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Álbum de libélulas (128 )

El emperador entreabrió los párpados, y, como todas las mañanas, se dio cuenta de que estaba solo.
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1049. EL TRIUNFO DE LA PASIÓN

El emperador entreabrió los párpados, y, como todas las mañanas, se dio cuenta de que estaba solo. Sus mujeres habían ido desapareciendo sucesivamente, luego de que el servicio secreto personal les descubriera alguna infidelidad, manifiesta o potencial. ¿Cuál era el sino del emperador, que lo condenaba a despertar en solitario con puntualidad impecable cada cierto tiempo? Se lo preguntó al adivino más prestigioso de la zona, y éste le dio una respuesta enigmática: “Hay que vivir en la sombra para que se haga la luz”. Pese a la omnipresencia de su poder, el emperador se quedó en ascuas, como el más indefenso de los ciudadanos de su imperio. Y aquella frase se le volvió roedor interior. Un día de tantos, desarticuló su servicio secreto personal. La próxima elegida estaría libre entre sus brazos.

1050. COMPAÑÍA PROFUNDA

Los resuellos se oían en el silencio de la noche, como si se tratara de un concierto espontáneo de respiraciones fatigadas. En el entorno no se hallaba nadie visible, y por tanto no había cómo ubicar con precisión la procedencia de tales resuellos. Trató de tranquilizarse, embocicándose en aquella colcha que como herencia de familia era un mapa de lamparones opacos y relucientes. Pero no pudo conciliar el sueño, ni siquiera como suspensión semiconsciente. Se quedó inmóvil. Los resuellos continuaron, y hubo un momento en que se le hicieron casi amigables. Entonces comenzó a sentir que necesitaba tiempo nocturno suficiente para recoger como propia aquella experiencia y así hacer que sobreviviera cuando llegara de nuevo el día. Empezó a clarear, y eso le produjo un pálpito. “Oigan, ¿volverán alguna vez?” Los resuellos se volvieron suspiros. Respuesta suficiente.

1051. JUEGO DEL DESTINO

Estaba en los umbrales de la primera juventud, y la decisión sobre su futuro empezaba a dibujársele en un rincón penumbroso de la conciencia. Sería delincuente, sin tener aún muy clara la naturaleza de su actividad criminal. Lo extraño, al menos tal como lo hubiera percibido un observador externo, era que él se había criado en un ambiente familiar enmarcado en los conceptos tradicionales de religiosidad y de buen ejemplo. En su casa nadie advertía ningún signo de aquel proceso interior del hijo más joven, que era por supuesto el niño bonito del hogar. Y por eso cuando se produjo el primer crimen atribuible a él todos eran agitadas presas del desconcierto. No lo negó; por el contrario, parecía orgulloso de su acción. “Sí, yo lo hice: quebré el jarrón de porcelana antigua que guardaba todos los aromas ancestrales de la familia. ¿No se sienten libres?”

1052. CITA VISIONARIA

Cuando tuvo suficiente dinero ahorrado para poder liberarse de cualquier atadura de trabajo se declaró libre. Pensó: “Soltar amarras es mucho más fácil que atracar”. Y la imagen le trajo de inmediato la antigua ilusión de los mares por recorrer. Su esposa lo miró con una sonrisa prometedora, y le preguntó: “¿Cuándo zarpamos?” Se rieron abrazados, sintiendo ya el calor vivo de la aventura. En los siguientes días se dedicaron a rastrear en la Internet las ofertas disponibles de cruceros por los mares del mundo. Pese al entusiasmo, no encontraron ninguna ruta que les atrajera por completo. Dejaron unos días para pensar cada quien por su cuenta. Hasta que se sentaron de nuevo. “Hagamos una cita a ciegas con el mar. Si eso se estila para encontrar pareja, ¿por qué no aplicarlo a la búsqueda de horizonte?...” ¿Quién lo dijo? No importa. El horizonte sonreía.

1053. HILO DE VIDA

Había nacido en un rancho a orillas de un potrero, en las vegas del río Lempa y en las cercanías de Nueva Concepción. Desde que tuvo conciencia de lo que había a su alrededor, todas las tardes observaba la despedida de la luz solar entre las ramas de los morros vecinos, en los que durante el verano florecían las orquídeas silvestres. Estudió la educación básica en un centro escolar de los entornos; y aunque su capacidad intelectual parecía dar para mucho más, prefirió quedarse ahí, sin optar siquiera a la educación media. Cualquiera hubiera dicho que eso era quedarse en estado casi vegetal, y en otro sentido era cierto. Dedicado al cultivo de la tierra, en clave ancestral, entró en intimidad sublimada con aquellos seres que crecían, florecían, daban fruto y morían. Espontáneamente se volvió monje natural. Y empezó a predicar como los profetas antiguos.

1054. CICLOS VITALES

Vivía en el segundo nivel de un multifamiliar de los más vetustos, en una zona urbana cada vez más venida a menos. Nunca quiso trasladarse a otro lugar, pese a que sus condiciones económicas habían mejorado por sucesivos ascensos laborales en la empresa de servicios tecnológicos donde tenía su arraigo. Y es que en verdad se movía en dos planos: durante el día, la creatividad de punta; durante la noche, el refugio más antiguo. Entonces su mujer le puso un ultimátum: “Nos mudamos o me voy”. Ahora vivía en un apartamento en las alturas de una torre de lujo. Y su experiencia personal dio un giro dramático: durante el día soñaba con paisajes de otros entonces; durante la noche ardía en ideas innovadoras. Dejó el trabajo, porque ya no funcionaba. Se dedicó a vivir en el ensueño. Su mujer lo entendió a su modo: “Necesitás tratamiento”. Él pensó: “Ve quién habla”.

1055. RECETA CON INDICACIONES

¿Estaba en problemas personales? Qué pregunta. Tenía padres vivos y en plenitud de presencia. Tenía marido con el que había logrado armonía básica. Tenía un par de hijos adolescentes en pie de futuro. Tenía buena salud y buen ánimo. ¿Qué le faltaba, entonces? Lo cierto era que el insomnio se le hacía cada vez más frecuente y erosionador de su tranquilidad mental, que siempre había estado fuera de cuestión. Acudió a consulta, y el médico le recitó tranquilizantes. Nada. Fue a ver a una naturista, que le indicó pociones y meditaciones. Tampoco. Se quedó en suspenso, y entonces creyó oír una voz interior: “Hay que seducir a la otra parte de tu ser”. “¿Seducir? Pero si a mí me educaron para ser seducida…” “Ah, esa es la práctica que hay que reciclar. Necesitas convivir amorosamente con tus sueños más profundos… ¿Los conoces? ¿No, verdad? Pues a conocerlos, muchacha”…

1056. LA CURA INFALIBLE

El médico que lo examinaba periódicamente decretó, sin énfasis: “Curación total”. ¿Qué significaba aquello, tiempo después de que su mal había sido marcado “incurable”, con la consiguiente suspensión progresiva de los tratamientos posibles? La sorpresa le cerró todos los accesos al área de la reflexión consciente, salvo uno: aquella rendija por donde se colaba un curioso rayo solar. Y entonces le cayó el veinte. Salió deprisa hacia el aire abierto. Se arrodilló y lanzó un gritó que resonó en todos los entornos: “¡Gracias, Padre Sol, por ser el curandero perfecto!”

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