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ÁLBUM DE LIBÉLULAS (161)

1313. VENTILACIÓN CRUZADA
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“Fuimos niños alguna vez, y también seremos ancianos alguna vez, si tenemos esa suerte; y cada edad trae lo propio”. Era lo que llaman la voz de la experiencia, que no es más que el jugo exprimido de las naranjas frágiles del huerto existencial. Quiso entonces reflexionar un poco sobre aquel tránsito y se fue a ver imágenes conocidas hasta la saciedad en el parquecito vecino, que era la única zona verde de los sobrepoblados alrededores. Y las primeras dos imágenes que pasaron frente a él eran las precisas: un niño casi inválido y un anciano que trotaba en traje deportivo. Todo podía pasar en cualquier momento, independientemente de los clisés del calendario. Él se quedó sentado ahí, en su banca de siempre. Y de pronto tuvo la sensación de que el tiempo llegaba a ubicarse en su misma banca, junto a él, para hacerle compañía.

1314. CUESTIÓN DE TRÁMITES

El siguiente en la fila se notaba bastante nervioso, lo que era común en aquellas circunstancias. Cuando llegó frente al oficial de turno se puso en actitud de recibir indicaciones. El oficial revisó un papel que tenía sobre la tabla del pequeño podio, y sin dar los ojos le hizo la señal de que podía entrar. Él siguió adelante, sorprendido por la facilidad del paso. Pero no había caminado más que unos pasos cuando alguien se le puso enfrente y, tomándolo de un brazo, lo llevó hasta una puerta entreabierta. Lo hizo pasar, y ya adentro él se dio cuenta de que estaba ante una especie de tribunal examinador. De seguro era el examen necesario para proceder al verdadero ingreso. Los tres personajes entogados mostraban cierta condición fantasmal, aunque sin provocar angustia. ¿Cuánto iba a durar el examen? Todavía está ahí, sin conocer el resultado. El acceso a la eternidad es así.

1315. EL ESTABLO DE TROYA

Había en el vecindario muestras humanas de todas las ocupaciones imaginables, porque aquel era un suburbio de gran ciudad de siempre. Y entre ellas estaba el espionaje del trabajo ajeno para desnaturalizar la competencia. Era desde luego una actividad subterránea, con todas las reservas imaginativas de la clandestinidad. Él era un habitante común, cuya buena formación académica le había servido poco para prosperar, y la ambición de mejorar su condición se le estaba volviendo obsesiva. Un amigo de confianza le dio una pista: “Hay un trabajo que podría convenirte: el de caballo de Troya dentro de una empresa. Eso sí, es una ocupación secreta, porque de lo que se trata es de recolectar datos reservados de esa empresa y pasárselos a tu verdadero contratante. ¿Te animarías? El sueldo es alto, porque sólo contratan a los mejores”.

1316. NUBARRONES GLOBALES

Se preguntaba aún cómo había llegado a Messina, en el umbral de Sicilia, y las rutas le parecían cada vez más ilusorias. Al decidirse a emigrar por motivos de seguridad personal emprendió un ejercicio de posibilidades que tenía todas las características de un juego de azar. Por algo era jugador adicto. Lo cierto era que estaba ahí, caminando por la Via Garibaldi, como un turista más, aunque él era residente en un apartamentito ubicado bastante lejos. Principios del otoño, cielos nublados, y de pronto aquel bullicio juvenil que curiosamente venía saliendo de la Catedral. Bandadas de jóvenes con sus pantalones rotos a voluntad y sus cortes de pelo estilo gorra ladeada. Cuando la manifestación estudiantil vociferante pasó junto a él, se preguntó: “¿Dónde estoy: en el Trópico adolescente o en el Mediterráneo milenario?” Entonces giró la vista, para no sentirse títere del tiempo.

1317. MISIÓN INCUMPLIDA

Su maestro de matemáticas le dijo en forma tajante: “En los números está tu futuro”. Curiosamente, y poco después, su profesor de literatura le indicó sin titubeo: “Las letras son tu destino”. No mucho más tarde su profesor de química le auguró: “Te miro destacando entre probetas”. Suficiente para tener en qué pensar. Pero pensar realmente no era su fuerte, aunque pudiera parecer lo contrario. Pronto concluyó sus estudios secundarios, y ya bachillerado tenía que escoger camino profesional. Las voces de los tres maestros y algunos susurros circundantes que no se habían convertido en palabras estaban más que nunca a su alrededor. Así las cosas, se le hizo de pronto un gran silencio interior. Un silencio que traía la decisión entre sus manos: silencio, silencio, silencio… Poco después estaba en un monasterio distante, lejos del mundo.

1318. MISTERIO EN COMÚN

Cuando dispusieron anudar su relación, ambos estaban convencidos de que tal decisión sería el inicio de un estado de vida sin fracturas previsibles. Amor a primera vista, a primer olfato, a primera caricia, a primera almohada… ¿No sería demasiada perfección? La prueba siempre está en los vericuetos de la cotidianidad. Y sin que ellos se lo propusieran, los vericuetos fueron creando laberintos. En algún instante, ambos tenían necesidad de hallar escapes laterales, pero sintomáticamente ninguno de esos escapes imaginados mostraba contenido erótico. Él se enclaustró en las lecturas esotéricas y ella en la práctica del dibujo abstracto. Y esas salidas absorbentes tuvieron casi de entrada efecto sanador. Era, al fin de cuentas, compartir sin ceremonias el amor a primer retiro. La perfección vinculante volvía a hacer de las suyas.

1319. HORIZONTE HACIA ARRIBA

Aunque sabía que la Tierra es redonda nunca pudo dejar de pensar que vivía en una planicie interminable, como de seguro les pasó a todos los que habitaron en tal superficie antes de que la ciencia les arruinara la sensación. Sin embargo, cuando se dormía por las noches entraba en una suerte de ansiedad horizontal, como si el sueño y la vigilia no hubieran encontrado forma de entenderse, emocionalmente hablando. Estuvo sintiéndolo así por largo tiempo, hasta que una noche cualquiera el sueño se le puso en actitud repentinamente rebelde: de la ansiedad horizontal al desafío vertical. Aleteaba como un poseso, queriendo ascender por los tragaluces de su propia conciencia. Pero la noche y el día tienen su ciclo, y de repente despertó. ¿Dónde estaba: en su lecho quieto o en el aire libre? Sonrió, tranquilo. Podía estar en ambos a la vez.

1320. JARDINILLO CON MEMORIA

Pensaba, desde siempre, que no había en el mundo lugar más acogedor que un jardín. ¿Y de dónde podía haberle venido tal impresión, cuando él jamás tuvo jardín disponible, porque todos sus lugares de habitación fueron sótanos o áticos? Se propuso llegar a tener un hogar con jardín, y, aunque no se lo dijo a nadie, ese era el motor emocional de todos sus esfuerzos de superación. En cuanto pudo hizo real su anhelo. Ahora vivía en una pequeña casa rodeada de un inmenso jardín. Y los vecinos se preguntaban: “¿Qué hace este señor millonario en una colonia como la nuestra?” Ni siquiera imaginaban la respuesta, que sólo la sabía el pequeño jardín dormido en su memoria.

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