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Álbum de libélulas (127)

1041. Una tarde soñada
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La tarde lucía más resplandeciente que de costumbre en esos días del año, y por eso había también más paseantes que de costumbre. Aquellos dos jóvenes amigos con apariencia de intelectuales clásicos se desplazaban Champs-Elysées abajo, hacia la Place de la Concorde. Uno de ellos se detuvo, como si acabara de distinguir una imagen insólita. “Es ella”, dijo, casi temblando. El otro no comprendió: “¿Ella? ¿Quién?” “¡Melanie, la única sobreviviente de ‘Lo que el viento se llevó’! ¿La reconoces? Es inconfundible. Leí que desde hace mucho tiempo vive en París, la ciudad de los fantasmas felices…” “Lo que veo es una anciana que camina con garbo de joven”. “Pues sí, es ella. Olivia de Havilland. Debe estar cerca de los 100 años. ¡Acerquémonos, antes de que desaparezca!” La dama volvió la mirada hacia ellos: “Amigos, nos conocimos en el set de ‘Lo que el viento se llevó’, ¿verdad?”…

1042. ARGUMENTO IRREBATIBLE

Era casi medianoche y el taxi que lo llevaba del Aeropuerto JFK hacia Manhattan se desplazaba con lentitud cuidadosa. El conductor no había desatado palabra a lo largo del trayecto y el pasajero tampoco. De pronto, cuando iban pasando frente a una taberna evidentemente abierta, el pasajero le pidió al conductor que se detuviera. El conductor le preguntó si quería que lo dejara ahí, y aquel le dijo que le gustaría que lo acompañara a tomar una copa, y que le reconocería el tiempo. El conductor titubeó. Entonces el pasajero, con una sonrisa, le advirtió que si lo abandonaba no llegaría muy lejos. “¿Quién es usted?”, le preguntó el conductor, en un inglés apenas inteligible. “Un viajero sin edad”. El conductor pensó de inmediato que se trataba de un loco o de un iluminado. No podía exponerse. Detuvo su vehículo. Dentro de la taberna sonaba una canción inédita de George Harrison…

1043. Mañana hará 300 años

La expedición de rescate lo llevaba todo a su favor. Los expertos habían hecho su trabajo al detalle. El punto del hundimiento estaba perfectamente identificado y las condiciones del mar en ese punto se conocían de la A a la Z. Llegó el momento. Los buzos especializados lo tenían todo listo para entrar en acción. Entonces se produjo el acontecimiento sideral inesperado: un eclipse de Sol sin anuncio previo. Todos se quedaron en suspenso. El capitán del barco encargado de la maniobra trató de quitarle dramatismo al momento: “Estas son cosas que pasan. La tecnología tampoco lo puede todo”. Cuando volvió la luz normal siguió el proceso. En ese lugar se había hundido el barco por obra del ataque pirata. Allí, en el fondo oscuro del océano, estaba la nave intacta, como a la expectativa de que alguien la rescatara. Y los tripulantes seguían en ella. Solo el Sol lo sabía.

1044. En la ruta del destino

La maestra del kindergarten les dijo a los padres en cuanto hubo oportunidad de hacerlo: “Su hijo es un ser excepcional. No lo pierdan de vista”. Ellos lo tomaron como un elogio sin consecuencias. El niño, que había escuchado la recomendación de la maestra, sonrió para sus adentros. Así quedaron las cosas. El niño fue creciendo con buen aprovechamiento, pero sin ningún signo de superioridad excepcional, y estaba ya en los umbrales de la adolescencia. Entonces empezó a decaer en todas sus actividades, hasta parecer una especie de sombra ambulante. Los padres imaginaron que era efecto del tránsito hacia la pubertad. Un día, el joven les comunicó su decisión: “Me voy a rodar mundo, como mis antepasados”. Ellos le preguntaron con sobresalto: “¿A qué antepasados te refieres?” Él no respondió. Dentro de él todas las imágenes congregadas asentían.

1045. CAJA NEGRA

Como ya venía haciéndose aterradora tradición en aquella zona del océano, el avión de última generación que llevaba pasajeros de las más diversas nacionalidades desapareció sin dejar rastro, alzando en vilo a los modernos radares y poniendo en blanco todo indicio revelador. La noticia corrió como pólvora por todos los medios disponibles, incluyendo por supuesto las infinitamente ondulantes redes sociales. Pasaron los días y al fin se descubrió que la nave aérea estaba en el fondo del agua. Empezaron a rescatar cadáveres y restos metálicos. Los investigadores expertos buscaban la caja negra. La encontraron en el lecho más profundo. Tenía una fosforescencia parpadeante. La grabada conversación en cabina de mando tenía dos frases orientadoras: “Es el punto señalado”. “Identifiquémoslo para que lo sepan: el ventanal roto hacia la nada”.

1046. SELFI

Rossana era el imán del grupo. Tenía una de esas personalidades que se vuelven el centro de todas las atenciones sin necesidad de hacer nada para lograrlo. Su sueño era convertirse en figura del espectáculo, en cualquiera de las modalidades de este. Pero no tenía habilidades para la actuación, para el canto o para la comunicación visual. ¿Qué hacer entonces con una personalidad tan atractiva como la suya? Estaba entrando ya en impaciencia existencial, con brotes de ansiedad y aun de angustia. Tuvo una corazonada: de seguro consultar con un psíquico podría orientarla. Fue a consultar con el primero que encontró en los anuncios clasificados. En cuanto él la vio la saludó como si la conociera de siempre: “¡Rossana, por fin atiendes a mi llamado!”. Ella vio el cielo abierto. Acababa de comprender que el destino es un selfi tomado en el momento preciso.

1047. LA RENDIJA SECRETA

Un día de tantos lo decidió, y sin darle muchas vueltas emprendió camino. El coyote le aseguró que todo estaba bajo control. Así dicen siempre. Pero el tren galopante que conducía al grupo de indocumentados hacia la frontera con Estados Unidos fue asaltado en una llanura inhóspita, y los pasajeros pasaron a ser rehenes. Él estaba ahora en un rincón oscuro y mugriento, sentado sobre el suelo rústico y con la mente en blanco. Su nuevo proyecto de vida parecía estar frustrándose antes de empezar, y con la vida misma en peligro. Se acostó sin ningún apoyo y tuvo de pronto la sensación viva de las noches en que dormía en el tabanco de la cabaña campesina. Se privó de inmediato, como si aquella remembranza fuera un augurio prometedor. Acababa de descubrir otra frontera: esa que comunicaba su ser de ahora con su ser de siempre. Nada podría detenerlo.

1048. JUEGO DE SEÑALES

Habían vivido la vida entera en un cantón comunicado con el pueblo más cercano por una calle de tierra. Ahora, de repente, recibían aquella herencia insospechada de un pariente que se fue hacia el Norte. ¿Qué hacer? Una noche tuvieron el mismo sueño: en el terrenito que rodeaba su casa de siempre estaba reventando un ojo de agua. Al despertar, se miraron sin que ninguno de los dos comentara nada de lo que acababan de soñar. Y cuando recogieron en efectivo el dinero de la herencia lo metieron en una maleta y lo enterraron junto al ojo de agua. Fertilidad asegurada.

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