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Arte sin títulos

Contrario a lo que Sánchez Cerén prometió en su campaña electoral, el Instituto Superior de Artes (ISAR) no ofrecerá ninguna licenciatura en artes. Funcionarios de cultura sostienen que el ISAR abrirá sus puertas a más tardar en 2018 con una oferta de técnicos y diplomados. Aunque esto representa un avance para la formación de artistas de El Salvador, no viene a satisfacer las demandas históricas que plantea el gremio cultural en materia de educación formal.
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E l patio de este hotel capitalino está a reventar. Las sillas que se colocaron frente al escenario no alcanzan para los cientos de personas que se han presentado a mostrar su apoyo a la fórmula presidencial del FMLN. Es enero de 2014, una gran parte de la comunidad artística está aquí para escuchar las promesas del candidato Salvador Sánchez Cerén.

El viento vaticina una de las primeras lluvias del año y Sánchez Cerén se presenta con una bufanda al cuello. Sobre la tarima hace una promesa: “Daremos vida al Instituto Superior de las Artes para impulsar licenciaturas en las distintas disciplinas”. Al final del discurso dos artistas toman las manos de Sánchez Cerén y las alzan en señal de victoria.

Dos años antes de este acto, cuando Sánchez Cerén todavía tenía el cargo de ministro de Educación, cientos de firmas llegaron a su oficina. Fueron recolectadas por los estudiantes de la Escuela de Jóvenes Talentos en Artes a la que el MINED dejó de financiar.

En esa carta fechada en 2012 que acompañaba a las firmas, los jóvenes le pedían a Sánchez Cerén que respetara su derecho a una educación integral y les permitiera seguir estudiando artes en la escuela que Educación y la Universidad Tecnológica habían creado para ellos. Nunca obtuvieron respuesta. Pero, en plena campaña presidencial, el candidato del FMLN se comprometió formalmente con todo aquel interesado en estudiar una carrera artística.

El comportamiento de Sánchez Cerén nunca ha sido cercano al gremio artístico. En pleno 2016, solo dos años después de aquel acto en un hotel en el que todo era mieles, otros funcionarios del gobierno son los encargados de desmontar las promesas del mandatario, otra vez. En el segundo gobierno de izquierda no habrá licenciaturas en artes porque, dicen los funcionarios: “No es realista para el país”.


Espacio.  El país cuenta con un Centro Nacional de Artes en San Salvador, pero la educación que se recibe no tiene acreditación por parte del MINED.

Estudiar arte es una carrera de obstáculos en un país que nunca le ha dado prioridad a su cultura, y mucho menos, a la formación de sus artistas. Si un joven tiene intenciones de estudiar una rama artística de manera profesional, se dará cuenta de inmediato de las limitadas ofertas educativas que hay. Si tiene suerte y encuentra un centro en el que brinden formación relacionada a sus intereses, debe averiguar si el diploma que recibirá es reconocido oficialmente por el Ministerio de Educación. En la mayoría de casos descubrirá que no.

Ya que en El Salvador no hay ningún centro de formación universitaria que tenga a las artes como prioridad, a veces, la mejor respuesta es ir a estudiar al extranjero. Eso lo sabe bien Marta Rosales, quien persiguió su carrera musical en Ucrania. De ese lugar tan lejano volvió para dedicarse a la pedagogía y a la investigación de la música. Ahora es la directora nacional de Artes, Teatros y Espacios Escénicos de la Secretaría de Cultura (SECULTURA) y es parte de un equipo que coordina la creación del Instituto Superior de Artes (ISAR).

El instituto, en teoría, llenará un vacío de educación histórica que el gremio artístico ha denunciado. Aún no está funcionando pues se encuentra en la fase de diseño. Pero, antes de abrir sus puertas ya sufrió un cambio sustancial. Ofrecerá una pequeña variedad de cursos pero no ejecutará la promesa de licenciaturas del presidente. “Es más real la propuesta actual que la que se tenía de cinco licenciaturas”, dice Marta Rosales.

La directora nacional de Artes argumenta que en el país existen demasiadas deficiencias pedagógicas como para implementar las licenciaturas. Rosales da a entender que no hay suficientes docentes capacitados para impartir la cantidad de materias que un grado superior de ese rango exige. “Hay artistas, (pero) no necesariamente el artista es docente”, explica con calma Rosales.

La creación del ISAR le ha sido encomendada a un grupo de artistas y educadores que diseñan las clases y toman decisiones administrativas. Al grupo de consultores se le ha llamado Comisartes. Entre ellos el teatrero Alejandro Lemus, la pedagoga Aída Bernal y la directora nacional de Artes. El autor Manuel Velasco también brinda apoyo a la comisión desde hace una semana a través de una consultoría.

Ellos cargan con la responsabilidad de que las personas que necesitan formarse en el arte, no se sientan expulsadas del país al no encontrar ofertas académicas. Hace seis años, cuando Andrea Rodríguez se graduó del colegio, ya sabía que quería dedicarse a los escenarios. Pero, no encontró una universidad en la que estudiar teatro. Ahora ha puesto sus ilusiones en una que está a miles de kilómetros.

Al saber que no podría estudiar lo que quería, Andrea se matriculó en una universidad privada y cursó una licenciatura en comunicaciones. Ahora que ya ha completado esa carrera, lo tiene decidido: se mudará fuera del país y buscará ser aceptada en una academia profesional de arte. “No quisiera tener que decidir entre el país que amo y mi elección profesional. No quisiera dejar a mi familia, ni a mi novio”, reflexiona esta chica morena de cabello largo, mientras piensa en los meses que se avecinan. Luego, deja ver otros miedos. “No quisiera temer a la discriminación, a la xenofobia o al idioma inglés del país al que voy”, dice. Mientras habla, parece que se imagina el futuro lejos de todo lo que ha conocido como hogar.

Por eso, comprender que el ISAR no brindará licenciaturas se vuelve difícil si se toma en cuenta que la oferta de formación artística sigue siendo limitada. El mundo de las artes, como cualquier otro mercado, es competitivo y una licenciatura no garantiza trabajo, pero abre más oportunidades laborales en un campo que, de por sí, suele ser árido.

Aunque por ahora el instituto solo existe en papel, la secretaria de Cultura, Silvia Elena Regalado, afirma que para la creación del ISAR se cuenta con un presupuesto anual de $100 mil. Esa cantidad de dinero ha servido para pagar los salarios de las personas que diseñan los contenidos de los cursos y para viajar a México. De acuerdo con las autoridades de SECULTURA, es necesario ver de primera mano cómo trabajan otros institutos de artes para emular lo que funciona y tener mejores ideas.

Para Alejandra Nolasco, reconocida actriz salvadoreña con 16 años de experiencia sobre las tablas y ganadora del premio Ovación 2011 del teatro Luis Poma, las licenciaturas en artes son necesarias porque “el país necesita la inversión en la formación de campos humanísticos, no solamente la obsesión por los campos que preparen al ‘capital humano’ para hacerlo todo más rentable”.

Lejos de verlo como un lujo para un país con tantas carencias socioeconómicas como El Salvador, Nolasco expresa: “Las sociedades evolucionan de manera distinta cuando se integran y defienden al arte y la cultura como pilares del desarrollo”.

La promesa de desarrollar licenciaturas artísticas no fue solo enunciada en discursos. Está plasmada en la plataforma de gobierno del FMLN, El Salvador adelante. Ahí, en el eje 9, la fórmula presidencial se comprometía a “fundar el Instituto Superior de las Artes para impulsar licenciaturas en las distintas disciplinas y propiciar espacios de intercambio creativo a escala regional, latinoamericana y otras latitudes”.

De acuerdo con la Dirección Nacional de Artes, se ha llegado a decidir los cursos que se impartirán basándose en “un análisis de lo que tiene y no tiene el país”. Y ya que la Universidad de El Salvador cuenta con la única licenciatura en artes plásticas, Comisartes ha considerado que no será replicada.

Ese mismo razonamiento se ha ocupado también para excusar la no creación de una licenciatura en música en el instituto. La Secretaría de Cultura, con cooperación colombiana y la Universidad José Matías Delgado sostiene que abrirán en los siguientes años una licenciatura en música. Aún no se sabe si en 2017 o en 2018.

Diana Rivas es una joven veinteañera y toca el violín. Desde que tenía 15 años y se enamoró del instrumento ha buscado irse del país para educarse, pero aún no ha podido.

La ausencia de espacios de formación artística regulados y vigilados por el Estado incrementa la sensación de desamparo de algunas personas al tener que formarse en lugares sin supervisión. “Una vez fui a una academia que en realidad, era una casa. Todos ahí eran hombres. Por la inseguridad en la que vivimos dejé de ir. Luego intenté en el CENAR pero me quedaba muy lejos. No hay muchos lugares a los que se pueda ir y aprender”, afirma Diana. Ella, contra todo pronóstico, sigue buscando lugares en los que continuar aprendiendo.

A pesar de que el presidente prometió otra cosa, Comisartes “ha considerado un profesorado en educación artística, un técnico en producción musical y un técnico en gestión cultural y diplomados en esas mismas áreas”, anuncia Marta Rosales.


La última vez.  El CENAR graduó en 1997 a la última promoción que se llevó un título avalado por el Ministerio de Educación.

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“Aquí solo se aprecian las carreras técnicas”, comenta con decepción Andrea Rodríguez, la joven que no quiere migrar pero sabe que debe hacerlo para ser honesta con sus aspiraciones. “Es terrible dejar el país porque uno quiere estudiar otra cosa”, dice. Luego, admite algo como quien se recompone ante el dolor previo al desarraigo: “Pero en este país hay peores razones para migrar”.

Previendo estos escenarios de fuga de talentos, la creación del ISAR se ha planteado desde inicios del siglo. La idea del instituto no nació dentro del mundo político electoral. Es un reclamo que ha surgido desde el gremio artístico.

El “Análisis de situación de la expresión artística en El Salvador” de la Fundación AccesArte afirma: “Hacia el año 2000 se realizó un intento para consolidar un Instituto Superior de Artes. El CENAR fue el que presentó esta iniciativa” para convencer al Consejo Nacional para la Cultura y el Arte y al MINED.

La propuesta no tuvo repercusiones positivas aunque el proyecto fue elaborado por expertos: Germán Cáceres en música, Marta Eugenia Valle en artes visuales y Tatiana de la Ossa, quien realizó la consultoría para el área de teatro.

El proyecto que esa experta teatral diseñó contenía un plan curricular básico para formar técnicos, tecnólogos y licenciados en actuación, dirección teatral, dramaturgia, teatrología, diseño teatral e incluso producción y administración para circuitos dramáticos. Una propuesta muy distinta a la que hasta ahora han dado a conocer las autoridades de SECULTURA.

El pintor César Menéndez hasta hace poco pertenecía a la Secretaría de Cultura. Sus pinturas mezclan las formas humanas con las animales y se mueven entre el surrealismo y la abstracción, por ello ha sido considerado uno de los artistas mejor cotizados internacionalmente con obras valoradas en más de una decena de miles de dólares. También, ha sido nombrado distinguido Artista Plástico por la Asamblea Legislativa. Y durante un año y medio fue la cabeza administrativa del ISAR. Ahora dice haber dejado la Secretaría para seguir pintando y cumplir con sus compromisos artísticos.

Él matiza la ausencia de licenciaturas al nacimiento del instituto. Dice que, al menos en sus planes, sí se consideraban lanzar, pero cuando los demás cursos ya estuvieran en funcionamiento para poder evaluar bien su demanda.

Hace cerca de ocho años se abrió un proceso de audiciones para adolescentes y jóvenes que quisieran estudiar artes de manera gratuita en la ya extinta Escuela de Jóvenes Talentos en Artes. Había 150 plazas y a las audiciones se presentaron cerca de mil personas. Es innegable que hay un considerable número de personas que buscan formarse y que día con día, migran hacia países como Costa Rica, México, Estados Unidos y Argentina donde sí encuentran carreras según sus vocaciones.

“Lo más prudente y lo más lógico es empezar con diplomados, seminarios, carreras cortas, creando alguna licenciatura por ahí, pero sin mucho compromiso”, argumenta Menéndez con ligereza. “Era de comenzar suave sin tanto engranaje con la institución para poderle dar siempre aire en el futuro”, agrega el artista plástico.

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Si bien el país cuenta con un Centro Nacional de Artes en San Salvador, la educación que ahí se recibe no tiene acreditación por parte del Ministerio de Educación. Ahí, se supone, radicaría la diferencia entre un diplomado en teatro realizado en el CENAR y un diplomado en el hipotético ISAR.

¿Por qué hay personas formadas en un centro nacional de artes cuyos estudios no son reconocidos por las instancias académicas superiores? Vanessa Ruiz, directora nacional de Formación en Artes y directora del CENAR, enuncia que ese vacío de reconocimiento persiste porque en el MINED no hay personas con criterios técnicos para evaluar los estudios que ellos imparten.

“En el MINED no tienen profesionales en el área de artes. No tienen la forma de validarnos nuestros estudios. Aunque se ha buscado desde el 2009 formalizar la educación”, dice Ruiz.

En el país hay gente con aspiraciones y trayectorias artísticas que buscan formalizar su trabajo y su estudio. Sin embargo, hay un techo de vidrio que muchas veces no les permite seguir ascendiendo. Ese techo a veces está representado por el Estado y su desidia hacia el arte.

SECULTURA alega que está comprometida con la educación artística en los todos los niveles educativos. Para ello, comentan, han apoyado al MINED en sus proyectos de formación para docentes. Bajo esta lógica, cuando se capacita a profesores en diferentes ramas del arte, ellos se convierten en multiplicadores del conocimiento adquirido. Sin embargo, la realidad de estas capacitaciones revela otras dificultades.

Salvador Mejía, empleado del departamento de Formación Continua de docentes y directivos del MINED, cuenta que planean graduar en 2019 a más de un centenar de profesores especialistas en las artes.

Para ello, deben impartir anualmente dos módulos de educación artística. Pero, no todas las personas que asisten a estas clases pueden replicarlas en sus aulas. Dentro de las escuelas, algunos de ellos imparten las clases de matemáticas, estudios sociales y parvularia, mientras los fines de semana se forman en danza, teatro, música y pintura.

Mejía sabe que la elección de los docentes beneficiarios de estas capacitaciones no se hizo bien. De momento, nada les garantiza que la inversión llegue al estudiantado por parte de los profesores que no imparten materias artísticas. Después de señalar la falla, el empleado del MINED se apresura para decir que él no estuvo a cargo de la selección de maestros sino, a cargo de la ahora extinta Jefatura de Artes, Recreación y Deporte del MINED.

Los requisitos que los maestros debían cumplir para ser candidatos eran tres: ser profesores de la materia de artística de su centro escolar, tener una licenciatura en artes y demostrar competencias desarrolladas en el uso de tecnología. Los funcionarios del MINED saben que los docentes de carne y hueso distan de los requisitos escritos en papel. “En una sección de 30 solo aparecían cuatro que eran docentes de educación artística, alguno de ellos tenía alguna licenciatura y alguno por ahí aparece con una maestría pero en otra disciplina”, confiesa Mejía.

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“No se puede fingir falso optimismo ante una ley que dejó por fuera varios puntos trascendentales para el quehacer cultural nacional”, publicó la escritora Jacinta Escudos hace dos meses tras la aprobación de la Ley de Cultura.

Que el ISAR no cuente con licenciaturas como fue ofrecido, es solo una de las últimas promesas rotas por el Gobierno. En temas culturales, los proyectos no se han cumplido a cabalidad. El objetivo 8 del plan quinquenal del Gobierno contempla el fortalecimiento de la institucionalidad pública relacionada con la cultura y la necesidad de transformar a SECULTURA en un ministerio que sigue sin existir. La puesta en marcha de un Instituto Superior de las Artes y un Instituto Salvadoreño del Cine, corren la misma suerte.

De esos objetivos específicos del plan quinquenal solo uno ha sido cumplido –a medias– en lo que va del gobierno: la Ley de Cultura.

“Tengo sentimientos encontrados en cuanto a la Ley Nacional de Cultura aprobada el pasado 11 de agosto. No soy la única que se siente así. Entre los colegas que trabajamos en el área cultural de este país no he visto reacciones de júbilo. Más bien, las reacciones han sido de indiferencia, escepticismo, cautela, decepción y hasta rabia”, escribió Escudos.

La Secretaría Nacional de Arte y Cultura del FMLN antes de presentar su propuesta de ley en la Asamblea Legislativa, realizó varias reuniones con el gremio cultural para discutir un marco legal que regulara su trabajo. Y aunque algunos artistas consideran la existencia de la ley como un avance, los artículos aprobados por los diputados no incluían una demanda histórica del gremio: el derecho a ingresar en el sistema de seguridad social.

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Que no hayan apoyos sostenidos para el arte no es un tema nuevo en un país gastado por la guerra y otros problemas de seguridad. Irónicamente, los periodos de represión política previos al conflicto armado fueron semillero y brindaron escuela formal para la comunidad artística que ha educado y sigue modelando a las nuevas generaciones de creadores desde sus propias iniciativas. Para hablar de impulsos de formación artística formal hay que retroceder 48 años hacia la reforma educativa que realizó el entonces ministro de Educación Wálter Béneke.

En 1968 Béneke creó el Instituto Nacional de Bachillerato en Artes con las especialidades de artes plásticas, música y artes escénicas, además del bachillerato académico. Era un programa de tres años. Durante las mañanas los estudiantes recibían sus clases académicas y durante la tarde asistían a las prácticas de su especialidad.

Los estudiantes del interior del país tenían derecho a alojamiento y alimentación como parte del programa. Durante los años setenta, los artistas Roberto Galicia, Roberto Salomón y Roberto Huezo estuvieron a cargo del bachillerato. Ese tiempo ha sido considerado como “la época de oro” del proyecto.

Roberto Huezo, pintor, fue uno de los protagonistas de esa historia. Ahora es un artista consagrado de vestimenta formal y pelo largo. Recuerda historias sobre la constante tensión que se experimentó con la implementación del bachillerato en artes. Huezo cuenta que para los militares de la época sus estudiantes eran considerados subversivos.

El artista plástico sostiene que los jóvenes que se educaron en este modelo adquirieron un alto nivel profesional. Pone de ejemplo a Romeo Galdámez, Álvaro Cuestas, Carlos Vides y César Menéndez, el mismo artista que estuvo al frente de la creación del ISAR hasta hace unos meses.

Mientras la situación política del país se volvía más tensa, la concepción inicial del bachillerato en artes fue disolviéndose con la guerra. En 1997 se graduó la última promoción y fue la última vez que el CENAR, lugar donde se impartían las clases, entregó un diploma certificado por el Ministerio de Educación.


Sobre las tablas.  Abajo, montaje de la obra “La cantante calva” de Eugene Ionesco, en 1972, por alumnos del bachillerato en artes dirigidos por Roberto Salomón.  Estas fotografías y otras que relatan un trozo de la historia artística del país han sido publicadas en el libro “Hippies de barranco”. En la imagen de arriba, ejercicios corporales de las clases del bachillerato en artes.




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Más de una década después del cierre formal del bachillerato en artes, una docena de adolescentes corren descalzos en un edificio de la Universidad Tecnológica. Son estudiantes de teatro y atraviesan un patio rodeado de cuartos de música donde otros jóvenes ensayan partituras clásicas. Cruzan a la derecha y se encuentran con otros niños que hacen esculturas mientras sus pinturas se secan en el pasillo. Al finalizar todo el recorrido llegan a la dirección de la Escuela de Jóvenes Talentos en Artes, donde después de su clase de danza, educación vocal y actuación se aglutinan para pedir agua.

En 2008 se empezó la gestación de un proyecto que pretendía dar formación sistemática a jóvenes de educación básica y bachillerato durante cuatro años. Bajo el modelo de las Escuelas de Jóvenes Talentos en Ciencias y en Letras de la Universidad Nacional y de la Universidad José Matías Delgado, el MINED y la UTEC se vuelven socios para educar a quienes sobresalen en el arte dentro de sus centros escolares.

Cerca de mil jóvenes se presentaron a las pruebas de audición con números pegados a sus camisas. En un salón vacío de la Universidad Tecnológica cientos de adolescentes se entrevistaron con un jurado que evaluó sus capacidades. Así, empezó a formarse la primera promoción de jóvenes talentos en artes escénicas, plásticas y musicales conformada por 150 estudiantes de escuelas públicas.

Roxana Leiva fue la directora de esta escuela durante dos años. Ella asegura que aceptó dirigir el proyecto porque “era como si alguien había entrado a mi cabeza y me había preguntado ¿cuál es uno de tus sueños?”

Pero, no pasó mucho tiempo para que el sueño se enfrentara a su primer intento de cierre. Después de dos años, Leiva cuenta que le comunicaron de la posible clausura de la escuela. “No me dijeron claramente cuál era el motivo de terminar con un proyecto que estaba funcionando. Pudimos ver el crecimiento de los niños, daba resultados y era obvio porque hicimos eventos públicos”, asegura.

El intento de cierre ocurrió después del cambio de gobierno, la entrada de Sánchez Cerén al Ministerio de Educación y del funcionario Gorka Garate al Viceministerio de Ciencia y Tecnología.

Gorka Garate es el gerente de atención al Desempeño Sobresaliente de Educación, el espacio que supervisa la ejecución de los programas para jóvenes talentos. Es un hombre de la tercera edad, con acento español y barba blanca. Como si se tratase de una clase, comienza a escribir en la pizarra cómo se llama el área del MINED en la que él trabaja. Esos son los argumentos que da para razonar el cierre de la única escuela para estudiantes con desempeño sobresaliente en el arte que financiaba el ministerio.

“Esto es el Viceministerio de Ciencia y Tecnología y dentro de este viceministerio está la gerencia para el desempeño sobresaliente”, dice mientras escribe lo mismo con un plumón rojo. En su gestión, asegura, se buscó darle un enfoque científico a los programas de jóvenes talentos y ahí, se encontraron con problemas a la hora de enrumbar el trabajo con la Universidad Tecnológica.

“Nosotros queríamos que ellos le dieran un enfoque científico a lo que estaban haciendo. Hombre... En las universidades hay escuelas de música. Eso es parte del conocimiento científico para construir un violín o un oboe, tú necesitas estudiarlo científicamente”, manifiesta con seguridad el funcionario. Los alumnos de la academia sabatina de artes estudiaban periodos de arte distintos en cada una de sus ramas. No construían instrumentos.

Después tres años de funcionar, la escuela cerró sus puertas a inicios del 2012. No alcanzó a graduar a su primera promoción. Primero empezaron a faltar los alimentos que sábado con sábado se entregaban a los alumnos. Después vino la noticia: por decisiones superiores la escuela debía cerrarse.

Ángel Martínez era un joven que cursaba el nivel medio de educación en artes escénicas en esa escuela. Siendo un adolescente, todos los sábados discutía sobre métodos de actuación y conciencia de sus movimientos en escena. “Lo que más me duele es que nuestros procesos creativos se cortaron de alguna manera”, admite cuatro años después.

El cierre de la escuela fue abrupto y ninguna autoridad del Ministerio de Educación se presentó a explicar las causas con los estudiantes. El alumnado de dicha academia sabatina recolectó firmas y documentó apoyo de otros estudiantes en el extranjero. Esas firmas y otras cartas fueron dirigidas al entonces ministro de Educación, Salvador Sánchez Cerén. Lo único que les quedó fue el sello de recibido en la copia de las cartas que entregaban.

Tampoco se le dio seguimiento a los trabajos de creación que quedaron incompletos entre el estudiantado. “Aunque la mayoría trató de seguir haciendo algo relacionado con el arte, no todos tuvieron la misma oportunidad”, cuenta Ángel.

Gorka Garate explica que las demás escuelas de jóvenes talentos siguen desarrollándose porque esas universidades sí cuentan con profesionales de su planta docente para impartir clases sobre las especialidades. En cambio, la UTEC no tenía en su planilla especialistas en artes plásticas, musicales, danza ni teatro, algo que, él mismo acepta, no tiene ninguna universidad del país.

Mientras Garate declara que el cierre de la escuela fue un acuerdo mutuo ente la universidad y el ministerio, Vilma de Ávila, quien trabajó como directora de la escuela de artes el último año que esta funcionó, lo contradice. “El cierre fue por decisión del MINED y puntualmente por la unidad que depende del Viceministerio de Tecnología”, asevera. En su oficina en el centro de San Salvador suena de fondo la música de un violín mientras trata de entender las razones que conoce del cierre del programa. “Quizás él quería potenciar otras escuelas y al final... en este país no entienden el arte”, expresa.

Si bien la Escuela de Jóvenes Talentos en Artes fue cerrada en 2012, un proyecto hermano, la de Letras, mantuvo por más tiempo su lugar como un espacio donde la literatura se reivindicaba potenciada por el Estado. Pero, los cambios vinieron después. Mientras el año avanzó, el enfoque literario cambió y se orientó hacia las comunicaciones.

La escritora Susana Reyes trabajó en la coordinación académica de dicha escuela y admite que “ahora lo han llevado a lo más técnico y a comprender ciertas áreas de la publicidad.” Ella ya no trabaja en la escuela y afirma que en las clases actuales “ya no está la parte creativa literaria”. Reyes agrega: “Los jóvenes que llegaron a las primeras generaciones sí transformaron su talento y ahí están dando frutos como Alejandro Córdova”.

El joven al que hace referencia Reyes es un estudiante de 23 años que después de ganar tres veces el primer lugar de cuento de los Juegos Florales, obtuvo el título de gran maestre. Luego de cuatro años estudiando letras en la academia sabatina de la Matías, Córdova renunció a sus clases cuando se realizó el cambio de la literatura hacia la publicidad.

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En contraste con las pocas o nulas iniciativas estatales para la educación formal de artistas, hay espacios que le apuntan a la profesionalización de jóvenes en el arte y que resaltan por sostenerse en el tiempo sin inversión gubernamental. Uno de esos espacios es la Casa Taller Encuentros, del pintor Miguel Ángel Ramírez.

Ramírez es uno de los pintores más famosos del país. Sus cuadros son retratos de niños salvadoreños con ojos grandes que evocan ternura e inocencia. Su taller está ubicado en Panchimalco, un municipio en el que el año pasado se registraron 87 homicidios y que este año ha permanecido en las noticias porque algunos de sus habitantes son obligados a abandonar sus hogares como producto de la violencia de pandillas.


Labor formativa.  El reconocido pintor Miguel Ángel Ramírez mantiene abierto su taller ubicado en el centro de Panchimalco. Este ha sido un espacio para la convivencia. En este lugar, en donde a futuro quiere montar un mariposario, brinda clases a niños de manera gratuita, incluyendo los materiales.

Desde los Acuerdos de Paz, relata Ramírez, su taller ha sido un espacio abierto para la convivencia. Ubicado en el centro del pueblo, ahí le brinda clases a niños de manera gratuita, incluyendo los materiales.

La tarde de este jueves una docena de niños está en el taller bajo una galera con enredaderas. Aquí tienen sus materiales y unos experimentan con yeso pastel frente a otras pinturas colgadas al aire libre. Al fondo de la propiedad pasa una quebrada rodeada por piedras convertidas en esculturas por otros alumnos aventajados.

Los niños han llegado este día por algo más que la clase. La parte divertida de la tarde vendrá después, cuando un extranjero lleve pizza y soda para celebrar el cumpleaños de tres de ellos.

Miguel Ángel suele ser un hombre etéreo que habla del compromiso con el arte, el amor y la solidaridad como los pilares que sostienen su taller. Defiende que su labor con jóvenes no es realizada con un enfoque gratuito de prevención de la violencia. A él le interesa formar jóvenes capaces de producir arte. Cuenta que dentro de los planes del taller está hacer un mariposario para que los estudiantes observen y se sientan más tocados por la naturaleza. Desde acá cuesta entender las pretensiones de encasillar el arte en el método científico

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