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Angustia y soledad, la realidad de los que buscan a sus hijos

Cansados de llorar y de esperar que las instituciones del Estado den con sus hijos desaparecidos, en Bolivia hay padres que están arriesgando sus vidas al meterse en las entrañas de la trata y tráfico de personas. Desde 2012 hasta julio de 2017, el país registró 3,000 casos. Solo el 1.3 % ha llegado a sentencia.
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¡Si sigues buscando a tu hija, te vas a morir vieja %6&$!

Ni había atravesado la puerta del set de televisión donde la entrevistaron por la desaparición de su hija víctima de trata de personas, cuando una amenaza de muerte y un sonido seco de una llamada que se cortaba le laceraron el alma. Lidia Ramos tiene miedo, pero también coraje.

El deseo de encontrar a su hija, Juliva Nina Ramos, desaparecida desde el 10 de julio de 2014, cuando recorría las seis cuadras que separan su casa de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), la ha llevado a hacer cosas que hasta entonces jamás imaginó. Como ella, en 2014 otras 598 familias en Bolivia quedaban con la vida congelada por el secuestro de sus hijos, víctimas de trata y tráfico de personas, según cifras del Ministerio Público. Desde 2012 hasta julio de 2017 ya se han contabilizado 3,000 casos.

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