nos quedamos en la clandestinidad? Así les hacemos frente a los malhechores con sus propios métodos”. En los días subsiguientes algo inesperado pasó en el lugar. La pandilla de los que se fueron y la pandilla de los que se quedaron pusieron en marcha su pacto estratégico. Nadie sabía nada de nadie. Al enemigo, con sus armas.

1243. ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Cerró los ojos y comenzó a pensar en lo que era su vivir en otros tiempos, no demasiado lejanos para parecer imaginarios. Entre el silencio de la introspección le empezó a ser reconocible la voz de su abuela, con quien se había criado. Una voz que, aunque muy de vez en cuando subiera de tono, siempre tenía vocación de susurro. En ese momento preciso de su vida, cuando estaba enfrentando amagos de crisis tanto familiar como laboral, era perfectamente oportuna la visita de aquella voz, que siempre acudía a acompañarlo cuando era necesario, sin que él la invocara. Esta vez, la voz parecía un gemido amoroso: “Niño, no te apures, que las hadas nunca te abandonan”. Era su frase de ritual. Él aspiró el aire a fondo, y el aroma suave de la abuela estaba ahí. “Gracias, hada mayor”. El susurro se volvió sonrisa visible.

1244. ANIMAL BIENHERIDO

Se conocieron en la fiesta de cumpleaños de un conocido de ella que era amigo de él. Aunque la celebración no tuvo nada de original, para ambos fue un momento cargado de augurios, más para él que para ella. No tardó mucho para que amarraran, según el término popular; pero en verdad el amarre era un nudo por el lado de él y un enlace casi suelto por el lado de ella. Así fueron caminando las cosas, y sin decirlo con palabras él presionaba cada vez más para definir en serio la relación. Cuando surgió por ahí la frase “compromiso formal”, él sintió que el nudo del ansia le apretaba más por dentro y ella no pudo reprimir la ansiedad de escapar. Cuando ella lo hizo, él cayó de golpe. El corazón estuvo a punto de rompérsele, pero no lo hizo. Pasado el peligro, él reconoció la lección. Su corazón quedaba herido, sí, pero bienherido, porque ahora ya conocía los límites del sentimiento.

1245. EL ESPEJO JAMÁS LO DICE TODO

Eran jóvenes, y como se dice comúnmente tenían la vida por delante. Aunque pensaban en el futuro, este no era su principal punto de atención. Tampoco lo era el presente. ¿Y entonces? Nunca se habían hecho la pregunta en concreto, pero de pronto se les volvió sensible la inquietud y se animaron a convertirla en palabras: “¿Qué tenemos enfrente?”, se preguntó él en voz alta; y ella respondió de inmediato: “La ilusión de vivir”. Él indagó por el sentido de aquello: “¿La ilusión? Entonces es algo que se puede realizar o no…” Ella lo miró directamente a los ojos: “Es que eso es la vida: avanzar queriendo que pase lo que anhelamos, sin saber qué va a pasar… Porque la vida es un espejo que nos deja posar cada día frente a él aunque nunca nos devuelva la imagen definitiva…” Él soltó una risita cautelosa: “El que estudia filosofía soy yo, pero tú eres la que reinventa las lecciones…”

1246. EL AUXILIO OPORTUNO

Era experto en palabras, porque las escribía a diario para diversos menesteres. Y era tal la rutina que ya ni siquiera se ocupaba de reconocer sus sonidos. Llegó un momento en que todo aquello se le fue convirtiendo en una especie de sordera involuntaria, hasta el punto que los oídos físicos comenzaron a quedarse sin función. Un día de tantos, aquello le comenzó a provocar escalofríos. ¿Y si las palabras, al sentirse despojadas de su verdadero ser, decidían escapar? Entonces se le encendió el foco: para eso estaba el eco, para que fuera a convencerlas de volver…

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