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Séptimo Sentido les invita a que nos hagan llegar sus opiniones, críticas o sugerencias sobre cualquiera de los temas de la revista. Una selección de los correos se publicará cada semana. Las cartas, en las que deberá constar quién es el autor, podrán ser editadas o abreviadas por razones de espacio o de claridad.
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Interrogantes
Esto es lo q no se entiende.  Es obvio que el bálsamo es y ha sido un recurso nacional histórico para miles de salvadoreños. ¿Dónde está el MARN, CENTA, MINEC, etc? ¿O serán igual que el MAG, instituciones dominadas, manipuladas por poderosos grupos? ¿Y dónde están el OXFAM , Los Verdes, el ECSTA? ¿No pueden ni siquiera impugnar la tala indiscriminada de árboles? La cordillera del bálsamo ya hubiera sido declarada Reserva Ecológica Nacional (¿igual que El Espino?)
 Francisco Menéndez [email protected]
 
 
  Ocaso de una industria
 La infame depredación del bálsamo, nuestro árbol nacional, es una afrenta más contra la naturaleza de este país. A este dadivoso proveedor del ungüento terapéutico, víctima inocente de la displicencia, se le sigue ordeñando la resina sin control de nadie, pero con abuso impune de los que practican la tala inmisericorde de un legado ancestral, hoy desprotegido. La extracción a la planta virtuosa se consuma con la tolerancia de las autoridades municipales de la franja balsamera y la indolencia de las instancias competentes de más alto nivel; así las cosas, no hay por qué quejarnos de la devastación de las reliquias boscosas que aún nos quedan. El desafío también le atañe a las instituciones defensoras del medio ambiente que bien pudieran dar su aporte en esas costumbres torcidas ejercidas como medio de subsistencia. Sería magnífico adiestrar a los balsameros, para que en la persecución del codiciado fármaco, antes que nada, se comprometan a repoblar los bosques, ya que esa flora sacrificada se resiste a su extinción, como queriéndonos recordar que es parte de nuestra herencia e identidad cultural.
 
Julio R. Magaña Salinas
 
 
  Desequilibrio
Nuestra raquítica cordillera del “bálsamo”, que no es más que una cadena montañosa que poco a poco va quedando calva, fue el hogar de frondosos árboles catalogados como un patrimonio natural de El Salvador. Sin embargo, su resina oscura se explota como el petróleo bajo la tierra. Lo que hace diferente a este tipo de depredación es que el bálsamo sufre de una tortura digna de un castigo inhumano, un martirio, tal como lo tituló Ronald Portillo. Y quienes cargan con el peso de la sangre de estos gigantes; el pobre balsamero que por $5 flagela la integridad de los troncos ricos en dicho jarabe industrial y medicinal. Pero ellos no son realmente los únicos depredadores de un recurso que está por desaparecer; pues, en la clandestinidad, los traficantes de madera decapitan a gran velocidad los últimos bálsamos de una cordillera que va sustituyendo el forro verde por la urbanización. Al final, el desequilibrio entre consumo, naturaleza y humanidad van restándole espacio a las balsameras que son solo anécdotas de antiguos cultivadores y propietarios. El bálsamo sufre tanto como la tierra, pues su explotación no es tan distinta a la minería y otros tantos tipos de explotación a los recursos naturales del país. Me parece curioso no ver por ningún lado la posición de los alcaldes o de instituciones gubernamentales que se refugian en su discurso sobre la aplicación de leyes, zonas protegidas y prohibiciones que al final son una simple cortina oscura donde se esconden para no hacerle frente a esta masacre en contra de nuestro árbol nacional, nuestra identidad.
Gerardo Martínez 
 
Con disgusto
Leí con mucho interés la crónica sobre el bálsamo. Mi exesposo, un sujeto misógino pero mujeriego, solía llevarme a uno de esos pueblos que mencionan, Chiltiupán. Allí, a la orilla del camino, vi esos árboles y no pude dejar de sentir tristeza por la manera en que los campesinos los laceran. No sabía que estuviera en extinción y que fuera endémico de este lugar con muchísimo potencial turístico. No puedo ocultarles que sentí enojo al leer que estos árboles son actualmente convertidos en muebles (seguramente mal hechos) y en leña para sopas de gallina india. El Gobierno y sobre todo las alcaldías de la zona deberían estar haciendo algo ya, pero ya. Como dijo el Buqui: “¿A dónde vamos a parar?”    
Aleida M. Rotthschild Núñez
Felicitaciones
Amigos de Séptimo Sentido,  los felicito por haber publicado las cinco mejores crónicas del año 2012. Leyendo cada una de ellas se puede verificar que hay personas que están en el olvido. Tal es el ejemplo del niño Krishna, quien no tiene apoyo del MINED.
Álex García 
vía Facebook
 
Programas especiales
Sí, el “sistema educativo” que es diseñado por el MINED, específicamente las autoridades designadas por el Ejecutivo, que nunca han tenido la visión de crear espacios o “programas especiales” para estos niños y jóvenes. (Exentos quedan los abnegados docentes, educadores que en condiciones adversas de una sociedad en crisis, dan su mejor aporte.)
Pedro Valle 
vía Facebook
 
[email protected]

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