Buenas noticias y libertades

Como sociedad debemos reflexionar qué queremos y qué sistemas sostenemos. Es muy fácil ponernos un hashtag #yosoycharlie, porque nos parece que los fundamentalismos en la religión pueden matar.
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El pasado miércoles, la Asamblea Legislativa votó a favor del indulto de Guadalupe, una de las 17 mujeres, que acompañadas por la sociedad civil han formado parte de un movimiento para la justicia de quienes tuvieron emergencias obstétricas en contextos vulnerables. La primera impresión es de alegría. El indulto implica que está “absuelta” y ha sido perdonada por algo que no hizo. Y claro, lo más importante es que está libre después de siete años. Eso da esperanzas: dentro de un sistema clasista y machista, una mujer pudo sobrellevar los obstáculos y está gozando de la libertad que se merece.

Sin embargo, es terrible que la buena noticia sea esta: hay una mujer libre. Las libertades deberían ser mucho más sencillas, no deberían de haber procesos de más de 10 meses para que la justicia llegara. La democracia, ese sistema que tanto defendemos, implica que nuestros votos eligen personas que nos representan. ¿Es el voto de la Asamblea apenas mayoría simple (43 votos), lo que nos representa como país?

La libertad de Guadalupe podría haberse dado el día 16 (ese día emblemático del día de los Acuerdos de Paz), pero no fue así. Hizo falta un voto para que la libertad se diera. ¿Se imagina usted estar en una situación donde el voto de 84 personas determine su destino? Ese mismo día, a 23 años de que firmamos entrar en un proceso de pacificación, se le dio un indulto a un secuestrador. ¿Por qué para Guadalupe fue más difícil? Espero que el camino arduo de Guadalupe solo alerte en los procesos que aún quedan por venir. Existen otros siete casos que están siendo revisados por la CSJ, queda la esperanza de que sean expeditos y favorables, sobre todo porque algunas ya han cumplido demasiados años de una condena que no les corresponde estar pagando.

La moralidad impuesta en sistemas legislativos rígidos y anacrónicos me parece lo contrario a la libertad. Esos que siempre nos hablan de la libertad en sus discursos son los mismos que piden que no haya libertades para las mujeres. Quizás ante la falta de propuestas, les encanta darse de golpes en el pecho sobre los valores, como pedir una reforma constitucional para que no nos llegue el matrimonio igualitario, a pesar de que el Código Civil no lo permite. ¿Acaso la defensa moral también tiene un calendario político? ¿Será que la solución de los otros casos de las 17 está siendo afectada además por este calendario? ¿Dejaría de votar usted por un diputado que apoye dejar libre a una mujer que está siendo víctima de una injusticia?

Como sociedad debemos reflexionar qué queremos y qué sistemas estamos sosteniendo. Es muy fácil ponernos un hashtag #yosoycharlie, porque nos parece que los fundamentalismos en la religión pueden matar. Es ajeno, está lejos. Es abominable porque es el otro y no soy yo. Pero hay que preguntarnos qué fundamentalismos de esos nuestros tan venerados valores están matando, están coartando las libertades. ¿Qué tanto vale la moral y qué tanto la libertad?

Por eso le hago un llamado, en medio de esta sensación de celebración: involúcrese, lea la información de los casos, apoye las acciones. Muestre su respaldo por una libertad que no tenga límites de género y clase. Participar es un poquito de eso que se llama democracia. A veces tenemos que hacer más allá de lo que se puede hacer en las urnas

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