Carta editorial

La rehabilitación logra que el mundo encuentre la manera de cruzar el puente de comunicación hacia los niños.
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El que está mal y quien debería ser censurado es el que rechaza. No el que busca una oportunidad para desarrollarse. El que con urgencia necesita reeducarse es el que se agarra de un listado de “habilidades” a chequear como argumento para cerrarle la puerta a cualquiera que no esté en la media, no el que a pesar de tener menos ventajas que los demás se traga los miedos y pide un cupo. Este último es el valiente. A este país, parece, no le gustan los valientes.

El autismo es un camino oscuro y solitario. Oscuro porque todavía no hay estudios que concluyan en las causas y porque todavía se siguen descubriendo características y tratamientos. El daño mayor, sin embargo, viene con la soledad. Tradicionalmente los gobiernos han dedicado cualquier cantidad de dinero a promocionar sus logros. No sale de esa cartera a la que todos abonamos ni un solo dólar para colocar carteles en los que se den a conocer las señales que pueden indicar autismo. Ni uno. La mayoría de padres de familias se describen como solitarios guerreros en el camino para buscar primero un diagnóstico y después la rehabilitación adecuada para los niños. Mientras más temprano se empiece, mejor. Se malentiende que esta rehabilitación logra que los niños con autismo comprendan el mundo y no. La rehabilitación logra que el mundo encuentre la manera de cruzar el puente de comunicación hacia los niños. Y lo que se halla al final de ese puente es niños funcionales y prácticos que llegado el momento exigen que se les den recursos suficientes para ejercer su legítimo derecho a seguir desarrollándose. En autismo no hay una cura, ni una graduación, hay trabajo constante y metas que se alcanzan poco a poco.

Esta sociedad margina sistemáticamente a quienes más debería apoyar, a quienes más necesitan comprensión y paciencia. Una sociedad que se precie de querer justicia debería exigir a sus gobernantes el respeto de las prioridades y la colocación del ser humano al centro. Si hay aquí campañas publicitarias necesarias son estas, como la de la detección temprana del autismo.

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