Carta editorial

¿Qué tipo de sanación se puede conseguir en un lugar tan enfermo, sucio en desidia?
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Los hospitales públicos son ese resumidero en el que se ve ilustrado cada error de la administración pública. Los del país son calamitosos. Pero ninguno puede decirse en peores condiciones que el hospital psiquiátrico.

Este es un centro asistencial sensible y de gran interés por donde se le mire. Está ubicado en una zona populosa, atiende a una población vulnerable, tiene un ala penitenciaria y carga con muchas de las necesidades de la unidad de salud que está ubicada al lado.

Su importancia no está en discusión. ¿Pero cuánto le importa al Estado las condiciones en las que se encuentre la población que tiene necesidad de buscar algún tipo de atención médica en este sitio?

No hay mantenimiento, ni limpieza. La chatarra se acumula por todos lados y una plaga de gatos nada entre la basura que yace en las áreas al aire libre que deberían ser utilizadas para actividades que sirvan de terapia a los pacientes que lo necesiten. ¿Qué tipo de sanación se puede conseguir en un lugar tan enfermo, sucio y en desidia?

La respuesta es: ninguna. El recorrido que el fotoperiodista Ángel Gómez hizo en el marco de una huelga no deja lugar a dudas acerca de lo mucho que le falta a este centro asistencial para alcanzar a brindar un trato digno a los usuarios.

Y la situación no es nueva, lleva así años. No se puede hablar de progreso en un país que ofrece esta clase de carencias a la población que más necesita recibir servicios de calidad. Qué tienen que exigir sino que el país en el que residen priorice su derecho a la salud, a la vida. Pero esto no ocurre. Cientos de veces al día, miles de veces al mes, este lugar se convierte en el escenario de los más terribles atropellos, en silencio.

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