Buzón

Séptimo Sentido les invita a que nos hagan llegar sus opiniones, críticas o sugerencias sobre cualquiera de los temas de la revista. Una selección de los correos se publicará cada semana. Las cartas, en las que deberá constar quién es el autor, podrán ser editadas o abreviadas por razones de espacio o de claridad.
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Ilusión
No deja de consternar la meticulosa crónica de Ronald Portillo del pasado domingo, en la que se desnuda el drama económico de la familia de Karla. No sorprende que este triste escenario exista, pues es un mal que viene rodando ya de tiempos, pero sí causa sinsabor y hasta indignación que no se vislumbren destellos para erosionar esa fatídica restricción económica. Cuesta descifrar por qué tanta inequidad y el enorme trecho entre la economía familiar de los que ayunan involuntariamente y la holgura con que algunos funcionarios reciben viáticos, bonos, regalos navideños, viajes, prestaciones y prebendas de toda clase, además de sus jugosas mensualidades, en algunos casos por hacer casi nada trascendental, vale mejor decirlo sin el casi. 
Aflora el anhelo en la clase trabajadora por reajustes salariales, pero hay resistencia e indiferencia al escuchar peticiones en esa dirección, y es aún más patético el caso de los que carecen de una oportunidad de empleo; pero igual, al final solo queda la ilusión de seguir viviendo. 
Julio Roberto Magaña
 
 
Indignación
Leí con interés el artículo titulado “Con $0.85 en la bolsa” y me impresionó y conmovió la dura situación que viven ellos y miles de salvadoreños más. Pero entiendo que aunque aumentaran el salario mínimo a $400 mensuales, esta familia no saldría de su situación. Por lo tanto, no es un problema de salario mínimo ni de programas asistencialistas. Sí me llama la atención que el joven Ernesto, a los 28 años, ya es padre de seis hijos con dos mujeres diferentes. Me impresiona que Karla, a los 26 años, tiene una hija de nueve, o sea que fue madre a los 17 años, luego ha tenido dos hijas más y no me extrañaría que siga teniendo más a menos que Ernesto se canse de vivir la situación en que viven y la abandone para unirse a otra chica menor de edad. Ernesto es tan poco responsable que teniendo un trabajo seguro, simplemente renuncia porque quiere trabajar con el Gobierno, donde se trabaja menos, para quedarse sin nada. Karla tiene derecho a Seguro Social para sus hijas pero no lo utiliza por una simple razón de papeleo burocrático-administrativo. Entonces, en vez de conmoverme, me indigno porque mis pobres entendederas me indican que aquí el problema es de falta de valores, de falta de educación.
Joaquín Linares
 
Sentimientos encontrados
Leer la edición del 24 de marzo me dejó sentimientos encontrados: tristeza, enojo, esperanza. Felicito a Jacinta Escudos por conocer a Monseñor Romero. Estoy seguro de que eso influyó en su vida para ser una persona con buenos valores morales. Y muy importante ha sido la publicación de la crónica de Ronald Portillo porque nos ha mostrado la realidad que viven muchas familias salvadoreñas, que subsisten con un salario mínimo y otros ingresos producto del trabajo informal y que, a pesar de los ayunos obligados, conviven en unión familiar con sueños y esperanzas para mejorar su situación económica, mientras otras familias botan comida sobrante. También me pareció excelente la fotografía de portada. Con respecto al fotorreportaje de los presidentes disparando, nos demuestra la cultura armamentista de la nación norteamericana a lo largo de su historia. 
Roberto Cristales 
 
Monseñor
Si Monseñor conociera de Karla y a sus 10 almas, sus homilías estarían cargadas de crítica al sistema y en respaldo a la “opción preferencial por los pobres”. Si Monseñor viviera hoy, el acerbo literario de sus pensamientos se convertiría en crónicas, novelas y sagas enteras de un liberador, algo así como Mandela en Sudáfrica o quizá más. Si Monseñor, nuestro Monseñor, continuara peregrinando con su pueblo, también haría uso de la red para llegar a todos los estratos de la sociedad, desde el rico hasta el pobre, pero no dudo que se opondría al cinismo de la publicidad y al robo de nuestra intimidad para usos comerciales. Y, de seguro, ante esta realidad cambiante y no muy parecida a la de los años ochenta, Monseñor no dejaría su discurso profético de anunciar y denunciar, de hacer votos de pobreza, obediencia y castidad como todo sacerdote. Sin embargo, hay algo que ningún otro ha podido lograr después de 33 años desde su martirio y es que se le venere como santo, el único santo en este infierno terrenal de 20,000 kilómetros cuadrados. El respeto a su legado, su visión y su espíritu valiente le otorgó un lugar privilegiado en el panteón de los mártires latinoamericanos que nunca mueren. Tal como lo proclamó en vida, él ha resucitado en este pueblo sufrido. Felicito a quienes no dejan morir su imagen, en especial a los alumnos del Instituto Emiliani (del cual soy exalumno) por la manifestación de hace unas semanas y a Jacinta Escudos por su conmovedora columna en referencia a sus experiencias con el San Romero de América.  
Gerardo Martínez
 
Bellos recuerdos
Con el título “Monseñor”, Jacinta Escudos esculpe la prosa más bella y oportuna para recordar al profeta salvadoreño en su 33.º aniversario martirial. Qué gratificante es su profusión de recuerdos sobre Monseñor Romero, perfilados literariamente, porque retratan la generosa entrega del pastor a la causa de los humildes y olvidados. Con tal remembranza estética contribuye al conocimiento de la figura de Monseñor y enriquece la fuente testimonial de su historia.
José Carlos Sibrián

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