Apachando el ojo

Por extraño que parezca, es una buena señal que estén saliendo a la luz casos de funcionarios que creen estar por encima de la ley. Esto debería encender alarmas que adviertan a otros personajes que quieran seguir por el camino de la corrupción.
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La semana pasada se hizo pública una demanda por enriquecimiento ilícito, presentada por la Fiscalía General de la República, en contra de Mauricio Funes Cartagena, quien ocupara el asiento presidencial de El Salvador entre 2009 y 2014. Parece ser que, quien le puso el cascabel al gato, también tiene cola que le pisen. La reacción ante la noticia ha sido casi nula en contraste con el caso del también expresidente Francisco Flores, quien fuera el protagonista de un panorama muy diferente cuando la noticia salió a la luz.

Por otra parte, por extraño que parezca, es una buena señal que estén saliendo a la luz casos de funcionarios que creen estar por encima de la ley. Esto debería encender alarmas que adviertan a otros personajes que quieran seguir por el camino de la corrupción. En un mundo ideal, estos métodos deberían funcionar como desincentivos para los funcionarios corruptos, advirtiéndoles y haciéndoles reconocer que sus acciones pueden tener consecuencias y que, las instituciones que persiguen el delito, están en función de ello y no del jefe de turno.

Sin embargo, es bastante curioso que estos avances en temas de transparencia y anticorrupción únicamente sean celebrados cuando se trata de funcionarios de ¿ARENA? O por lo menos, esta demanda no ha alcanzado, por el momento, la cobertura mediática, ni escandalosa que sí lo hizo durante el caso Flores.

Eso, la imparcialidad a la hora de condenar la corrupción, es muy preocupante.

El enriquecimiento ilícito es igual de condenable si se trata de funcionarios de izquierda o de derecha. La corrupción es igual de perversa cuando es ejercida por un funcionario de izquierda o de derecha. Las negociaciones ocultas afectan al país y a los ciudadanos comunes cuando las gestiona un funcionario de izquierda o uno de derecha.

La anticorrupción no debería vestirse de colores partidarios: el que es corrupto merece someterse a todos los procesos que la ley establece, sea del partido que sea. Pero somos los ciudadanos los que le otorgaremos la relevancia que merecen a estos procesos, con el interés puesto en ellos, informándonos y comentándolos. Por tanto, otorgar un nivel cuasi telenovelesco a un caso, e ignorar deliberadamente otro, por mera partidización, me parece entristecedor.

Hacernos del ojo pacho con unos y reprender excesivamente a otros, es un síntoma preocupante de un país que parece sentirse resignado a ser estafado por el gobierno de turno. Así, solo lograremos un intento blandengue de corregir el fenómeno generalizado de “si ellos pudieron, ¿por qué nosotros no?”, cuando eso, lo único que logra es que nos sigamos hundiendo en la mediocridad y la resignación.

Ojalá que la Fiscalía se rija por estos mismos lineamientos y haga su trabajo sin inclinarse hacia unos u otros con base en su afiliación partidaria. Al fin y al cabo, todos los casos de corrupción son condenables y deberían ser castigados con la misma rigurosidad.

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