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Alfabetizar en emociones

Una biblioteca no es solo un repositorio de obras que ofrece en sus recintos un libro o un documento. Significa comunicación directa que busca humanizar la información. Y para ello entra en contacto con la vida y con los que viven.
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En el 146.º aniversario de la Biblioteca Nacional nada es más obligado que hablar en general de las bibliotecas y del bienestar emotivo. Ya antes escribí sobre la nuestra, pero hay tantas cosas que decir respecto a una visión más extensa. En primer lugar las Bibliotecas son entidades existentes en todo el mundo, por sobre todo suceso histórico, divisiones políticas o sesgos ideológicos. Menos de una decena de países en el globo, carecen de una “catedral del conocimiento”, como la llamaron los egipcios, o “república” de las letras como la llaman los chinos.

En Nínive está la primera biblioteca organizada más reconocida, con obras en tabletas de arcilla, hace 2,700 años. Y la más famosa tiene 2,300 años (la de Alejandría, Egipto, ahora una de las más grandes y bellas del mundo). Al traspasar edades expresan la perennidad del libro y la documentación.

Con estas características únicas las bibliotecas se vuelven necesarias acompañantes de desarrollo humano. Caminan de la mano con la humanidad. Y en la era tecnológica continúan siendo fuente recreativa, informativa y de conocimiento. Son el registro histórico de la identidad nacional, memoria colectiva de la nación que, articulada con otras instituciones, despliega políticas de lectura y promueve el libro como un eje educativo. Este gran paisaje nos lleva a pensar que una biblioteca también alfabetiza en emociones, porque contribuye a la salud mental, crea socialización familiar, sensibiliza, su riqueza documental ofrece ideas, conocimiento, recreación emotiva, constituye la mejor forma de prevenir a profundidad la violencia. Y, por último, es referente nacional e internacional de la producción literaria y cultural de un país, medio imprescindible de información sobre la nación.

Esto pareciera algo nuevo, sin embargo, en El Salvador ya lo dijo un visionario sobre el desarrollo social y económico. ¿Qué fines tienen una biblioteca que va a la comunidad? Masferrer responde en su obra “Leer y Escribir” (1915): “Crea un nivel de cultura que contribuye a la democratización, a la salud y al bienestar como una realidad posible. Procura una extensa comunicación mental que nos vincula”. Porque de otra manera “viviremos en la anarquía de ideas y aspiraciones tirando cada quien por su lado, sin posibilidad de transformar la nación”. Noten como Masferrer incluye desde aquellas épocas la salud mental, el control de las emociones. Y cuando habla de anarquía de ideas se refiere a la tolerancia, un instrumento de paz.

Estos fines innovadores no se oponen a la tecnología de la información. Caso de la biblioteca digital. Aunque esto será objeto de otro trabajo. Agrego que El Salvador ya pertenece a la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano. Otra expresión para encontrarnos con miles y miles de compatriotas de la diáspora mundial.

Así, una biblioteca no es solo un repositorio de obras que ofrece en sus recintos un libro o un documento. Significa comunicación directa que busca humanizar la información. Y para ello entra en contacto con la vida y con los que viven.

Y para no quedar solo en palabras, nuestras bibliotecas salvadoreñas reciben jóvenes que no necesariamente solicitan un libro, también están los que llegan a conocer el significado de una institución bibliográfica, ofrece un intercambio con los bibliotecarios para compartir historia y libertad de pensamiento, lo que llamamos Visitas Guiadas.

También contamos con otras expresiones similares: la Biblioteca Móvil que visita a las comunidades, la Sala Infantil y diversas formas de extensión cultural. En todos estos casos el bibliotecario debe conocer lo que quiere la persona, y por eso dialoga, conversa sobre un libro concreto y la importancia de la lectura. La función bibliotecaria ya no se limita a entregar una obra para tomar apuntes y leerla en silencio. Contribuye a formar al presente y futuro ciudadano lector.

Refuerzo estas ideas con palabras del filósofo y escritor español contemporáneo Fernando Savater. Es todo un planteamiento innovador sobre las bibliotecas. Dice Savater que educar es formar seres humanos completos, busca perpetuar en humanidad: “Nos hacemos humanos unos a otros, repartimos humanidad a nuestro alrededor y la recibimos de los demás”. Porque la nación no es definida “por la tierra o sus componentes naturales”, sino que se construye “por un Estado de Derecho, por el respeto de una Carta Fundamental y a las leyes de un país”. De modo, continúa afirmando que debemos obligarnos a educar como si cada ciudadano fuera a ser gobernante: “La educación es lo que lucha contra esa fatalidad que hace que el pobre siempre tenga que tener hijos pobres y que el ignorante siempre tenga que tener hijos ignorantes”. Savater, por supuesto, se refiere a la educación por medio del libro. Debemos ver “la literatura como alegría y salvación en el arte de educar... Para multiplicar nuestra alma”. Y sigue: “La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene unos goces extraordinarios… El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana... La riqueza que nos dan los libros es real, más duradera y limpia...”

Todo hace pensar en la necesidad de apropiarnos del concepto extenso de las bibliotecas, del libro y la lectura: educan, recrean, transforman mentalidades para una sociedad emocionalmente pacífica. Significa formar en inclusión, equidad, tolerancia, solidaridad social, ética política, honestidad. Por eso decenas de países han hecho de las bibliotecas un espacio espectacular. Difícil señalar las que más nos asombran, no solo por su arquitectura, sino por sus contenidos. Por ejemplo: los 8 millones de libros de la que es ahora la Biblioteca de Alejandría. La Biblioteca Nacional de China, con 31 millones de ejemplares, la más grande de Asia, “una especie de sumun de conocimiento”.

Las bellas y espectaculares biblioteca públicas de Nueva York, Seattle, Baltimore, la de Taiwán en Taipéi, las Bibliotecas Reales de Dinamarca y Suecia, Praga, París, Stuttgart, Dublin, Croacia y Portugal. Todas ellas con un sistema al servicio de la investigación científica y del bienestar humano, catedrales y repúblicas del libro. Soporte de educación emocional y de desarrollo humano

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