Buzón

<p>Séptimo Sentido les invita a que nos hagan llegar sus opiniones, críticas o sugerencias sobre cualquiera de los temas de la revista. Una selección de los correos se publicará cada semana. Las cartas, en las que deberá constar quién es el autor, podrán ser editadas o abreviadas por razones de espacio o de claridad.</p><p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p><p><b>Valores y arte</b></p><p>Excelente edición, tres periodistas, tres historias; Panchimalco, un municipio que pierde a pasos rápidos su legado cultural al igual que &nbsp;Nahuizalco, Tacuba, Izalco y otras poblaciones, con sus valores, costumbres, arte y formas de vida apegadas a la naturaleza, a la madre tierra. Ahí, los jóvenes están siendo influenciados por la tecnología, el consumismo y desechan el legado cultural valioso de sus antepasados; donde los héroes como Andrea y Miguel Ángel luchan y alzan la voz en espera de atención e interés de parte del Gobierno para tratar de salvar las tradiciones que nos identifican como raza nativa de América.</p><p><i>Roberto Cristales</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p><br /></p><p><br /></p><p><b>Prioridad</b></p><p>Los felicito por la crónica de Azacualpa, es la única manera de enterarnos de cómo se vive en estos caseríos que están tan cerca de la capital. Aun así, las autoridades no ven los grandes problemas de desnutrición que se dan en esos lugares porque para el Estado hay otras prioridades. Opino que se debe canalizar más dinero para ayudar a estas pobres personas que sí lo necesitan.</p><p><i>Hugo Silva</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p><br /></p><p><br /></p><p><b>Mujer salvadoreña</b></p><p>Es interesante ver imágenes de nuestras raíces indígenas. Qué mejores estampas que las presentadas para decir lo que somos y de dónde venimos. Como la de esa mujer salvadoreña que se quedó con el modo de vida forjado por sus ancestros. Felicidades, mujer laboriosa.</p><p><i>Daniel Molina&nbsp;</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p><br /></p><p><br /></p><p><b>Multiplicadores</b></p><p>Con entusiasmo leí el domingo pasado sobre las tradiciones de Panchimalco y cómo las nuevas generaciones las están dejando morir. No dejemos que esto pase, aunque seamos capitalinos o de otras regiones del país, promovamos el conocimiento de nuestra cultura. Orgullosamente puedo decir que mi hija es una de las alumnas de doña Claudia, en la Matías, y me entusiasma verla elaborar con tanto empeño las telas tan lindas. Lástima grande que no exista una forma de motivar a los estudiantes de Diseño del Producto Artesanal a través de trabajos que los conviertan en multiplicadores de las tradiciones y asesores de artesanos. Vaya aquí un llamado a SECULTURA y a cualquier otra entidad gubernamental.</p><p><i>Marta B. Menjívar de Morales</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p><br /></p><p><br /></p><p><b>Bien por los tres</b></p><p>Los tres fantásticos escribieron juntos y sobre un mismo lugar según la perspectiva de cada quien. El primer fabuloso, Carlos Chávez, nos lleva al desgarrado y agonizante corazón cultural de Panchimalco. Luego, Ronald nos adentra en su difícil búsqueda de las panchitas, símbolo de Panchimalco, y que, como él mismo poéticamente describe, son un legado que se va acercando a la muerte. Y, por último, Sigfredo Ramírez, al igual que los dos que lo anteceden, hace gala de esos dotes poéticos para describir una de las zonas rurales (Azacualpa) que refleja la pérdida de las costumbres y tradiciones de los lugareños y dice: “Antes que la esperanza, o cualquier otra cosa, vino la muerte”. Mis felicitaciones, ya que sus formas de escribir no existen en otras revistas o periódicos. Es un periodismo que sacude nuestra mente y corazón cada domingo. Gracias también a los fotógrafos que captaron las imágenes que acompañan sus reportajes.</p><p><i>Ruth Karina Sánchez</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p><br /></p><p><br /></p><p><b>Herencia que nadie quiere</b></p><p>La mejor manera de premiarnos como lectores en su aniversario es presentando una abundante gama de historias situadas en Panchimalco, ese pueblo que, hasta hoy, creí que era el más vivo en lo que respecta a cultura. Ignoraba esta revolución en contra de las tradiciones que evidencian las tres crónicas presentadas. Por cada anciana como Martina Ventura que yace en su morada fúnebre, también se va un legado histórico irrecuperable: un verdadero patrimonio. Tal parece que Panchimalco, y el país entero, ya trazó su destino en donde no cabe ni la más ínfima costumbre colonial, ni las vestimentas, los actos religiosos y mucho menos nuestro dialecto. Hasta es irónico decir “herencia” si nadie la quiere poseer más allá de los pocos libros que hacen referencia al lenguaje destruido por los colonos, los regímenes militares y ahora “la modernidad”. Esto no es lo único que muere en Panchimalco, pues el virus deformador de las pandillas encontró refugio en cantones como Azacualpa. Hoy, Panchimalco y todos los pueblos que albergan una miseria de lo que antes simbolizaba nuestra cultura viven en marginación como si fuesen invisibles.</p><p><i>Gerardo Martínez</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p><br /></p><p><br /></p><p><b>En la memoria</b></p><p>Aún recuerdo una de las primeras ediciones en la que sacaron un reportaje internacional sobre una celebración en la que adolescentes que pasaban a la “adultez” celebraban con focas. Todos los cambios de imagen que han tenido han sido para bien. Y esta última edición me gustó muchísimo por su contenido 100% nacional. Cada uno de los reportajes que ustedes han realizado los llevo guardados en la memoria, pues un periodismo así de profundo y realista no se olvida fácilmente. Siempre espero con ansias el periódico los domingos y más la columna de Jacinta. ¡Felices 4 años!</p><p><i>Kathy Delgado</i></p><p><i>[email protected]</i></p><p>&nbsp;</p>

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