Bradbury

Las palabras de Míster Eléctrico fueron: “Vive para siempre”. Bradbury intuyó que la escritura lo podía llevar a realizar este mandato.
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<p>Opinión</p><p>Gabinete Caligari</p><p>Un niño de 12 años llamado Ray Bradbury volvía con sus padres del entierro de su tío, hacia Waukegan, Illinois. Desde la ventanilla del automóvil vio la carpa de un circo. Había estado allí hacía un par de noches. Allí había visto a Míster Eléctrico. Este era un mago que cada noche se sentaba sobre una silla eléctrica y cuando la electricidad lo alcanzaba, nombraba “caballeros” a todos los niños que lo estuvieran observando, posando una espada sobre ellos. </p><p>&nbsp;</p><p>Aquella noche, cuando le tocó el turno al niño Ray, Míster Eléctrico posó la espada sobre su frente y le dijo “vive por siempre”. La frase le quedó revoloteando en la cabeza al niño y quería saber cómo lograrlo, cómo vivir para siempre. Le pidió a su padre que detuviera el automóvil. Tuvo que insistirle varias veces antes de que el padre accediera a hacerlo, a regañadientes. Ray bajó corriendo del carro hacia la carpa del circo en busca de una respuesta. “Huía de la muerte, corría hacia la vida”, escribe Bradbury en el texto donde relata esta anécdota.</p><p>&nbsp;</p><p>Cuando por fin llegó a los terrenos del circo, vio a Míster Eléctrico, sentado a solas. Era la oportunidad de preguntarle cómo se lograba eso de vivir para siempre. Pero se sintió tímido. Y en vez de preguntárselo, el niño sacó un truco de magia del bolsillo y le pidió al mago que le enseñara cómo funcionaba. El mago se lo enseñó. Luego lo llevó a conocer a los personajes del circo: el Hombre Ilustrado, la Mujer Gorda, el Hombre Esqueleto, los acróbatas y todos los demás extraños personajes que pululaban por ahí. </p><p>&nbsp;</p><p>Caminaron hasta la orilla de un lago. Se sentaron sobre una duna de arena. Míster Eléctrico habló sobre su filosofía de vida y escuchó al niño hablar sobre la suya. En algún momento, se acercó a Ray y le dijo: “¿Sabes? Nosotros ya nos conocimos”. El niño le aseguró que no se habían visto antes. Sí, insistió Míster Eléctrico, “tú eras mi mejor amigo en la gran guerra en Francia en 1918 y te hirieron y moriste en mis brazos en el bosque de las Ardennes. Pero ahora estás aquí y veo su alma brillando a través de tus ojos”. Míster Eléctrico estaba seguro de haberse encontrado con el alma de su amigo muerto, reencarnado en el pequeño Bradbury.</p><p>&nbsp;</p><p>Ese día, al marcharse, Ray Bradbury sintió que algo extraño y maravilloso había pasado a partir de aquel encuentro con Míster Eléctrico. Ray volvió a casa. Al día siguiente toda su familia se marchaba a Arizona. Al poco tiempo de haber llegado, Ray Bradbury comenzó a escribir y no dejó de hacerlo hasta morir.</p><p>&nbsp;</p><p>Antes de encontrarse con Míster Eléctrico, el niño Ray ya era un gran lector. Estaba enamorado de los libros de L. Frank Baum, el autor de El mago de Oz. Leía a Julio Verne, a H.G. Wells, a Edgar Rice Burroughs y no se perdía los libros de Tarzán y de John Carter. Era tanta su pasión por la lectura que ya comenzaba a fantasear con la idea de ser escritor. Pero también sentía pasión por la magia. Y cuando vio al mago Blackstone pensó seriamente en dedicarse a la magia. Pero el encuentro con Míster Eléctrico y su enigmática frase de “vive para siempre” le hicieron creer a Ray Bradbury que su destino estaba trazado en las letras.</p><p>&nbsp;</p><p>Autor de 27 novelas y más de 600 cuentos cortos, Bradbury se caracterizó por sus escritos de ciencia ficción, aunque no era este el único género que cultivaba, pues son varios sus cuentos de fantasía, de horror y de misterio. Lo que no cabe duda del total de su obra es que era un observador crítico de la naturaleza humana.</p><p>&nbsp;</p><p>Dos son sus libros fundamentales: Farenheit 451 y Crónicas marcianas. El primero, una distopía sobre una sociedad que tiene bomberos, no para apagar incendios sino para causarlos, quemando todo libro que encuentren. Porque tener libros y leerlos es un delito. Entonces los que se rebelan contra esto tienen que preservar el contenido de los libros. ¿Y cómo lo hacen? Usando la memoria. Farenheit 451 fue además premonitoria sobre varias de las cosas que rodean a nuestra sociedad hoy en día (el libro fue publicado en 1953): pantallas de televisión transmitiendo programas todo el día, auriculares para escuchar música y muros digitales donde la gente podía comunicarse una con otra.</p><p>&nbsp;</p><p>Crónicas marcianas, por otro lado, es una colección de relatos sobre cómo la humanidad coloniza Marte. Pese a que es presentado como un libro de cuentos, la relación que tienen algunos episodios entre sí más la aparición de algunos personajes en varias de las historias le dan al libro más bien la sensación de leerse como una novela. Aparte de su estructura, me llamó mucho la atención el lenguaje usado por Bradbury. Por momentos resulta de mucha poesía, con imágenes plásticas muy delicadas que no recuerdo haber leído en otro de sus libros. Un componente que viene a ser de gran equilibrio dentro de la narración es el uso del humor y de la ironía.</p><p>&nbsp;</p><p>Los marcianos de Bradbury no son verdes ni tienen antenas, como quizás se visualizaran en la iconografía popular de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, período de tiempo durante el cual las Crónicas fueron publicadas de manera individual en diferentes revistas del género. Tampoco hay a lo largo del libro explicaciones de complicadas teorías o explicaciones técnicas. Lo cual lo ubica en ese tipo de ciencia ficción que llaman “suave”. Sin embargo las guerras, el racismo, la intolerancia, el consumismo y los graves defectos de la humanidad son señalados a través de las narraciones que conforman estas Crónicas marcianas.</p><p>&nbsp;</p><p>De sus libros de cuentos, destacaría dos: El hombre ilustrado y Las doradas manzanas del sol. El primero es un libro con 18 relatos cuyo origen narrativo está en un hombre cuyos tatuajes se mueven. Cada tatuaje encierra una de estas historias.</p><p>&nbsp;</p><p>Uno de los grandes recursos de Bradbury en la escritura de estos textos es el uso de los diálogos que convierte a las historias en narraciones muy ágiles. Como suele ocurrir en la ciencia ficción, las cosas se dan por sentadas y al narrador le son dados apenas los elementos suficientes para que comprenda el contexto dentro del cual ocurre todo. Aunque en este libro se encuentran también cuentos de otros géneros.</p><p>&nbsp;</p><p>Las doradas manzanas del sol tiene 21 cuentos, entre ellos mi favorito de Bradbury, “La sirena”. Los cuentos tocan temas tan diversos como la soledad o el posible futuro del mundo. Incluso hay uno con tintes policiales.</p><p>&nbsp;</p><p>Quizás por eso a Ray Bradbury no le gustaba que lo llamaran un escritor de ciencia ficción y prefería ser considerado como un escritor de fantasía. Porque el rango de lo que escribía era mucho más amplio. Y aunque es más conocido por sus textos de ciencia ficción, sus demás escritos tienen una gran calidad literaria. Las historias y su manera de plantearlas nos llevan a reflexionar sobre nuestra condición humana, no solo a presente, sino también a futuro.</p><p>&nbsp;</p><p>Bradbury aprovechó el género de la ciencia ficción para lograr una certera caracterización de los seres humanos. Y posiblemente sea esa su gran contribución al género. Sus libros no se centraban en los aspectos técnicos o científicos como otras historias, sino más bien en los personajes y sus dilemas, sobre todo en los íntimos, los emocionales, los que hacían al ser humano cuestionarse a sí mismo su existencia o su entorno.</p><p>&nbsp;</p><p>Las palabras de Míster Eléctrico en aquel circo no pudieron ser más determinantes: “Vive para siempre”. Ray Bradbury intuyó que la escritura lo podría llevar a realizar ese mandato. Los libros de Bradbury seguramente se seguirán leyendo por muchos años todavía porque se han convertido en clásicos de un género. En parte lo son porque pueden leerse en cualquier época sin perder su vigencia. También lo son porque sus historias son universales, tocan al lector de todas partes.</p><p>&nbsp;</p><p>Ray Bradbury murió el 5 de junio de 2012 sin haber aprendido a manejar. No le gustaba viajar en avión. Nunca ganó un Pulitzer, aunque ganó innumerables premios por sus cuentos. Tampoco logró llegar a Marte, aunque uno de sus últimos deseos fue que lo enterraran en aquel planeta, en el cráter Chicago Abyss. Ojalá su familia logre cumplirle ese último deseo.</p><p>&nbsp;</p>

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