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Cambios y deudas

La elección de un papa jesuita, como Jorge Bergoglio, supone un giro hacia la forma tan seria y pragmática bajo la que trabaja esta orden.
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Un papa de América. Un papa del lugar en el que residen 47 millones de católicos, de los que en buena cantidad viven en pobreza. Los sorprendidos ante tal decisión han sido muchos, pero a raíz de eso, han sido más los que han tomado la figura de Francisco con esperanza, la cantidad justa para pensar no en abruptas revoluciones, pero sí en cambios que traigan a la institución católica al lugar y al momento en el que viven sus feligreses.

Esto es lo que nos describe el artículo con el que abrimos hoy la edición. En este texto se abordan los aspectos que, en estos días, más han dado de qué hablar sobre el que hasta el miércoles pasado se desempeñó como cardenal en Buenos Aires, Argentina: Jorge Bergoglio.

Aunque sus posiciones no sean las más progresistas con respecto a los temas más polémicos, la elección de un papa jesuita supone un giro hacia la forma tan seria y pragmática bajo la que trabaja esta orden. Y así lo respaldan las primeras acciones del nuevo papa, como la de viajar en autobús junto al resto de sus hermanos cardenales incluso después de ser investido, o la de pagar el hostal en el que se quedó pese a que le insistieron en que no tenía que hacerlo. Pies sobre la tierra, un gesto que en este continente tan lleno de injustos contrastes sociales se entiende a la perfección y se pondera bien.

Hemos incluido en este número también un fotorreportaje en el que Francisco Campos nos muestra esos espacios en los que las mujeres salvadoreñas se ocupan. En la calle, o en la casa; con una pala o tras el volante de un autobús, el trabajo de las mujeres representa un 32% del PIB, de acuerdo con Naciones Unidas. Y ahí no se toman en cuenta las labores domésticas ni todo lo que implica la crianza de los hijos.

Reconocer que el aporte de las mujeres existe y cuenta es el primer paso para darle el valor que merece. Porque cuando se habla de reconocimiento, las que se quedan atrás son justamente las que más trabajan: las que hacen todo en casa y no tienen ni vacaciones, ni horario y en muchos aspectos son discriminadas. Con ellas es con las que se mantiene todavía una deuda demasiado grande.

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