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ÁLBUM DE LIBÉLULAS (159)

1297. NO DEJES PARA MAÑANA…
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Era joven, y eso le hacía sentirse poseedor de todas las visiones panorámicas del futuro; o, al menos, de su propio futuro, que, como es natural, era lo que más le importaba. En estos tiempos de aceleración sin precedentes en los que lo de ayer por la tarde ya parece prehistoria, no tenía interés en hacer otras previsiones. ¿Para qué? Hasta aquel atardecer en que se detuvo ante la capilla a la que iba en su infancia y que no visitaba desde entonces. Algo lo movió a entrar. Adentro, se topó con un hecho insólito e inexplicable: la capilla era hoy una especie de salón de espejos. Fue pasando frente a cada uno, y en cada uno su imagen era diferente, como si aquella fuera la casa del tiempo. Escapó, despavorido, antes de llegar al final. Después recordó su consuelo: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

1298. DE TAL PALO…

Se llamaba Olivia, y ese ya no era un nombre común cuando ella emergió en este mundo. ¿Quién había propuesto que la llamaran así? ¿Su abuela, que siempre fue admiradora de Olivia de Havilland, una de las protagonistas de “Lo que el viento se llevó”, o su madre, que siempre fue fanática de Olivia Newton-John, la protagonista de “Grease” con John Travolta? Cuando ella se lo preguntaba a ellas, se tiraban dulcemente la pelota: “La mamá, ¿y quién?” “La abuelita, pues”. Y todo era un juego, hasta que apareció el pretendiente: un muchacho que era ejemplo de inquietud intelectual al máximo. Ella, en plan de juego, le planteó su dilema. “Tienes la mirada de tu abuela y el caminado de tu mamá. Ellas también son Olivia, cada una a su estilo. Y tú, la síntesis, ¡qué suerte la que tengo! De tal palo, tal astilla”.

1299. CON EL TIEMPO Y UN GANCHITO…

Era el tipo de mujer que a él le nublaba la razón y lo dejaba expuesto a todos los relámpagos del instinto. Era una mezcla de Marilyn Monroe y Lady Gaga, para decirlo en términos que conjugaran la nostalgia con la actualidad. La vio caminando por el centro comercial más moderno de la ciudad y no pudo evitar seguirla. Ella entró en la tienda de lujo donde trabajaba. En los días siguientes se dedicó a rondarla sin descanso. Ella lo ignoraba, aunque era evidente que percibía el asedio. Así estuvieron durante semanas y meses. Él estaba más atado a su obsesión en la medida que ella ejercitaba su independencia, hasta que él tomó su decisión heroica: desaparecer sin previo aviso. Entonces ella empezó a sentir que el abandono era una trampa. Y él reapareció como si viniera a cumplir su misión. Con el tiempo y un ganchito hasta las de arriba bajan.

1300. SI TE ANIMAS AL SUEÑO…

Fue adolescente codiciada y luego joven apetecida. Al avanzar hacia una juventud más prominente sus atractivos personales se iban volviendo cada vez más expresivos. Sin embargo, ella no parecía querer usar nada de aquello para construir una vida propia, ya que seguía en la casa paterna, como si fuera la niña de siempre. En su entorno, menudeaban las habladurías, aunque tampoco eso hacía mella en su voluntad. Pero en algún momento, sin decir agua va, surgió en el entorno aquella figura enigmática, que nadie identificaba, y que tenía pinta de galán de cine de los tiempos heroicos del séptimo arte. Ella lo miró y ya no pudo dejar de mirarlo. “Te seguiré a donde vayas”. “¿Te animarías a seguirme hacia el fondo de la noche?” “¡Sí, porque quiero amanecer en otra parte que no sea mi cuarto de niña…!” Y es que si te animas al sueño te vendrá el despertar.

1301. EL QUE SOLO VE HACIA ARRIBA…

Desde que pasó de la niñez a la adolescencia las emociones astrales fueron sus favoritas. Era un movimiento natural de su conciencia, de seguro por vocación no descifrable. En su casa le decían: “Andás en las nubes, y solo se puede andar sobre el suelo”. Pero él no atendía ninguna de esas razones prácticas, que le parecían consejos de gente rudimentaria, incluyendo a sus propios padres. Eso fue tranquilamente así hasta que apareció Estrella, la muchacha que le sorbió el seso casi de inmediato. Él, al declararle su amor no resistible, le dio una razón suprema: “Te amo porque estás brillando en mi firmamento mental”. Ella lo miró casi con reproche: “¿En tu firmamento? ¡Qué va a ser! Yo vivo de mi propia luz, y si querés estar conmigo, bajá de tu nube, no vaya a ser que te caigas de un golpe”. Sí, porque el que solo ve hacia arriba fácilmente se derriba.

1302. CUANDO EL SILENCIO HABLA…

En algún campanario de los alrededores se producía, por inveterada costumbre, un repique a medianoche. Aquel vecino había escuchado la voz de esa campana desde que podía recordarlo. Por eso se sintió conmovido cuando un día de tantos el repique puntual dejó de oírse. No lo comentó con nadie, a la espera de que alguien se refiera al asunto; pero era como si el hecho no existiera. A partir de aquel momento, sin embargo, todo pareció empezar a cambiar en el ambiente. El vecindario se estaba convirtiendo en una comunidad de desconocidos y muchos, de pronto, optaban por la emigración. Entonces se le ocurrió ir a visitar los templos de la zona. En uno de ellos le dieron la pista: “Es que la campana se quedó afónica de repente, como si anunciara algún acontecimiento serio por venir. El silencio puede tener muchos mensajes…” Y es que cuando el silencio habla hay que saber oírlo.

1303. SI QUIERES SER FELIZ…

Vivía al principio en un predio lleno de arbustos y plantas, que tenía alrededor muchas colinas. Entonces creyó que quería ser ingeniero de caminos. Luego tuvo que trasladarse a la ciudad próxima, donde iba a empezar su carrera de ingeniero. Lo hizo. Desde su habitación en la casa donde ahora vivía podía ver una autopista de cuatro carriles, y eso le motivó un nuevo propósito: ser ingeniero de desarrollo urbano. Hizo el giro académico del caso. No tardó mucho, sin embargo, en presentarse una mutación en su vida: entró, sin saber por qué, en fase depresiva, y tuvo que buscar un refugio para someterse a tratamiento intensivo, y ahí el único lugar disponible para estar solo era aquel pequeño jardín, donde se le encendió el foco: sería ingeniero en jardines, por mera inspiración espontánea. Era volver a los orígenes: si quieres ser feliz nunca olvides tu raíz.

1304. EL QUE NADA DEBE…

Había llegado la hora de hacer recuento de sus obras en este mundo, y para más precisión fue a confesarse con el padre Benigno, párroco de su iglesia. Antes de empezar el recuento tras la cortina, le hizo al padre una pregunta aclaratoria: “Padre, ¿qué pasa con las culpas que uno ha ido olvidando a lo largo del tiempo?” El padre evidentemente sonrió: “Entonces, hijo mío, puedes sentirte tranquilo, porque si las has olvidado es que de alguna manera quizás inadvertida las purgaste”. “¡Qué chivo, porque entonces aquí concluye mi confesión, y puedo refugiarme en aquello de que el que nada debe nada teme!”

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