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Así está escrito

De la firma de los Acuerdos de Paz hay tres actas originales, una está en poder de la ONU, otra la tiene en sus archivos el FMLN y, aunque no quisieron revelar las condiciones en que se encuentra, afirman que pronto será expuesta. Una más la tenía el expresidente Cristiani y la entregó en octubre de 2014 al presidente Salvador Sánchez Cerén. Esto es lo que ha pasado con ella.
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"Me sentí nervioso con ese documento en las manos”. Ramón Rivas comienza a reconstruir así el camino que recorrió desde el momento en el que el presidente Salvador Sánchez Cerén le entregó el acta original de los Acuerdos de Paz.

Eran ya las 6 de la tarde del jueves 16 de octubre de 2014 cuando Rivas, entonces secretario de Cultura de la Presidencia, se vio ante el conflicto de adónde llevar para su resguardo el documento más importante de la historia nacional después de la declaración de independencia. Pese a que la entrega del documento de parte del expresidente Alfredo Cristiani se desarrolló en el marco de una ceremonia solemne en Casa Presidencial con invitados especiales y un protocolo que incluyó a tres estudiantes de un centro escolar público, para después no había plan.

—Yo no me podía llevar esos documentos para mi despacho y tampoco quería llevármelos para mi casa. Era demasiada responsabilidad cargar con tan magno documento histórico.

Esta acta es una de las tres originales que se firmaron el 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec, México, con lo que se oficializó el fin de la guerra. Cada una de las páginas lleva estampada la rúbrica en tinta de las 16 personas que suscribieron el acuerdo en representación del Gobierno y en representación del FMLN. Esta acta que pasó por las manos de Ramón Rivas fue la que por 22 años mantuvo el expresidente Alfredo Cristiani en el museo de su residencia. Otra quedó archivada en Naciones Unidas y una más se la quedó Schafik Hándal como representante del FMLN. De esta última es de la que menos sabe. Nidia Diaz,   diputada y a quien en el partido de izquierda reconocen como albacea de los documentos, asegura que está en museo Schafik Hándal y que próximamente será expuesta, aunque no se anima a dar fecha y tampoco  a describir las condiciones en las que se encuentra el documento.

La opción natural para ocuparse de un documento de carácter nacional debería ser el Archivo General de la Nación, ubicado en el Centro Histórico capitalino. Pero la decisión de descartarlo casi de inmediato desnuda el estado de vulnerabilidad en el que se encuentra. Rivas, recuerda, calculó que no había ahí un espacio adecuado, que existía riesgo de humedad y también de incendio ya que la zona es con frecuencia escenario de conflictos. “Entonces se me vino a la cabeza el Museo Nacional de Antropología, porque nosotros los antropólogos estudiamos al ser humano; la antropología social y cultural estudia la evolución del ser humano en un contexto social; entonces, por consiguiente, este es un documento que cabe dentro de lo antropológico”. En realidad, el MUNA le saca ventaja al resto de instituciones por contar con una bóveda en la que se pueden controlar las condiciones de luz y humedad para evitar el deterioro de documentos tan importantes como las partituras del célebre Mangoré, pinturas antiguas, cerámica precolombina y, desde hace poco más de dos años, el acta de los Acuerdos de Paz.

El país no es reconocido  por su cultura de conservación. Durante 22 años, por ejemplo, el Estado no tuvo bajo su resguardo ninguna de las actas y, en la actualidad, tampoco ofrece para consultas o investigaciones un archivo con todos los documentos relacionados con la firma de la paz. Antes de la firma de Chapultepec, hubo acuerdos de los presidentes de Centroamérica que abonaron a que se estableciera un clima propicio para el cese de hostilidades. También hubo entre las representaciones del Gobierno salvadoreño y el FMLN acuerdos como el de México o el de Ginebra que forman parte del cuadro completo de las negociaciones para dejar las armas. Y no hay en el país un lugar que se dedique a resguardar y servir para consulta este material que da cuenta de un proceso que a escala mundial se considera ejemplar.

La Biblioteca Nacional de El Salvador registra 17 títulos relacionados con el proceso de paz. Muchos de ellos son análisis políticos o actualizaciones acerca del cumplimiento de lo pactado en los acuerdos. Pero esta institución, cuyo principal servicio es la consulta, no cuenta con documentos oficiales. Hasta hace unos meses, el director, Manlio Argueta, recibió una de las réplicas que, tras ser entregada al MUNA, se hicieron del Acuerdo de Paz.

La empresa a cargo de hacer estas réplicas fue Quality Print. La propietaria, Lilian de Arévalo, cuenta que realizó varias visitas al MUNA para hacer registro del color que el tiempo le ha dejado al papel y de la forma y tamaño de la letra, entre otros detalles. Eso sí, nunca manipuló las páginas. Las veces en que fue necesario hacerlo, esta acción estuvo a cargo de personal especializado.

Estas réplicas son las que protagonizarán exposiciones en el marco de las celebraciones por el 25.º aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. El mismo MUNA inaugurará la suya el 17 de enero. La Biblioteca Nacional también tiene planes similares, pero sin fecha todavía.

 “Tan pronto se supo que teníamos el documento, empezamos a recibir solicitudes para hacerle fotografías. Por eso decidimos mandar a hacer las réplicas que quedaron una en el Archivo General de la Nación, otra en la Biblioteca Nacional, otra se le entregó al MUNA y una le quedó al presidente de la República”, recuerda Rivas, quien tuvo que dejar el cargo como secretario de cultura a mediados de 2015, cuando el mismo presidente Sánchez Cerén le pidió la renuncia debido a una denuncia interpuesta en su contra ante el ISDEMU por acoso sexual.

Tras entregar las réplicas, la imprenta destruyó planchas, pruebas de color y cualquier tipo de residuo. Esto era parte de las responsabilidades contractuales, de acuerdo con De Arévalo.

Tener hoy acceso al Acuerdo de Paz requiere de una autorización por escrito de la actual secretaria de Cultura, Silvia Elena Regalado, los controles se han hecho más estrictos tras hacer pública la denuncia del hurto de nueve piezas de este museo. También hay que llenar un formulario con la hora exacta de entrada y salida. El acuerdo no se puede tocar y está tal como lo entregó el  expresidente Cristiani, salvo por los listones color rojo, verde y blanco con los que venían sujetas las páginas. Hubo que retirarlos para poder hacer las réplicas y también por razones de conservación. Esto último es la razón por la cual el documento no puede ser expuesto a luz directa y las condiciones de oxígeno y humedad también deben ser controladas. El papel sobre el que fue impreso no cumple con características de perdurabilidad. Y, a diferencia de la carga simbólica de la pluma hecha de balas fundidas con la que se firmó el Acuerdo de Paz de Colombia, el salvadoreño fue firmado por una gran variedad de tintas. Cada firmante tenía la propia.

El expresidente Cristiani no es parte del grupo que suscribió el acuerdo, pero estampó su firma en la última hoja junto a una frase: “Por la consolidación de la paz en un Estado de Derecho”.

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