Lo más visto

Más de Revistas

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (164 )

1337. REVELACIÓN EN LÍNEA
Enlace copiado
ÁLBUM DE LIBÉLULAS (164 )

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (164 )

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (164 )

ÁLBUM DE LIBÉLULAS (164 )

Enlace copiado


Se hizo técnico en comunicaciones virtuales porque lo referente a la tecnología de punta era lo más apetecido en el mercado laboral, y él no solo necesitaba trabajar para sostenerse sino que tenía ambiciones de abundancia. Entró en aquella onda y se fue volviendo adicto compulsivo. Halló buen trabajo que no le requería estar en oficina o despacho. Pasaba en la única habitación de su vivienda en un cuarto piso, que por suerte contaba con saledizo embarandado hacia la lejanía. Eso le permitía estar encerrado en libertad. En algún momento conoció a Jennifer, y no fue en línea, sino en el supermercado. Se le acercó sin más: “Tú eres la Mujer Maravilla, ¿verdad?” Ella lo miró con susto, pero reaccionó de inmediato: “¿Cómo lo sabes?” “Porque me lo dijo una pitonisa en la nube… ¡Bienvenida a mi cielo!”

1338. FUTURO A FLOTE

Cuando adquirieron aquella casa lo hicieron sin decírselo a nadie, aunque las respectivas familias estaban al tanto de que la relación iba en serio. Se habían conocido en la universidad, donde ambos eran becarios por sus récords estudiantiles. Se graduaron con honores y consiguieron ubicarse sin tardanza en empresas de primer nivel, lo que les abría de inmediato el horizonte. Entonces pusieron fecha para casarse y empezaron a buscar casa. Se vieron a los ojos y aquella se les hizo la ideal. Se llevó a cabo la boda en un hotel de postín. Y ellos anunciaron, ante la sorpresa general: “Nos vamos ahora mismo de luna de miel a nuestra nueva casa”. Así lo hicieron, y entonces todos se percataron de que lo que ellos llamaban casa era un pequeño navío anclado que hoy sí podía hacerse a la mar...

1339. RECETA CON DESTINO

Don Pancracio tuvo siempre la ilusión de tener negocio propio, y como su tía Faustina fue tendera desde siempre él se animó a abrir su propia tienda con unos dineros que se sacó en la lotería. ¿Pero dónde ubicarla? En la casita que estaba abandonada en un recodo porque sus dueños murieron sin descendientes. Pancracio llegó a la casita y se instaló en ella. Ahí abrió su tiendita, que fue creciendo con el tiempo. Un día de tantos, un amigo le recomendó que buscara un abogado para legalizar su posesión. Así lo hizo. Haber estado ahí por tanto tiempo le dio el derecho. Ya legalizado, dispuso crecer aún más. Demolió la construcción inicial, ya casi inútil, y levantó un edificio. Su tienda se convirtió en distribuidora de todo. Don Pancracio la bautizó como debía ser: “La Pensada Perfecta”. Cuando le preguntaban por qué respondía: “Porque todo esto me lo inventé de golpe un día que iba pasando”...

1340. SANTA LUCIÉRNAGA

Fue desde el principio lo que antes llamaban un ser melancólico. La madre decía con sencillez: “Pobre mi hijito: nació triste”. En la adolescencia se volvió lector obsesivo, y todos creían que se trataba del refugio natural de un muchacho como él. Pero en verdad en vez de ser un refugio era un escape. Como estudiante mediocre tenía tiempo para las escapadas. Y sus lugares favoritos eran las campiñas y las montañas, aunque solo estuvieran en las páginas casi siempre amarillentas de los libros. Y en una de esas excursiones sedentarias, que se animaban sobre todo de noche, se halló en un oscuro claro de la espesura. Añoró una linterna y lo que apareció de inmediato fue aquella luciérnaga, incansable como todas. Con ella podía salir a cualquier camino, imaginado desde luego. Amaneció sonriente y animoso, con la luciérnaga ya en el vitral de la conciencia.

1341. FELICIDAD SUBTERRÁNEA

Llegó a vivir a aquella ciudad porque la inmigración indocumentada se la puso en el camino. Su familia había quedado en el país de origen, y por eso él era una especie de sombra ambulante. Halló trabajo como mesero en un bar de mala muerte y apenas tenía para habitar un cobertizo, porque la mayor parte de su salario se iba para allá. Aunque no se arrepentía de su decisión de irse a buscar mejor futuro, el presente se le iba volviendo un encierro sulfuroso. Tenía que buscar salida, ¿pero hacia dónde? Una noche, algún visitante del bar le dijo como si le trajera un mensaje: “Los únicos caminos seguros están bajo tierra”. Él se rebeló: “¿Hay que morirse entonces?” “No, hombre, no, hay que volverse minero de la nostalgia, ¿entendés?” “¡Ah, vos también sos de allá! ¿Y por qué hablas tan fino?” “Porque yo era un alma en pena y hoy soy un alma en gracia”. “Se me hace que sos pueta, mano”...

1342. ANHELO DESVELADO

Se lo pidió a la Providencia para ya no volver a pedirle nada: que le permitiera entrar siquiera una vez en el pasadizo mayor de eso que hemos dado en llamar memoria. Y la Providencia se hizo de rogar, pero ya que él era un devoto impecable e incansable, se decidió a concederle lo pedido “siquiera una vez”. Él se tendió en su cama como si fuera a dormirse y al instante se hallaba ante una puerta corrediza. Cuando entró, la puerta se corrió a su espalda. Anduvo quién sabe cuánto tiempo. De pronto se despejó la salida. ¿Dónde estaba? Un silbo, que podía ser de la Providencia, le indicó: “En el centro de tu memoria”. ¿Pero qué era aquello? Un entorno de paisajes dormidos. Quiso regresar de inmediato. Y al solo pensarlo estaba de nuevo ante la puerta corrediza. Y le dijo en confianza a la Providencia: “Si te vuelvo a pedir algo así, te hacés la loca por favor”.

1343. HIPERACTIVIDAD DEL TIEMPO

Cuando apareció el cuerpo sin vida toda la colonia se puso en ascuas. El que la racha homicida llegara al vecindario equivalía a vivirla en carne propia. Y más al tratarse de aquel señor que casi consideraban un santo varón por su forma de vida y de convivencia. ¿Qué había pasado? La autoridad dijo que el fallecido no tenía ninguna señal de violencia. ¿Entonces? Unos creyeron y otros no. Entre los primeros estaba aquel amigo de infancia del occiso, que se dedicaba a leer las cartas y a interpretar horóscopos. Algunos vecinos fueron a preguntarle. Él respondió: “Es que él se peleó con el tiempo porque el tiempo, que va cada vez más rápido, lo atropellaba a cada paso. El tiempo quiso darle una lección y lo atropelló de veras”. Los vecinos sorprendidos se miraron entre sí. ¿Quién hubiera imaginado algo como eso?

1344. BRÚJULA INFALIBLE

Montañas lejanas o cercanas, ¿quién sabe? Lo cierto es que en algunas de sus laderas hay lamparones que parecen nieve que nunca se derrite. Lo veo desde mi ventana y eso es lo que importa. Estoy aquí, en mi cuarto de trabajo, queriendo identificar las libélulas que me rodean. La que sigue es la que describe un paisaje imposible desde la ventana posible, que es esta. Ahí, en un rincón, está la guía necesaria: una orquídea que ha venido perdiendo color y ganando vitalidad. Es, pues, el momento de hacer la prueba definitiva. Salgo a la ínfima terraza y tomo impulso. Mis alas normalmente entumecidas se disponen al vuelo. Llevo la orquídea entre las manos y me dirijo, volando, hacia las montañas visibles. Voy desnudo, como los pájaros de siempre.

Tags:

  • david escobar galindo
  • literatura salvadoreña
  • historias sin cuento

Lee también

Comentarios