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Álbum de Libélulas (205)

Aunque aquel jardín era un espacio físicamente simbólico, lo que él necesitaba sí lo tenía a su disposición, que era hallarse a diario en contacto con su familia vegetal.

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Historias sin Cuento

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1678. PARÁBOLA DEL ARRAIGO

Aunque aquel jardín era un espacio físicamente simbólico, lo que él necesitaba sí lo tenía a su disposición, que era hallarse a diario en contacto con su familia vegetal. Le agradecía a la suerte ya no necesitar trabajo remunerado, porque así podía dedicarle su tiempo diario al convivio con las ramas, las hojas y las flores. Y en eso estaba cuando la pandilla que controlaba la zona agudizó sus ataques contra los habitantes del vecindario, exigiéndoles de todo. Salir del lugar era perentorio, pero él no lo hizo. La soledad y el silencio se apoderaron de todo. Los pandilleros llegaron a ocupar las casas. La de él estaba sellada a piedra y lodo, como si fuera un sepulcro. Los nuevos habitantes botaron todas las resistencias, pero afortunadamente nada podían contra un alma en pena, gozosa de sobrevivir en su hogar hasta el fin de los tiempos. 


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  • Álbum de Libélulas
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  • David Escobar Galindo

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